Si viajas a Quingdao o cualquiera otra playa de China, quizás te encuentres con bañistas que, además de bikini, sandalias y gafas, lucen coloridos 'facekinis'. Así era al menos hace unos años (incluso en 2025), cuando esta peculiar prenda que cubre todo el rostro para protegerlo de los rayos ultravioleta ganó popularidad en plena ola de calor. En Europa la imagen de mujeres chinas con la cabeza metida en gorros de baño XL que solo dejan a la vista sus ojos y boca se interpretó como una excentricidad, una prueba más de la aversión de los asiáticos a broncearse.
En las playas de España quizás no sea habitual ver 'facekinis', pero empieza a calar una idea: cuestiones culturales aparte, chinos, japoneses y coreanos quizás no se equivocaban cuando hacían todo lo posible para protegerse del sol.
"Está muy mal visto". El 'facekini' es su demostración más evidente (y gráfica), pero conecta con un fenómeno mucho mayor: no todo el mundo valora el bronceado de la misma manera. Lo explicaba hace unos años Vincent Coëffé, de la Universidad de Angers, en un artículo publicado en The Conversation: la perspectiva de lucir un tono de piel tostado quizás suene de maravilla en California, pero la cosa es bastante distinta si hablamos con un asiático.
"La piel clara sigue siendo vista con buenos ojos en las culturas asiáticas (China, India, Japón, Corea…), hasta el punto de que exponer el cuerpo al sol se percibe como un acto subversivo", comenta Coëffé, geógrafo y experto en turismo. "En China el bronceado está muy mal visto, sobre todo si se altera el cuerpo femenino, particularmente influenciado por el ideal de piel 'lechosa'".
El bronceado se está globalizando y cada vez es más fácil encontrarse con asiáticos tomando el sol tanto en el extranjero como en las playas de sus países, pero sigue habiendo una brecha cultura importante con respecto a Occidente.
¿Por qué diablos lo hacen? Esas diferencias a la hora de exponerse al sol explican que durante décadas, en países como España, hayamos visto con una mezcla de fascinación e incomprensión a los turistas asiáticos que se pasean por la calle, en pleno verano, huyendo de los rayos ultravioleta como de la peste.
Nos llamaba la atención que, además de gorras y gafas de sol, usasen guantes, camisetas de manga larga, manguitos, prendas con protección solar y paraguas. "¿Por qué por las calles de Japón usan todos paraguas? ¿Hace mucho calor? ¿Se cuidan del sol o hace extremadamente calor?", preguntaba intrigado un viajero en agosto de 2025 en la comunidad de Facebook 'Mochileros en Japón'.
Quien esto escribe tuvo la oportunidad de viajar al Cairo hace un par de años y uno de los detalles que más le llamó la atención, además de los monumentos del Egipto Antiguo, fue ver a turistas coreanas de piel blanquísima paseándose con sombrillas y vestidos largos que les cubrían los brazos y las piernas. Nada que ver con los españoles que caminábamos bajo el sol en bermudas y camiseta.
Lección de humildad. En Benidorm, Málaga, Barcelona o cualquier otro destino de playa de España aún es muy difícil encontrarse con alguien con la cara cubierta por un 'facekini', pero es igual de innegable que algo está cambiando.
Cuesta menos encontrar gente que opta por manga larga y pendas con protección solar (incluso maguitos) en los momentos de mayor calor y, sobre todo, ya nadie se sorprende al cruzarse con gente que se cubre con paraguas. Os lo contábamos hace poco: cada vez es más habitual ver españoles que pasean a las cinco o seis de la tarde de un mes de julio paraguas en mano. También padres que, antes de ir a la playa o el río, visten a sus hijos pequeños con camisetas de protección solar.
En Xataka
Si la pregunta es cómo evitar golpes de calor en verano, en Japón tienen una respuesta cada vez más popular: pulseras térmicas
Paraguas, camisetas y algo más. Los paraguas quizás sean la demostración más clara de que estamos cambiando nuestra forma de relacionarnos con el sol, pero desde luego no es la única ni la más importante. Llega una búsqueda rápida en la hemeroteca para encontrar entrevistas con expertos empeñados en tumbar bulos y que advierten de los riesgos de tomar el sol sin protección, la amenaza de los melanomas, las quemaduras… Hablan porque hay un problema de fondo, pero el hecho de que lo hagan demuestra también una sensibilidad creciente.
No se trata de que esté cambiando nuestra percepción cultural de los cuerpos bronceados, sino de que cala el mensaje de expertos que advierten que, cuando hace 20, 30 o 40 años mirábamos con extrañeza a los asiáticos que se protegían del sol a toda costa, éramos nosotros los excéntricos. Lo 'raro' no es pasearse con sombrilla y ropa protectora un julio a las cinco de la tarde. Lo 'raro' es castigar deliberadamente nuestro cuerpo, con todos los riesgos que eso implica.
"El Sol es una radiación electromagnética que, cuando llega a nuestra piel, va a producir mutaciones en nuestro ácido nucleico, y esas mutaciones al principio pueden ser anuladas por nuestro organismo", advertía ya en 2016 el doctor Julián Conejo Mir, presidente de Honor de la Academia Española de Dermatología y Venereología. "Cualquier persona cuando va a la playa cada día desarrolla un cáncer de piel, pero nuestro sistema defensivo, si funciona, lo anula".
¿Genial, no? A medias. Quizás ya no nos extrañemos al cruzarnos con alguien que usa paraguas una tarde soleada de agosto, pero eso no significa que hayamos interiorizado lo que implica tomar el sol de forma irresponsable. Es más, incluso corremos el riesgo de confiarnos y pensar que la ropa protectora o las sombrillas son herramientas infalibles para mantenernos a salvo de melanomas.
Lo demuestra con claridad un estudio reciente de Nivea Sun que deja dos porcentajes que invitan a la reflexión: el 85% de los españoles reconoce estar preocupado por los efectos del sol en su piel, pero sin embargo una amplia mayoría (el 67%) admite también que no usa protector solar habitualmente.
Otro ejemplo claro está en las redes. Gracias a ellas los médicos pueden advertir de los riesgos de tenderse horas y horas al sol sin protección, pero X, Instagram o TikTok sirven también de altavoz para gente que comparte bulos, rumores y desinformación sin base científica que anima a desoír a los dermatólogos.
Imágenes | The Wu's Photo Land (Flickr), Emanuelle Ricciardi (Unsplash) y Quan-You Zhang (Unsplash)
En Xataka | El dermatólogo Miguel Sánchez lo tiene claro: "Gran parte del daño solar se produce en actividades diarias que pasan desapercibidas"
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La noticia
Hace 30 años nos reíamos de China y Japón por su obsesión de protegerse contra el sol. Ahora estamos siguiendo su camino
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Carlos Prego
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Hace 30 años nos reíamos de China y Japón por su obsesión de protegerse contra el sol. Ahora estamos siguiendo su camino
El bronceado no se ve igual en todos los países, pero hay una idea que gana terreno: tostarse implica riesgos
Si viajas a Quingdao o cualquiera otra playa de China, quizás te encuentres con bañistas que, además de bikini, sandalias y gafas, lucen coloridos 'facekinis'. Así era al menos hace unos años (incluso en 2025), cuando esta peculiar prenda que cubre todo el rostro para protegerlo de los rayos ultravioleta ganó popularidad en plena ola de calor. En Europa la imagen de mujeres chinas con la cabeza metida en gorros de baño XL que solo dejan a la vista sus ojos y boca se interpretó como una excentricidad, una prueba más de la aversión de los asiáticos a broncearse.
En las playas de España quizás no sea habitual ver 'facekinis', pero empieza a calar una idea: cuestiones culturales aparte, chinos, japoneses y coreanos quizás no se equivocaban cuando hacían todo lo posible para protegerse del sol.
"Está muy mal visto". El 'facekini' es su demostración más evidente (y gráfica), pero conecta con un fenómeno mucho mayor: no todo el mundo valora el bronceado de la misma manera. Lo explicaba hace unos años Vincent Coëffé, de la Universidad de Angers, en un artículo publicado en The Conversation: la perspectiva de lucir un tono de piel tostado quizás suene de maravilla en California, pero la cosa es bastante distinta si hablamos con un asiático.
"La piel clara sigue siendo vista con buenos ojos en las culturas asiáticas (China, India, Japón, Corea…), hasta el punto de que exponer el cuerpo al sol se percibe como un acto subversivo", comenta Coëffé, geógrafo y experto en turismo. "En China el bronceado está muy mal visto, sobre todo si se altera el cuerpo femenino, particularmente influenciado por el ideal de piel 'lechosa'".
El bronceado se está globalizando y cada vez es más fácil encontrarse con asiáticos tomando el sol tanto en el extranjero como en las playas de sus países, pero sigue habiendo una brecha cultura importante con respecto a Occidente.
¿Por qué diablos lo hacen? Esas diferencias a la hora de exponerse al sol explican que durante décadas, en países como España, hayamos visto con una mezcla de fascinación e incomprensión a los turistas asiáticos que se pasean por la calle, en pleno verano, huyendo de los rayos ultravioleta como de la peste.
Nos llamaba la atención que, además de gorras y gafas de sol, usasen guantes, camisetas de manga larga, manguitos, prendas con protección solar y paraguas. "¿Por qué por las calles de Japón usan todos paraguas? ¿Hace mucho calor? ¿Se cuidan del sol o hace extremadamente calor?", preguntaba intrigado un viajero en agosto de 2025 en la comunidad de Facebook 'Mochileros en Japón'.
Quien esto escribe tuvo la oportunidad de viajar al Cairo hace un par de años y uno de los detalles que más le llamó la atención, además de los monumentos del Egipto Antiguo, fue ver a turistas coreanas de piel blanquísima paseándose con sombrillas y vestidos largos que les cubrían los brazos y las piernas. Nada que ver con los españoles que caminábamos bajo el sol en bermudas y camiseta.
Lección de humildad. En Benidorm, Málaga, Barcelona o cualquier otro destino de playa de España aún es muy difícil encontrarse con alguien con la cara cubierta por un 'facekini', pero es igual de innegable que algo está cambiando.
Cuesta menos encontrar gente que opta por manga larga y pendas con protección solar (incluso maguitos) en los momentos de mayor calor y, sobre todo, ya nadie se sorprende al cruzarse con gente que se cubre con paraguas. Os lo contábamos hace poco: cada vez es más habitual ver españoles que pasean a las cinco o seis de la tarde de un mes de julio paraguas en mano. También padres que, antes de ir a la playa o el río, visten a sus hijos pequeños con camisetas de protección solar.
Paraguas, camisetas y algo más. Los paraguas quizás sean la demostración más clara de que estamos cambiando nuestra forma de relacionarnos con el sol, pero desde luego no es la única ni la más importante. Llega una búsqueda rápida en la hemeroteca para encontrar entrevistas con expertos empeñados en tumbar bulos y que advierten de los riesgos de tomar el sol sin protección, la amenaza de los melanomas, las quemaduras… Hablan porque hay un problema de fondo, pero el hecho de que lo hagan demuestra también una sensibilidad creciente.
No se trata de que esté cambiando nuestra percepción cultural de los cuerpos bronceados, sino de que cala el mensaje de expertos que advierten que, cuando hace 20, 30 o 40 años mirábamos con extrañeza a los asiáticos que se protegían del sol a toda costa, éramos nosotros los excéntricos. Lo 'raro' no es pasearse con sombrilla y ropa protectora un julio a las cinco de la tarde. Lo 'raro' es castigar deliberadamente nuestro cuerpo, con todos los riesgos que eso implica.
"El Sol es una radiación electromagnética que, cuando llega a nuestra piel, va a producir mutaciones en nuestro ácido nucleico, y esas mutaciones al principio pueden ser anuladas por nuestro organismo", advertía ya en 2016 el doctor Julián Conejo Mir, presidente de Honor de la Academia Española de Dermatología y Venereología. "Cualquier persona cuando va a la playa cada día desarrolla un cáncer de piel, pero nuestro sistema defensivo, si funciona, lo anula".
¿Genial, no? A medias. Quizás ya no nos extrañemos al cruzarnos con alguien que usa paraguas una tarde soleada de agosto, pero eso no significa que hayamos interiorizado lo que implica tomar el sol de forma irresponsable. Es más, incluso corremos el riesgo de confiarnos y pensar que la ropa protectora o las sombrillas son herramientas infalibles para mantenernos a salvo de melanomas.
Lo demuestra con claridad un estudio reciente de Nivea Sun que deja dos porcentajes que invitan a la reflexión: el 85% de los españoles reconoce estar preocupado por los efectos del sol en su piel, pero sin embargo una amplia mayoría (el 67%) admite también que no usa protector solar habitualmente.
Otro ejemplo claro está en las redes. Gracias a ellas los médicos pueden advertir de los riesgos de tenderse horas y horas al sol sin protección, pero X, Instagram o TikTok sirven también de altavoz para gente que comparte bulos, rumores y desinformación sin base científica que anima a desoír a los dermatólogos.