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«Hay gente que solo llama una vez al año... para pedir entradas»

«Hay gente que solo llama una vez al año... para pedir entradas»
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Leo Mérida, director de Brisa Festival

La Granizada

«Hay gente que solo llama una vez al año... para pedir entradas»

Leo Mérida, director de Brisa Festival

Regala esta noticia Añádenos en Google Mérida, en la redacción de SUR. (Salvador Salas)

Alberto Gómez

22/07/2026 a las 23:42h.

Apenas unas horas antes de que Brisa Festival vuelva a abrir sus puertas, Leo Mérida, su director, habla de todo lo que el público nunca ... llega a ver: cientos de llamadas, decisiones de última hora y un engranaje que empieza a funcionar mucho antes del primer concierto. El también cofundador de Doctor Watson, promotora del festival, repasa la evolución de un proyecto que se ha convertido ya en un clásico del verano malagueño.

–Muy bien. El equipo está engrasado y esa es la clave para que todo salga adelante.

–¿Cuántas llamadas puede recibir en un día de festival?

–Muchísimas. Diría que cientos. De repente llama gente que nunca te llama para pedir una entrada o una gestión, pero intento filtrar y atender solo lo urgente: instituciones, medios de comunicación, cuestiones operativas... Si no priorizas, es imposible.

–¿Qué momento de un festival nadie ve y, sin embargo, es especialmente estresante?

–Los horarios de los artistas. Cada banda cree que merece una franja determinada y a veces cuesta mucho llegar a un acuerdo con sus oficinas. Este año ha sido tranquilo, pero hemos tenido ediciones en las que ha habido auténticas peleas.

–¿Y alguna vez ha dicho «Por aquí no paso»?

–Con los artistas intentamos ser siempre empáticos. Donde sí somos inflexibles es con las entradas.

–¿Y qué pasa cuando llama el primo del primo?

–Normalmente le digo que no puedo.

–¿Cuál ha sido la petición más extravagante que les ha hecho un artista?

–Hace unos años nos pidieron pescaíto frito y espetos a las dos de la mañana. Querían boquerones, calamaritos... Estamos en Málaga, pero a esa hora…

–¿A cuántos conciertos va al año?

–Muchísimos. Entre 200 y 300, seguro. Están todos los de Brisa, pero también festivales, salas y conciertos muy pequeños.

–¿Y no le tiran de las orejas en casa?

–Claro. Por eso cada vez intento compartir más todo esto con mi familia. A mi mujer le encanta la música. También a mi hija; el otro día estuvimos viendo a Jennie, de Blackpink, y se pasó el concierto llorando de la emoción, apoyada en mi hombro. Fue impresionante. Tiene nueve años pero una cultura musical increíble.

–¿Recuerda el momento en que pensó: «Aquí puede haber un festival en Málaga»?

–Perfectamente. Siempre digo que Brisa se lo debemos a Gonzalo, una persona que, por desgracia, ya no está con nosotros. Él nos presentó a mi socio Agustín, a Marco y a mí, y ahí empezamos a imaginar que era posible construir un festival en Málaga. Hablamos de 2017 o 2018. Después se incorporó Mario García, que creyó en el proyecto desde el principio, y entre los cuatro conseguimos sacar adelante una primera edición prevista para 2020 que la pandemia nos obligó a cancelar.

–La pandemia tuvo que ser un golpe durísimo.

–Lo fue. Pero, paradójicamente, aquella situación también nos hizo mejores. Reforzó la dimensión social del festival y el apoyo a los artistas locales. Esa filosofía sigue creciendo.

«Los cachés de los artistas están disparados. Y tiene que haber un límite»

–¿De qué se siente más orgulloso de todo lo que rodea a Brisa?

–De la evolución del proyecto. Hemos ido tomando las decisiones adecuadas para crecer de forma sostenida. Parece una obviedad, pero elegir cuándo cambiar de recinto, cómo organizar la producción o cómo hacer que el público disfrute es fundamental. También me enorgullece el corazón del festival: la parte social, el apoyo a las bandas locales y el equipo. Ver crecer profesionalmente a la gente que trabaja contigo y sentir que has contribuido a ello es muy gratificante.

–¿Cuál ha sido el momento más emocionante que ha vivido en Brisa?

–Ha habido muchos. El concierto de El Kanka en el colegio de Los Asperones fue muy especial. También cuando vimos la plaza de toros llena con el 40 aniversario de Danza Invisible. Fue como decir: «Lo hemos conseguido». Aquel año competíamos con festivales muy potentes y apenas podíamos acceder a grandes cabezas de cartel. Apostar por Danza Invisible y convertirlo en el gran reclamo nos dio mucha confianza como promotores. Y luego recuerdo el primer día que vimos el recinto del Puerto completamente montado y funcionando.

–¿Brisa ha sobrevivido al pinchazo de la burbuja de los festivales?

–Cualquier empresa que se monte sin planificación está condenada a tener problemas. No solo en la música. Algunos proyectos que han desaparecido no estaban bien planificados: ni por cartel, ni por tiempos, ni por modelo de negocio.

–¿Les dolió ver grandes ayudas públicas destinadas a festivales que luego desaparecieron?

–Sí, claro. Sobre todo cuando eran proyectos que no estaban impulsados por promotores andaluces. Nosotros siempre hemos defendido que las administraciones apoyen a las empresas de aquí, porque en Andalucía hay profesionales perfectamente capacitados para sacar adelante grandes festivales. Dicho eso, nosotros estamos muy agradecidos al Ayuntamiento, la Diputación y la Junta. Han creído en Brisa desde el principio.

–¿Brisa es el proyecto de su vida?

–El proyecto de mi vida es mi familia. Y, profesionalmente, Brisa seguramente sea el más visible. Pero sin Doctor Watson no existiría. Doctor Watson sostiene el festival durante todo el año con los equipos de comunicación, diseño y dirección.

–¿A qué artista internacional le gustaría traer algún día?

–Soy muy fan de Depeche Mode, The Killers, Editors, Pet Shop Boys o Lenny Kravitz. También de U2 o Madonna, pero Lenny tiene algo especial sobre el escenario.

–¿Y a nivel nacional?

–Hemos conseguido traer a buena parte de las grandes bandas del panorama indie, pero me haría muchísima ilusión contar con artistas como Manolo García, Estopa, Amaral o Dani Martín. Nosotros no queremos encasillarnos como un festival exclusivamente indie. Si mañana pudiéramos hacer un cartel con Estopa o Raphael, lo haríamos. Lo importante es la calidad del cartel, no la etiqueta.

–Muchos promotores hablan del incremento de los cachés.

–Es una realidad. Las entradas se venden peor que hace unos años, pero los cachés siguen subiendo. Intentamos trasladar a las oficinas que tiene que haber un límite. Porque, al final, ¿qué ocurre? Que los promotores recortamos donde tenemos menos capacidad de negociación: en las bandas pequeñas. Y eso termina perjudicando a la música. Un festival no vive solo de dos cabezas de cartel; necesita artistas emergentes y una zona media fuerte. Si ellos no pueden crecer, el ecosistema se resiente.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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