Enrique Arnaldo | Magistrado del Constitucional
«Hay que estar prevenidos: el deporte a veces saca lo peor del ser humano»«Me preocupa la entrada de grandes fondos de inversión para controlar los clubes y que se acabe instaurando un régimen oligopólico», alerta el escritor
Regala esta noticia Añádenos en Google Arnaldo posa con su libro durante un momento de la entrevista. (José Ramón Ladra) 28/06/2026 a las 00:14h.Enrique Arnaldo Alcubilla (Madrid, 1957) nos recibe en su despacho del Tribunal Constitucional, donde ejerce como magistrado, a propuesta del Congreso, desde 2021. Tras el ... intercambio de saludos, lo primero que hace este jurista de reconocido prestigio, letrado de las Cortes Generales y catedrático en la Universidad Rey Juan Carlos, es quitarse la corbata. «Para los temas jurídicos tengo que llevarla, pero para hablar de deporte me la quito», explica, riéndose. Arnaldo Alcubilla ha publicado en la editorial Espasa el libro 'El deporte en la literatura', una obra imprescindible y de un valor documental extraordinario. Solo la bibliografía ocupa 25 páginas y en ella se citan hasta 500 libros. Han sido seis años de trabajo intenso que este madrileño de Chamberí, cercano y cordial, hincha del Real Madrid, ha podido compatibilizar con su trabajo en el más alto tribunal del país. «En la presentación estuvo el presidente, Cándido Conde-Pumpido, y ya dejé claro que el libro no me había quitado tiempo para las sentencias ni para los votos particulares», vuelve a reírse.
- Ja, ja. Me asusté un poco al principio porque eran tesis doctorales y pensé que habían agotado la materia. Pero luego vi que tenían un enfoque muy distinto al mío, más lingüístico. Y yo lo que quería era acumular lecturas para analizar el deporte como hecho literario.
- ¿Cómo ha podido organizarse para compaginarlo con su trabajo? Porque usted, aparte de magistrado del Constitucional y catedrático de universidad, es un hombre muy ocupado. Sólo hace falta ver su currículum: consultor internacional en Bolivia, Panamá y República Dominicana, observador internacional de las elecciones en México, Rusia y Colombia, formó parte del Tribunal de los Derechos Humanos de Estrasburgo, ha trabajo muchos años en el Congreso como letrado... Vamos, que no para.
- Bueno, lo que he hecho es dedicarle una buena parte de mi tiempo libre. Pero sin ningún horario fijo. Yo, además, soy muy desordenado. Pero tenía la ventaja de que no tenía prisa, de que podía hacerlo a mi ritmo porque no vivo de esto.
La competición
«El juego existe desde que el hombre es hombre, y siempre ha competido contra otro o contra sí mismo»
- Vayamos al principio del libro, a una cita de Walter Umminger en la que dice que la competición es más antigua que la propia cultura. Eso viene a decir que el hombre es competitivo por naturaleza.
- Desde luego. En el libro 'Sapiens' de Harari ya se nos dice que el juego existe desde que el hombre es hombre, y que siempre ha competido contra otro o contra sí mismo.
- Luego llegó el desarrollo de las propias competiciones y ahí habla usted de que todos los pueblos y todas las razas han atribuido a la pelota fuerzas misteriosas. ¿Por qué?
- Hay una frase de Juan Villoro que habla de que la tierra es redonda, de que todo en la vida gira alrededor de algo redondo, de ahí que lo de la pelota tenga todo el sentido. Lo único que ha cambiado desde hace siglos es la forma de hacer la pelota.
- El juego más antiguo del que se tiene constatación es el tachtli. Lo jugaban los olmecas 1.800 antes de Cristo.
- Con pelotas de caucho, que ellos tenían en sus tierras. Eran una raza muy sangrienta y utilizaban los juegos para hacer ofrendas a los dioses.
- Por cierto, y siguiendo con esta cuestión. También en México, en la época de Hernán Cortés, cita usted un juego de pelota que me dejó desconcertado. Resulta que le cortaban la cabeza al que ganaba, no al perdedor.
- Sí, sí. En aquel mundo prehispánico podían pensar que el ganador merecía estar más cerca de Dios y le entregan su cuerpo.
- Vayamos al fútbol, el deporte de pelota por excelencia. Lo cierto es que, desde un primer momento y durante bastante años, no estuvo muy bien visto que se diga entre los intelectuales. Rudyard Kipling se burló de él «y de las almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan». Y en el libro recuerda que Borges dictó una conferencia sobre la inmortalidad el mismo día y a la misma hora que Argentina debutaba en el Mundial de 1978. ¿A qué se debió ese desprecio de los intelectuales o al menos esa reticencia?
- Creo que, en un primer momento, hay un cierto postureo, sobre todo de un cierto sector intelectual tradicional de la izquierda. A medida que se va popularizando, consideran el deporte un mecanismo adormecedor de las conciencias.
Educación
«El deporte es una escuela de valores morales. Por eso queremos que nuestros hijos se formen en él»
- En España, uno de los que se pronunció en un tono alarmista cuando el fútbol empezaba a ser una pasión popular fue Ortega y Gasset. «Está bien una dosis de fútbol, pero ya tanto es intolerable», dijo en 1932. ¿Qué diría ahora?
- Ja, ja. En cualquier caso, ahora todo ha cambiado. En España tuvieron un papel muy importante en el cambio de percepción del fútbol Vázquez Montalbán y Javier Marías, uno del Barcelona y otro del Madrid. Y lo cierto es que, hoy por hoy, son muchos los escritores a los que identificamos con un deporte. A Leonardo Padura con el béisbol, por ejemplo. Y es lógico. Es que tú no puedes entender lo que son Argentina, Uruguay, Brasil o España, por poner un ejemplo, sin el fútbol. O no puedes entender el alma de Norteamérica sin el deporte.
- En este sentido, es muy bonito lo que escribe Gay Talese en 'El silencio del héroe' a propósito del béisbol y de su encaje perfecto en el alma de los estadounidenses. El concepto del home, del hogar. «En el béisbol tenemos un hombre que comienza en el hogar, intenta salir y sólo puede regresar si ha tenido éxito». Todo un retrato de un país de emigrantes.
- Efectivamente.
- Vayamos a un tema más delicado, el de la violencia en el deporte. Al fútbol se le ha descrito como una guerra por otros medios. Es famosa la calificación del Barça como el ejército desarmado de Catalunya que hizo Vázquez Montalbán. En su libro cita varias veces a Eduardo Galeano, a su clásico 'El fútbol a sol y sombra', en el que habla de este deporte como «ritual sublimación de la guerra, once hombres de pantalón corto son la espada del barrio, la ciudad o la Nación».
- También Ferlosio tiene una visión del fútbol como exacerbación de la violencia por la necesidad de aplastar e imponerse al otro, que sería el enemigo. Pero yo creo que es una forma degradante de ver el deporte. Es verdad que el fútbol ha llegado a expresar y provocar episodios violentos. Tenemos el caso de Heysel, la guerra entre Salvador y Honduras, también entre Egipto y Túnez... El deporte provoca movimientos de masas. La política ya no es movilizadora, lo es mucho más el deporte, y hay que estar prevenidos porque a veces saca lo peor del ser humano. Pero no podemos reducirlo a eso porque muchas otras veces saca lo mejor.
La paz
«Me gustaría que perdure la idea griega y que el deporte quede al margen de la política»
- Vinculado al tema de la violencia. En el libro cuenta cómo Vera Brittain, en su libro 'Testamento de juventud', recuerda que durante la Primera Guerra Mundial se apuntó al equipo de tenis de Sommerville. Y cuando sucedió el desastre del Lusitania, el hundimiento de un trasatlántico británico por un submarino alemán que dejó 1998 muertos, dijo que jugar al tenis en ese momento era como cuando Nerón tocaba la lira mientras ardía Roma. En este momento podríamos decir lo mismo, pero el balón sigue rodando. Es más, tenemos un Mundial, a Irán clasificada para jugarlo, a Trump recibiendo el premio de la paz de la FIFA....
- Bueno, también podemos pensar que los Juegos Olímpicos eran el momento de la paz. El deporte significaba la paz. Me gustaría que perdure la idea griega y que el deporte quede al margen de la política.
Profesionalismo
- Por cierto, usted formó parte de los comités de Competición y Apelación de la Federación Española de Fútbol, y también del Tribunal Administrativo del Deporte. Vamos, que le tocó juzgar acciones violentas de los jugadores y aplicarles sanciones. ¿Cómo fue esa experiencia?
- Estuvo muy bien.
- La verdad es que no estaban muy bien vistos.
- Ja, ja. Éramos noticia, sí. Ahora los comités pasan más desapercibidos.
- ¿A qué se debe?
- A que en mi época el reglamento y los códigos disciplinarios eran más abiertos, permitían más margen de interpretación. Ahora las normas se han ido cerrando hasta llegar a un automatismo. El margen de interpretaciones mínimo.
- ¿Recuerda algún caso que fuera especialmente relevante y polémico y le tocase juzgar?
- Bueno, se habló mucho de la sanción de ocho partidos a Pepe por los pisotones a Casquero.
- Siendo usted madridista lo pasaría mal.
- Ja, ja. No, qué va. Había que cumplir el reglamento.
- Cambiando de tema y volviendo a otro que trata en su obra. ¿Cree que el profesionalismo ha pervertido los valores del deporte?
- El profesionalismo es consecuencia del desarrollo extraordinario que tuvo el fútbol. Nace en los 'colleges', como un deporte de caballeros, pero luego empiezan a jugarlo los obreros de las fábricas, se va universalizando, cada vez provoca más interés, y los futbolistas tienen que dejar de hacer otras cosas para prepararse mejor. Es un proceso normal. Otra cosa es que en la vida contemporánea el dios o el tótem al que se adora sea el dinero. Eso sí puede pervertir algunos valores. Esto ya lo advirtieron muchas personas, entre ellas Unamuno, por ejemplo. A mí, en cualquier caso, lo que me causa más desazón y me preocupa es ver la entrada de grandes fondos de inversión para controlar los clubes y que se acabe instaurando un régimen oligopólico en el deporte mundial.
- En 'El deporte en la literatura' habla también de los casos en los que el deporte ofrece ejemplos de gran estatura moral, de verdadera categoría humana. Zatopek es uno de ellos. Cuando el Ejército soviético invadió Praga en 1978 le dieron a elegir si unirse a ellos y convertirse en embajador deportivo del país o pasarse el resto de su vida limpiando retretes en una mina de uranio. Y eligió los retretes.
- Zatopek es el gran héroe checo, el primer y único campeón olímpico de 5.000. 10.000 y maratón. Jean Echenoz le dedicó un libro magnífico. Mantuvo la dignidad toda su vida. Hay otro libro que recomiendo, el de Lola Lafont, sobre Nadia Comaneci. Se titula 'La pequeña comunista que no sonreía nunca'. En España hay un gran escritor, Ignacio Martínez de Pisón, que ha heredado y resumido la idea de Camus, la del deporte como escuela de valores morales.
- Una idea que usted suscribe.
- Sin duda. El deporte es una escuela de valores morales. Por eso queremos que nuestros hijos se formen en el deporte, porque sabemos que les ayuda a educarse en valores como el sacrificio, el afán de superación , la solidaridad, la disciplina, la comunicación..
- Y hasta la reflexión. Usted cita la obra de Murakami, 'De lo que hablo cuando hablo de correr', en el que el gran escritor japonés dice que correr le ayuda sobre todo a pensar.
- Murakami hasta hizo un maratón en Grecia en plena calima. Efectivamente, dice que correr le ayuda a reflexionar y luego a concentrarse en la escritura.
- Para terminar, un favor: recomiende a los lectores de este periódico tres libros sobre deporte.
- Bueno, hay muchos. No sé... Te diría 'El Giro de Italia' de Dino Buzzati, periodista de 'Il Corriere della Sera', que cuenta la rivalidad entre Bartali y Coppi. 'El combate' de Norman Mailer. Y luego uno más desconocido, que es la sublimación de lo humilde, 'Cómo llegamos a la final de Wembley', de J.L. Carr.
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