Fuente de la imagen, Getty Images
Pie de foto, Información del artículo- Autor, Lewis Vickers, Anna Budd,
- Título del autor, Productores, Radical*,
- Autor, Amol Rajan,
- Título del autor, Presentador, Radical*
- y
- Autor, Rafael Abuchaibe,
- Título del autor, BBC News Mundo
- 37 minutos
La historiadora británica Eliza Filby cuenta que, cada vez que la invitan a una empresa a dar una de sus charlas, empieza explicándoles a los empleadores algo que ella cree que es clave para entender las dinámicas de los lugares de trabajo modernos.
"¿Te das cuenta de que tus empleados ahora, los menores de 45, tienen más posibilidades de adquirir vivienda siéndoles leales a sus padres que a su jefe?".
Filby es la autora del libro Inheritocracy: It's Time to Talk About the Bank of Mum and Dad ("Herenciocracia: es hora de hablar del banco de papá y mamá"), un bestseller en Reino Unido en el que analiza cómo las fortunas que logró acumular una generación en particular -la del Baby Boom, aquellos nacidos entre 1946 y 1964- han moldeado el sistema económico en el que se han tenido que desenvolver las generaciones que han venido desde entonces.
"Herenciocracia es un título provocativo de manera intencional", le dijo la autora a Amol Rajan, presentador del pódcast de la BBC Radical.
"Es lo opuesto a la meritocracia, a la creencia de que el trabajo duro va a resultar en éxitos y oportunidades".
Y añadió: "La herenciocracia es una sociedad en la que no se trata de lo que ganes o lo que aprendas, sino de si tienes acceso al banco de mamá y papá, que es lo que define tus oportunidades, tu red de seguridad y tu plataforma a la adultez".
Filby asegura que este fenómeno está teniendo un inmenso impacto sobre las vidas de las generaciones X -los nacidos entre 1965 y 1980- y millennial - los nacidos entre 1981 y 1996-, y que podría continuar expandiéndose en las generaciones Z - 1997 a 2012- y alfa - 2013 a 2024- en el futuro.
Meritocracia
Fuente de la imagen, Getty Images
Pie de foto,Filby recordó que el concepto de meritocracia nació como una advertencia.
Saltar Más leídas y continuar leyendoMás leídas- "Yo, como Bad Bunny, también he escuchado decir que mi español puertorriqueño es inentendible"
- Por qué los ciudadanos de Nueva Zelanda están abandonando su país en números récord
- "Vine dispuesto a dar mi vida por defender Ucrania": los exsoldados colombianos que luchan contra la invasión de Rusia
- Por qué las revelaciones de los archivos Epstein están teniendo más impacto en Europa que en EE.UU.
Final de Más leídas
Saltar Podcast y continuar leyendoImprobableEl nuevo podcast de BBC Mundo sobre un amor que triunfó contra todo pronóstico
Episodios
Fin de Podcast
Fue acuñado originalmente en 1958 por el sociólogo británico Michael Young como una sátira, no como un ideal.
En su libro The Rise of the Meritocracy ("El auge de la meritocracia"), Young describía una sociedad en la que el éxito se justificaba moralmente por el talento y el esfuerzo, mientras que el fracaso se volvía culpa exclusiva del individuo.
Con el tiempo, la ironía se perdió y la palabra pasó a usarse como elogio.
Para Filby, ese malentendido es central para entender la frustración generacional actual.
"La idea de que trabajar duro debería traer recompensas es fundamental para cualquier democracia", dijo en el pódcast.
"El problema es que hemos reducido el mérito a pasar exámenes, acumular credenciales y seguir una sola ruta educativa".
En parte, explicó la autora, la idea del mérito se popularizó entre los boomers porque fue un concepto que, a muchos, les sirvió bien.
Fue una época en la que se hicieron comunes historias de personas que lograban irse de sus hogares a una edad temprana y, a través del camino de la educación superior, podían forjar un futuro propio.
Pero Filby recuerda que las razones reales por las cuales este camino les funcionó tan bien a los baby boomers radican menos en el mérito, y más en las características sin precedentes del mundo de la posguerrra: un crecimiento económico sostenido impulsado por la frágil pero consistente "paz" que le trajo al mundo la Guerra Fría.
Con mayores ingresos, los gobiernos buscaron maneras de democratizar las oportunidades para los jóvenes de entornos rurales o de clase trabajadora, y encontraron un camino con la educación superior.
Filby reconoce que la intención fue buena y que, en términos culturales y sociales, enviar a más personas a la universidad tuvo beneficios reales.
Pero también argumenta que, a partir de los años 90, este impulso ayudó a consolidar una narrativa única de lo que significa el éxito -estudiar, ir a la universidad, conseguir un título y acceder a una carrera profesional estable-, sin que el sistema tuviera manera de garantizarles ese éxito a todos los que ingresaran en la universidad.
"El problema", explicó la autora, "es que construimos un sistema en el que el 50% de las personas no tenía una vía alternativa clara hacia una vida segura".
Para muchos jóvenes, no ir a la universidad dejó de ser una opción legítima.
Y para quienes sí fueron, el valor monetario de un título universitario empezó a caer a medida que el costo para conseguirlo se disparaba.
Fuente de la imagen, Getty Images
Pie de foto,El resultado fue una generación que se endeudó para acceder a una promesa que ya no garantizaba estabilidad.
En muchos casos, los más afectados fueron jóvenes de entornos más modestos, motivados por el deseo de ganar más dinero para ayudar a sus familias.
Según Filby, el sistema no falló solo por razones económicas, sino por su rigidez.
Se construyó alrededor de una idea limitada de lo que constituye inteligencia y éxito, heredada del siglo XIX, época en la que la economía y la tecnología estaban viviendo una transformación radical.
La autora dice que esa rigidez se vuelve aún más problemática en una época en la que la inteligencia artificial está amenazando, incluso, los trabajos de oficina.
"La educación no puede terminar a los 21", dijo. "Y no puede recaer solo en las personas".
"Durante décadas, las empresas tercerizaron la formación a las universidades. Antes se aprendía en el trabajo; hoy, las compañías esperan empleados 'listos', invierten muy poco en entrenarlos".
El banco de mamá y papá
Fuente de la imagen, Getty Images
Pie de foto,Bajo las condiciones actuales, Filby dice que el "banco de mamá y papá" se ha convertido en una fuente de mayor estabilidad que el trabajo mismo y esto está cambiando las dinámicas en diferentes áreas de la sociedad.
Pero la autora agrega que en la mayoría de los casos lo que está pasando no son actos de avaricia o de irresponsabilidad juvenil, sino de adaptación.
"La familia está interveniendo porque el Estado se ha retirado y el mercado se ha vuelto disfuncional en áreas clave", explicó. "Es, en muchos sentidos, una historia de amor parental".
Cuenta que el término "banco de mamá y papá" empezó a aparecer en Reino Unido hacia 2013, para describir el fenómeno cada vez más común de los papás y abuelos que usan su patrimonio para ayudar a sus hijos y nietos a pagar estudios, alquileres, hipotecas, guarderías o simplemente para llegar a fin de mes.
Después de la crisis financiera de 2008, el panorama económico para quienes entraban a la adultez cambió de forma repentina.
Algunas cosas -como la tecnología, los viajes y algunos lujos del día a día- se volvieron más baratas, mientras que otras, como la vivienda, la educación, el cuidado infantil y, en algunos países, la salud, empezaron a subir.
Bajo ese panorama, muchas personas jóvenes se volcaron hacia gastos pequeños y visibles —el café, un viaje, el teléfono— mientras que los grandes hitos de la vida adulta se empezaron a volver inalcanzables sin la ayuda de la familia.
De ahí, explica la autora, es que nace el estereotipo del millennial gastando en "tostadas de aguacate", una caricatura que ignora el contexto estructural detrás de esa imagen.
Fuente de la imagen, Getty Images
Pie de foto,La autora además dice que el banco de mamá y papá no es un concepto únicamente válido para las clases medias acomodadas.
De hecho, según explica, la mayoría de los jóvenes que viven con sus padres casi llegando a los 30 vienen de hogares de clase trabajadora.
En esos casos, el apoyo no se traduce en depósitos para una hipoteca, sino en techo, comida y cuidado mutuo.
"La solidaridad familiar ha aumentado en todos los niveles de ingresos", expone Filby.
Abuelos que cuidan nietos para que sus hijos puedan trabajar. Padres que alojan a hijos adultos para que ahorren. Familias que funcionan como red de seguridad ante un sistema cada vez más frágil.
El problema es que no todas las familias pueden hacerlo, dice Filby.
La autora señala que en una sociedad donde la estabilidad depende de la familia, el azar del nacimiento se vuelve decisivo.
El divorcio, las familias ensambladas, los conflictos familiares o simplemente la pobreza estructural se convierten en desventajas profundas.
El resultado, explicó, es una economía donde la lealtad a la familia es más importante que la lealtad al empleador y en la que la riqueza no se acumula a través del salario, sino de los activos principalmente.
Y una en la que el trabajo, incluso bien remunerado, no puede garantizar el acceso a los pilares básicos de la vida adulta.
Una sociedad que se hereda
Fuente de la imagen, Getty Images
Pie de foto,Cuando un fenómeno es tan profundo como lo es la herenciocracia, tiene efectos que se extienden más allá del tema de la plata.
Filby dice que la herenciocracia está reconfigurando la forma en la que las personas eligen pareja, planifican su vida y entienden la seguridad.
Como ejemplo, cita el emparejamiento selectivo, o la tendencia a formar parejas con personas de origen y recursos similares.
Durante el siglo XX, gran parte de la movilidad social femenina ocurrió a través del matrimonio. Hoy, ese patrón es distinto.
Filby explica que, inicialmente, el emparejamiento se daba entre graduados universitarios. Pero desde la crisis de 2008, la variable decisiva empezó a ser otra: el acceso a patrimonio familiar.
"No es que las personas se casen por el salario del otro", dijo. "Es que dos personas con banco de mamá y papá tienden a encontrarse y a unirse".
Según encuestas citadas por la autora, más de la mitad de los jóvenes de la Generación Z consideran la compatibilidad financiera un factor central en una relación, una proporción mucho mayor que en generaciones anteriores.
A este panorama se suma la presión sobre la clase media.
Filby indica que, aunque la riqueza extrema ha crecido, la mayor parte del patrimonio privado sigue concentrada en sectores amplios de la población mayor.
Al mismo tiempo, describe una "clase media exprimida", especialmente en la Generación X, atrapada entre el apoyo a hijos adultos y el cuidado de padres envejecidos.
Fuente de la imagen, Getty Images
Pie de foto,Para Filby, este fenómeno está llevando a que las generaciones actuales pierdan la fe en la idea de que el Estado moderno pueda proporcionarles un sistema en el que ellos y sus hijos puedan tener una vida mejor en un futuro, rompiendo la promesa básica que les inculcaron sus papás.
Esto hace que el mundo esté en un periodo parecido al de la década de los años 70, una etapa de desilusión que obliga a replantear los fundamentos del contrato social.
"Escribí este libro porque tenemos que hablar de esto", afirmó. "No se trata de 'nepo babies'. Se trata de cómo se distribuyen hoy las oportunidades".
Y aunque para Filby está claro que entender cómo funciona la herenciocracia no garantiza escapar de ella, sí permite tomar decisiones más informadas, personales y colectivas.
El riesgo, advierte, es no hacerlo. Porque cuando una sociedad deja de creer que el esfuerzo vale la pena, algo más profundo que la economía empieza a resquebrajarse.
*Esta es una adaptación al español y a texto de un episodio del pódcast Radical de BBC News. Si quieres escuchar el episodio original, en inglés, puedes hacer clic aquí.
Haz clic aquí para leer más historias de BBC News Mundo.
Suscríbete aquí a nuestro nuevo newsletter para recibir cada viernes una selección de nuestro mejor contenido de la semana.
También puedes seguirnos en YouTube, Instagram, TikTok, X, Facebook y en nuestro canal de WhatsApp.
Y recuerda que puedes recibir notificaciones en nuestra app. Descarga la última versión y actívalas.