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«He escrito con rabia para demostrar que el Planeta no fue casualidad»

«He escrito con rabia para demostrar que el Planeta no fue casualidad»
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La periodista y narradora regresa con 'Llevará tu nombre', un novelón galdosiano con una joven heroína que cumple su sueño de ser escritora

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Sonsoles Ónega en la presentación de su libro en Lhardy. E.P

Sonsoles Ónega

Periodista y escritora «He escrito con rabia para demostrar que el Planeta no fue casualidad»

La periodista y narradora regresa con 'Llevará tu nombre', un novelón galdosiano con una joven heroína que cumple su sueño de ser escritora

Miguel Lorenci

Madrid

Miércoles, 25 de febrero 2026, 18:33

... 1977) vendiera más de medio millón de ejemplares de sus 20 ediciones . Tres años después, en la cresta de la ola como reina de la tardes televisivas y con la planetizada novela convertida en teleserie de éxito, vuelve a la carga con 'Llevará tu nombre' (Planeta).

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Anabel Alonso, Sonsoles Ónega y Lucía de la Fuente en la presentación teatralizada. EP

«Aquí estamos, ocho novelas después, para demostrar que estos va en serio», se reivindica la periodista y narradora. Ha novelado la vida de Mada Riva Fernández, un mujer de una vocación literaria tan potente como la suya pero que hubo de enfrentarse en el siglo XIX a un inacabable cúmulo de desgracias que no impidieron que triunfara como escritora en un mundo de hombres.

«Para mí escribir es como respirar o saciar la sed», dice la autora que ha vuelto a sacar tiempo de la nada para pergeñar las casi 500 páginas de este novelón, una intriga amorosa que transcurre en entre Cantabria y un Madrid galdosiano entre 1882 y 1890. Su heroína, como su autora «prefiere empeñar una pluma a un plumero». Si la anterior novela la escribió, de «camerino en camerino» está la ha escrito «de siete a once cada mañana desde el puente de diciembre del 2023», dos mese después de consagrarse con el Planeta.

Herida abierta

No ha superado del todo el palo de las durísimas críticas que recibió con el Planeta, pero no está dispuesta a que le amarguen la vida. «Sobre 'Las hijas de la criada' se dijeron cosas que me violentaron el alma. Fue muy doloroso. No pensé jamás que se pusiera en cuestión mi vocación. Se puede decir que la novela es una mierda, vale, pero no que esta tía es un producto», clama.

«Llevo escribiendo toda la vida y aquello me dislocó, me desarmó, me desordenó y me descolocó; me obligó a buscar de nuevo mi esencia», enumera. «Solo hay una cosa, que es el curro, y a él me aferré», agrega con la voz quebrada. «Lo que tenga que ser, será. Ojalá se vuelva a obrar el milagro de la literatura. Estoy muy emocionada, muchísimo y con ganas de llorar» dice entre suspiros.

Sabe Ónega que el éxito es cono el suflé que le sirvieron de postre, y que puede venirse abajo en cualquier momento si pierde la complicidad del lector o del espectador. «Tengo muy claro trabajo para los demás, que sin lectores no hay literatura y sin espectadores no hay televisión. Estoy en manos de los demás y eso crea una inseguridad bárbara», admite. «No sabes en qué momento un espectador te reducirá a la nada con el mando al distancia o elegirá un libro que no es el tuyo. No hay una formula infalible para hacer un libro que venda, como no lo hay para hacer un programa de televisión», reconoce.

Encantada con su doble vida en las pantallas y en las páginas, está dispuesta a morir con las botas puestas en este mundo dual. «Si puedo envejecer en la pantalla y las páginas de un libro, lo compro», dice recuperando la sonrisa. Lo expresa brindado con un copa del conocido champán francés de una viuda valiente, que como su heroína Mada, supo salir adelante en un mundo con los hombres a la contra.

Mada es una joven sin futuro que «encuentra en la ilustración y la cultura el medio para salvarse de la pobreza y que podría haber sido ocultada por la historia como Faustina Sáez Melgar, Concepción Moreno de Flaquer o Matilde Cherner», todas sepultadas por sus coetáneos varones.

Está Ónega orgullosa de ser una superventas y de que sus libros se vendan en toso los canales, incluidos los supermercados. «Uno de mis objetivo en la vida es que Mercadona vena libros. Allá el señor Roig», dice ya con una sonrisa franca.

Sondoles Ónega. EP

Por lo que ser refiere a su profesión de periodista lamenta que «se esté ensanchando la grieta de las desigualdades y prime la desinformación».

«Vivimos en una sociedad más desinformada que nunca, y eso es un peligro terrible, porque ganan quienes nos desinforman, esos extremos que ofrecen soluciones sencillas a problemas muy complejos señala. «La pérdida de influencia del periodismo es terrible; la culpa nuestra y de los ciudadanos y que renuncian a comprar un periódico. en el mundo de hoy comprar un periódico, es una heroicidad», concluye.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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