El mapa de los centros de datos del mundo evidencia que no existe un internet descentralizado y que están proliferando como setas. De hecho, el planeta Tierra se ha quedado corto y las big tech ya tienen la mirada puesta en el cielo para plantar un centro de datos en el espacio por cuestiones como la demanda energética, el impacto ambiental y, por qué no decirlo, para esquivar la regulación.
La "panacea" del espacio. Frente a la amenaza de un consumo energético similar al de Japón en 2030, según datos de la Agencia Internacional de la Energía o la brutal densidad del "Data center Alley" en Loudon, en el norte de Virginia, con cerca de 250 instalaciones operativas, el espacio vislumbra posibilidades de contar con satélites dotados de paneles solares que capten la energía directamente del sol, la disipación térmica en el espacio y la ausencia de limitaciones de terreno.
Ya queda menos. Para que sea viable falta al menos una década, como estima el profesor investigador de la Universidad de Florida Central y antiguo miembro de la NASA Phil Metzger. Sin embargo, una cosa es que económicamente salgan las cuentas y otra que tecnológicamente haya que esperar tanto.
Según Josep Jornet, profesor de ingeniería informática y eléctrica en la Universidad Northeastern e investigador de satélites, en apenas un par de años empezaremos a ver pruebas. Y lo tiene claro: el espacio es la próxima frontera a conquistar: "Hubo una fiebre del oro en el Oeste. Ahora hay una carrera espacial y todo el mundo quiere colocar su tecnología en el espacio".
Dinero a espuertas. El científico catalán tiene claro que las empresas tienen incentivos para moverse con rapidez e invertir para ponerse en cabeza para dominar la carrera de la IA en general y del espacio en particular: "Todo el mundo quiere decir que tiene la primera plataforma que alcanza este hito (...)Así que las empresas están gastando dinero como si no hubiera un mañana".
No obstante, Google, SpaceX y Blue Origin ya están trabajando en desarrollar tecnologías para tal fin y no son las únicas:
SpaceX. A finales de año el Wall Street Journal destapaba el plan de la empresa de Elon Musk para materializar los centros de datos en el espacio. Su CEO explicó en un tuit cómo lo haría: "Bastará con escalar los satélites Starlink V3, que tienen enlaces láser de alta velocidad". Más concretamente, están trabajando en modificar y mejorar sus cohetes para hacerlos capaces de alojar cargas de computación para la IA.Blue Origin. El medio estadounidense también ponía sobre la mesa el proyecto de Jeff Bezos, que en su momento reveló en la Italian Tech Week que es cuestión de tiempo que veamos "clústeres gigantes de entrenamiento" de IA en órbita en los próximos 10 o 20 años. La empresa tiene un equipo dedicado a desarrollar la tecnología requerida para los centros en el espacio.Google. El pasado mes de noviembre la empresa de Mountain View habló de su proyecto experimental Project Suncatcher: en 2027 y con la colaboración de Planet Labs lanzarán dos satélites de prueba con sus propios chips de procesamiento de IA.Otras. Hay otras corporaciones más pequeñas trabajando en este área. La más destacable es StarCloud, una startup respaldada por NVIDIA que hace unas semanas lanzó un satélite con una NVDIA H100. Esta GPU se usa para ejecutar una versión Gemma, el modelo de lenguaje abierto de Google.
En Xataka
SpaceX es conocida por sus cohetes. Lo que se conoce menos es su creciente y llamativa flota de aviones
Hace falta energía (y saber aprovecharla). Aunque ya se han sentado las bases, el camino no es cuesta abajo precisamente. Jornet detalla que unos de los grandes obstáculos será disponer de suficiente energía para que estos centros de datos orbitales puedan funcionar:
"El Sol puede ser una gran fuente de energía, pero para aprovecharlo adecuadamente los centros de datos en órbita necesitarían enormes paneles solares de kilómetros de longitud o una constelación de paneles más pequeños que podría sumar decenas de miles".
La vida en el espacio es dura. Hay más melones por abrir, como por ejemplo cómo soportarán los chips de IA la perniciosa radiación espacial, además de la disipación de calor y la refrigeración. En la Tierra se usan miles de litros de agua. En el espacio no hay esa opción y aunque las temperaturas son bajas, no hay aire para enfriar los chips de forma natural.
La factura a la Tierra. Incluso obviando el impacto ambiental en el espacio, también deja su huella en la Tierra. Al menos, a corto plazo: los lanzamientos de cohetes no solo supone consumo de combustibles fósiles, sino que dañan los ecosistemas y los animales del entorno, como sucede en Cabo Cañaveral, que ahora alberga unos 80 lanzamientos al año.
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Portada | Pixabay
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La noticia
Hay una nueva guerra espacial en ciernes: quién pone más centros de datos en órbita
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Xataka
por
Eva R. de Luis
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Hay una nueva guerra espacial en ciernes: quién pone más centros de datos en órbita
Primero fue llegar a la luna, ahora plantar el primer centro de datos en el espacio
El mapa de los centros de datos del mundo evidencia que no existe un internet descentralizado y que están proliferando como setas. De hecho, el planeta Tierra se ha quedado corto y las big tech ya tienen la mirada puesta en el cielo para plantar un centro de datos en el espacio por cuestiones como la demanda energética, el impacto ambiental y, por qué no decirlo, para esquivar la regulación.
La "panacea" del espacio. Frente a la amenaza de un consumo energético "Data center Alley" en Loudon, en el norte de Virginia, con cerca de 250 instalaciones operativas, el espacio vislumbra posibilidades de contar con satélites dotados de paneles solares que capten la energía directamente del sol, la disipación térmica en el espacio y la ausencia de limitaciones de terreno.
Ya queda menos. Para que sea viable falta al menos una década, como estima el profesor investigador de la Universidad de Florida Central y antiguo miembro de la NASA Phil Metzger. Sin embargo, una cosa es que económicamente salgan las cuentas y otra que tecnológicamente haya que esperar tanto.
Según Josep Jornet, profesor de ingeniería informática y eléctrica en la Universidad Northeastern e investigador de satélites, en apenas un par de años empezaremos a ver pruebas. Y lo tiene claro: el espacio es la próxima frontera a conquistar: "Hubo una fiebre del oro en el Oeste. Ahora hay una carrera espacial y todo el mundo quiere colocar su tecnología en el espacio".
Dinero a espuertas. El científico catalán tiene claro que las empresas tienen incentivos para moverse con rapidez e invertir para ponerse en cabeza para dominar la carrera de la IA en general y del espacio en particular: "Todo el mundo quiere decir que tiene la primera plataforma que alcanza este hito (...)Así que las empresas están gastando dinero como si no hubiera un mañana".
No obstante, Google, SpaceX y Blue Origin ya están trabajando en desarrollar tecnologías para tal fin y no son las únicas:
SpaceX. A finales de año el Wall Street Journal destapaba el plan de la empresa de Elon Musk para materializar los centros de datos en el espacio. Su CEO explicó en un tuit cómo lo haría: "Bastará con escalar los satélites Starlink V3, que tienen enlaces láser de alta velocidad". Más concretamente, están trabajando en modificar y mejorar sus cohetes para hacerlos capaces de alojar cargas de computación para la IA.
Blue Origin. El medio estadounidense también ponía sobre la mesa el proyecto de Jeff Bezos, que en su momento reveló en la Italian Tech Week que es cuestión de tiempo que veamos "clústeres gigantes de entrenamiento" de IA en órbita en los próximos 10 o 20 años. La empresa tiene un equipo dedicado a desarrollar la tecnología requerida para los centros en el espacio.
Google. El pasado mes de noviembre la empresa de Mountain View habló de su proyecto experimental Project Suncatcher: en 2027 y con la colaboración de Planet Labs lanzarán dos satélites de prueba con sus propios chips de procesamiento de IA.
Otras. Hay otras corporaciones más pequeñas trabajando en este área. La más destacable es StarCloud, una startup respaldada por NVIDIA que hace unas semanas lanzó un satélite con una NVDIA H100. Esta GPU se usa para ejecutar una versión Gemma, el modelo de lenguaje abierto de Google.
Hace falta energía (y saber aprovecharla). Aunque ya se han sentado las bases, el camino no es cuesta abajo precisamente. Jornet detalla que unos de los grandes obstáculos será disponer de suficiente energía para que estos centros de datos orbitales puedan funcionar:
"El Sol puede ser una gran fuente de energía, pero para aprovecharlo adecuadamente los centros de datos en órbita necesitarían enormes paneles solares de kilómetros de longitud o una constelación de paneles más pequeños que podría sumar decenas de miles".
La vida en el espacio es dura. Hay más melones por abrir, como por ejemplo cómo soportarán los chips de IA la perniciosa radiación espacial, además de la disipación de calor y la refrigeración. En la Tierra se usan miles de litros de agua. En el espacio no hay esa opción y aunque las temperaturas son bajas, no hay aire para enfriar los chips de forma natural.
La factura a la Tierra. Incluso obviando el impacto ambiental en el espacio, también deja su huella en la Tierra. Al menos, a corto plazo: los lanzamientos de cohetes no solo supone consumo de combustibles fósiles, sino que dañan los ecosistemas y los animales del entorno, como sucede en Cabo Cañaveral, que ahora alberga unos 80 lanzamientos al año.