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Hace 90 años los nazis levantaron un "megahotel" de 4,5 km para 20.000 huéspedes. Acabó convertido en una ruina sin un solo turista

Hace 90 años los nazis levantaron un "megahotel" de 4,5 km para 20.000 huéspedes. Acabó convertido en una ruina sin un solo turista
Artículo Completo 962 palabras
No importa cómo de ambiciosos sean, lo mucho que se trabaje en ellos o la cantidad de dinero que se les dedique, hay planes que nacen condenados al fracaso. Uno de los ejemplos más claros lo encontramos en Rügen, una isla del Báltico. Hace casi un siglo Adolf Hitler quiso construir allí un titánico complejo vacacional con capacidad para 20.000 visitantes. Entre 1936 y 1939 un ejército de obreros se dedicó a darle forma, levantando una cadena de bloques que debían extenderse a lo largo de 4,5 km de costa. El problema es que ningún alemán de los años 40, 50 o las décadas siguientes llegó a pasar allí sus vacaciones. La guerra truncó el sueño del bautizado como "Coloso de Prora", condenándolo a la ruina y el uso miliar. Solo en los últimos años ha logrado captar visitantes. El dato: 20.000 turistas. Aunque es la isla más grande de Alemania, Rügen tiene una población discreta, de poco más de 60.000 personas. En la década de 1930 las autoridades nazis decidieron sin embargo que esta ínsula del Báltico era el lugar idóneo para construir un resort para decenas de miles de personas, una ciudad de vacaciones formada por bloques de hormigón de estilo sobrio, muy alejados de la arquitectura que había triunfado en la República de Weimar.  Su objetivo: sumar unas 10.000 habitaciones para 20.000 visitantes. El balneario de Adolf Hitler. La idea era tan simple sobre el papel como descomunal en la práctica. Lo que ordenó levantar Hitler fue un descomunal balneario formado por ocho bloques de seis plantas repartidos a lo largo de 4,5 km de una de las mejores playas de Alemania, todo con el propósito de crear el hotel más grande del mundo. El artífice de los planos fue el arquitecto Clements Klotz, que trazó también diseños de escuelas e infraestructuras para los nazis.  Para Rügen, propuso construir 10.000 cuartos dobles con vistas al Báltico, pero tan angostos que obligasen a sus inquilinos a salir a las salas comunes. Más allá de los planos. Durante un tiempo el sueño vacacional de Hitler avanzó viento en popa. El 'Coloso de Prora' tomó forma gracias a los trabajos desarrollados justo antes de la guerra, entre 1936 y 1939, con una inversión que algunas estimaciones equiparan a más de 1.000 millones de dólares actuales.  Que el mamotreto de Rügen avanzase tan rápido tiene en realidad poco de misterioso. Las autoridades nazis lo sacaron adelanta con el impulso del Kraft durch Freude (KdF), una organización del Frente Alemán del Trabajo que servía a los fines propagandísticos nazis. De telón de fondo, el "volksgemeinschfat", el ideal de orden social armonioso que defendía el Gobierno de Hitler. Pero llegó la guerra. Aunque los bloques de hormigón no tardaron en recortarse sobre el paisaje de Rügen, Hitler, Klotz y el resto de impulsores del Coloso de Prora tuvieron que quedarse con las ganas de verlo llenos de turistas del KdF. El estallido de la Segunda Guerra Mundial en el verano de 1939 truncó los planes del megacomplejo hotelero, que acabó reinventándose para servir a las necesidades de una época más propicia para las batallas que los resorts. Las obras se frenaron y los edificios que ya se habían levantado se aprovecharon para fines militares. De hecho fueron pasando por diferentes manos: el régimen nazi, la Alemania Oriental Comunista y finalmente la Alemania unificada.  Se cuenta que las estructuras destinadas a ofrecer descanso a los turistas alemanes del KdF acabaron aprovechándose como campo de entrenamiento, primero para la policía militar nazi y más tarde de la RDA. También que acogió a refugiados que, entre los años 1944 y 1945, huían del avance de los soviéticos. ¿Y cómo está ahora? Aunque el Coloso no llegó a cumplir el fin para que lo planificó el régimen nazi, el paso del tiempo ha logrado recuperarlo en parte. En los años 90 el complejo fue declarado Patrimonio Nacional y se abrió un debate sobre qué hacer con él, una megaconstrucción demasiado grande para ignorarla (o demolerla) y cuyos orígenes remitían a una época de infausto recuerdo.  "El componente nazionalsocialista asociado al lugar tenía que desaparecer", explicaba hace años Ulrich Busch, uno de los promotores que decidió apostar por Rügen. Al menos en 2018 era uno de los nombres detrás de Prora Solitaire, que recuperó parte del complejo. Su alojamiento pude consultarse en Booking. No es el único proyecto que ha intentado recuperar el viejo complejo nazi de la ruina. "Cuando se oye el nombre de Prora, lo primero que viene a la mente es el enorme complejo de edificios que se erigió en la playa antes de la Segunda Guerra Mundial. El bloque de hormigón se ha convertido ahora en complejos turísticos y museos, y la zona circundante, que antaño fue utilizada por el ejército, ha sido recuperada por la naturaleza poco a poco", reivindica Entdecke Deustchland.  Nueva vida para una enorme construcción de historia turbulenta. Imágenes | Christoph Stark (Flickr) y Wikipedia 1 y 2 En Xataka | Villa Baviera y Colonia Dignidad: la sórdida historia del retiro dorado de los nazis en el interior de Chile - La noticia Hace 90 años los nazis levantaron un "megahotel" de 4,5 km para 20.000 huéspedes. Acabó convertido en una ruina sin un solo turista fue publicada originalmente en Xataka por Carlos Prego .
Hace 90 años los nazis levantaron un "megahotel" de 4,5 km para 20.000 huéspedes. Acabó convertido en una ruina sin un solo turista

El "Coloso de Prora" fue el gran sueño vacacional de Hitler, uno que la guerra cortó de cuajo en 1939

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Carlos Prego

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No importa cómo de ambiciosos sean, lo mucho que se trabaje en ellos o la cantidad de dinero que se les dedique, hay planes que nacen condenados al fracaso. Uno de los ejemplos más claros lo encontramos en Rügen, una isla del Báltico. Hace casi un siglo Adolf Hitler quiso construir allí un titánico complejo vacacional con capacidad para 20.000 visitantes. Entre 1936 y 1939 un ejército de obreros se dedicó a darle forma, levantando una cadena de bloques que debían extenderse a lo largo de 4,5 km de costa. El problema es que ningún alemán de los años 40, 50 o las décadas siguientes llegó a pasar allí sus vacaciones.

La guerra truncó el sueño del bautizado como "Coloso de Prora", condenándolo a la ruina y el uso miliar. Solo en los últimos años ha logrado captar visitantes.

El dato: 20.000 turistas. Aunque es la isla más grande de Alemania, Rügen tiene una población discreta, de poco más de 60.000 personas. En la década de 1930 las autoridades nazis decidieron sin embargo que esta ínsula del Báltico era el lugar idóneo para construir un resort para decenas de miles de personas, una ciudad de vacaciones formada por bloques de hormigón de estilo sobrio, muy alejados de la arquitectura que había triunfado en la República de Weimar. 

Su objetivo: sumar unas 10.000 habitaciones para 20.000 visitantes.

El balneario de Adolf Hitler. La idea era tan simple sobre el papel como descomunal en la práctica. Lo que ordenó levantar Hitler fue un descomunal balneario formado por ocho bloques de seis plantas repartidos a lo largo de 4,5 km de una de las mejores playas de Alemania, todo con el propósito de crear el hotel más grande del mundo. El artífice de los planos fue el arquitecto Clements Klotz, que trazó también diseños de escuelas e infraestructuras para los nazis. 

Para Rügen, propuso construir 10.000 cuartos dobles con vistas al Báltico, pero tan angostos que obligasen a sus inquilinos a salir a las salas comunes.

Más allá de los planos. Durante un tiempo el sueño vacacional de Hitler avanzó viento en popa. El 'Coloso de Prora' tomó forma gracias a los trabajos desarrollados justo antes de la guerra, entre 1936 y 1939, con una inversión que algunas estimaciones equiparan a más de 1.000 millones de dólares actuales. 

Que el mamotreto de Rügen avanzase tan rápido tiene en realidad poco de misterioso. Las autoridades nazis lo sacaron adelanta con el impulso del Kraft durch Freude (KdF), una organización del Frente Alemán del Trabajo que servía a los fines propagandísticos nazis. De telón de fondo, el "volksgemeinschfat", el ideal de orden social armonioso que defendía el Gobierno de Hitler.

Pero llegó la guerra. Aunque los bloques de hormigón no tardaron en recortarse sobre el paisaje de Rügen, Hitler, Klotz y el resto de impulsores del Coloso de Prora tuvieron que quedarse con las ganas de verlo llenos de turistas del KdF. El estallido de la Segunda Guerra Mundial en el verano de 1939 truncó los planes del megacomplejo hotelero, que acabó reinventándose para servir a las necesidades de una época más propicia para las batallas que los resorts.

Las obras se frenaron y los edificios que ya se habían levantado se aprovecharon para fines militares. De hecho fueron pasando por diferentes manos: el régimen nazi, la Alemania Oriental Comunista y finalmente la Alemania unificada. 

Se cuenta que las estructuras destinadas a ofrecer descanso a los turistas alemanes del KdF acabaron aprovechándose como campo de entrenamiento, primero para la policía militar nazi y más tarde de la RDA. También que acogió a refugiados que, entre los años 1944 y 1945, huían del avance de los soviéticos.

¿Y cómo está ahora? Aunque el Coloso no llegó a cumplir el fin para que lo planificó el régimen nazi, el paso del tiempo ha logrado recuperarlo en parte. En los años 90 el complejo fue declarado Patrimonio Nacional y se abrió un debate sobre qué hacer con él, una megaconstrucción demasiado grande para ignorarla (o demolerla) y cuyos orígenes remitían a una época de infausto recuerdo. 

"El componente nazionalsocialista asociado al lugar tenía que desaparecer", explicaba hace años Ulrich Busch, uno de los promotores que decidió apostar por Rügen. Al menos en 2018 era uno de los nombres detrás de Prora Solitaire, que recuperó parte del complejo. Su alojamiento pude consultarse en Booking.

No es el único proyecto que ha intentado recuperar el viejo complejo nazi de la ruina. "Cuando se oye el nombre de Prora, lo primero que viene a la mente es el enorme complejo de edificios que se erigió en la playa antes de la Segunda Guerra Mundial. El bloque de hormigón se ha convertido ahora en complejos turísticos y museos, y la zona circundante, que antaño fue utilizada por el ejército, ha sido recuperada por la naturaleza poco a poco", reivindica Entdecke Deustchland. 

Nueva vida para una enorme construcción de historia turbulenta.

Imágenes | Christoph Stark (Flickr) y Wikipedia 1 y 2

En Xataka | Villa Baviera y Colonia Dignidad: la sórdida historia del retiro dorado de los nazis en el interior de Chile

Fuente original: Leer en Xataka
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