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Hikari: un tren, un país, un paisaje

Hikari: un tren, un país, un paisaje
Artículo Completo 781 palabras
Resulta habitual asociar los viajes en tren a alguna imagen o sensación. La última vez que me subí en el Hikari, el tren bala japonés que une Tokio con Kioto, recuerdo la sucesión de pequeñas casas con tejados de dos aguas que generan la impresión de que la vía atraviesa un enorme conglomerado urbano de más de 400 kilómetros , la distancia entre las dos ciudades.Sólo algunas pequeñas granjas parecían romper la monotonía de un paisaje en el que era posible atisbar desde las amplias cristaleras de los vagones alguna mujer ataviada con un kimono. Una visión fugaz en un expreso que llegaba a alcanzar los 280 kilómetros por hora y que tardaba poco más de dos horas desde la estación central de Tokio a Kioto , capital histórica del país.He viajado en tres ocasiones en el Hikari, que significa 'rayo de sol'. Es una de las siete líneas de alta velocidad que atraviesan Japón de norte a sur y de este a oeste. La más larga enlaza Tokio con la isla de Hokkaido atravesando un túnel submarino de 50 kilómetros , una hazaña de la ingeniería.La última vez que me subí al Hikari fue en 1989 cuando Japón maravillaba al mundo por sus avances industriales y tecnológicos. Visité en aquella ocasión la planta de Nissan en la bahía de Tokio, ya entonces totalmente robotizada, cuyos vehículos salían de la línea de producción para ser embarcados en grandes buques con destino a Estados Unidos.Los vagones del Hikari eran espaciosos y luminosos , con cómodos asientos reclinables. Ponían películas en una pantalla y servían refrescos y canapés. En el trayecto, te ofrecían unas toallitas húmedas y calientes para aliviar el cansancio. También recuerdo que me llamó la atención el silencio de un tren que se deslizaba no sobre el balasto sino sobre plataformas de hormigón armado. Me dijeron que jamás había habido un accidente mortal , algo que sigue siendo verdad.El Gobierno japonés decidió construir las primeras líneas de alta velocidad a principios de los años 60 . Como en España, optó por cambiar el ancho de vía para garantizar la seguridad y acortar el tiempo de los recorridos. El Shinkansen o tren bala entró en servicio en 1964 para enlazar Tokio con Osaka, coincidiendo con los Juegos Olímpicos . La red tiene hoy 3.000 kilómetros , extensión inferior a la que existe en nuestro país.El Shinkansen ha adquirido una justa fama por su legendaria puntualidad . Los billetes indican a los viajeros la puerta de acceso a los trenes, marcada en los andenes. Las paradas duran poco más de un minuto y todo se desarrolla en un orden determinado que se sigue con absoluta meticulosidad. Todo parece obedecer a un guion escrito por una mano invisible que guía cada pieza del engranaje.El Shinkansen alcanza hoy puntas de velocidad de cerca de 350 kilómetros por hora y es famoso por su legendaria puntualidadEl tren bala alcanza hoy puntas de velocidad de cerca de 350 kilómetros por hora , debido al trazado de sus vías, que discurren por túneles y viaductos que cruzan las montañas y las ciudades. Todo está previsto por la JNR, la compañía estatal de ferrocarriles, que ha instalado en las locomotoras unas potentes baterías de litio para poder seguir circulando en caso de falta de suministro eléctrico.Tuve la suerte de llegar a Kioto el día que florecieron los almendros . Recuerdo estar frente al estanque del Templo Dorado mientras los árboles se cubrían de blanco. Experimenté como nunca la sensación de la fugacidad del tiempo, de la imposibilidad de atrapar aquel instante. Por la noche, me senté en una de las casas de té que abundan en el país, llenas de hombres que comparten confidencias tras salir del trabajo. Volví al día siguiente a Tokio. Iba leyendo 'País de la nieve' de Yasunari Kawabata y me topé con esta frase: «La belleza no está en el paisaje sino en los ojos del que lo mira».

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Resulta habitual asociar los viajes en tren a alguna imagen o sensación. La última vez que me subí en el Hikari, el tren bala japonés que une Tokio con Kioto, recuerdo la sucesión de pequeñas casas con tejados de dos aguas que generan la ... impresión de que la vía atraviesa un enorme conglomerado urbano de más de 400 kilómetros, la distancia entre las dos ciudades.

Sólo algunas pequeñas granjas parecían romper la monotonía de un paisaje en el que era posible atisbar desde las amplias cristaleras de los vagones alguna mujer ataviada con un kimono. Una visión fugaz en un expreso que llegaba a alcanzar los 280 kilómetros por hora y que tardaba poco más de dos horas desde la estación central de Tokio a Kioto, capital histórica del país.

He viajado en tres ocasiones en el Hikari, que significa 'rayo de sol'. Es una de las siete líneas de alta velocidad que atraviesan Japón de norte a sur y de este a oeste. La más larga enlaza Tokio con la isla de Hokkaido atravesando un túnel submarino de 50 kilómetros, una hazaña de la ingeniería.

La última vez que me subí al Hikari fue en 1989 cuando Japón maravillaba al mundo por sus avances industriales y tecnológicos. Visité en aquella ocasión la planta de Nissan en la bahía de Tokio, ya entonces totalmente robotizada, cuyos vehículos salían de la línea de producción para ser embarcados en grandes buques con destino a Estados Unidos.

Los vagones del Hikari eran espaciosos y luminosos, con cómodos asientos reclinables. Ponían películas en una pantalla y servían refrescos y canapés. En el trayecto, te ofrecían unas toallitas húmedas y calientes para aliviar el cansancio. También recuerdo que me llamó la atención el silencio de un tren que se deslizaba no sobre el balasto sino sobre plataformas de hormigón armado. Me dijeron que jamás había habido un accidente mortal, algo que sigue siendo verdad.

El Gobierno japonés decidió construir las primeras líneas de alta velocidad a principios de los años 60. Como en España, optó por cambiar el ancho de vía para garantizar la seguridad y acortar el tiempo de los recorridos. El Shinkansen o tren bala entró en servicio en 1964 para enlazar Tokio con Osaka, coincidiendo con los Juegos Olímpicos. La red tiene hoy 3.000 kilómetros, extensión inferior a la que existe en nuestro país.

El Shinkansen ha adquirido una justa fama por su legendaria puntualidad. Los billetes indican a los viajeros la puerta de acceso a los trenes, marcada en los andenes. Las paradas duran poco más de un minuto y todo se desarrolla en un orden determinado que se sigue con absoluta meticulosidad. Todo parece obedecer a un guion escrito por una mano invisible que guía cada pieza del engranaje.

El Shinkansen alcanza hoy puntas de velocidad de cerca de 350 kilómetros por hora y es famoso por su legendaria puntualidad

El tren bala alcanza hoy puntas de velocidad de cerca de 350 kilómetros por hora, debido al trazado de sus vías, que discurren por túneles y viaductos que cruzan las montañas y las ciudades. Todo está previsto por la JNR, la compañía estatal de ferrocarriles, que ha instalado en las locomotoras unas potentes baterías de litio para poder seguir circulando en caso de falta de suministro eléctrico.

Tuve la suerte de llegar a Kioto el día que florecieron los almendros. Recuerdo estar frente al estanque del Templo Dorado mientras los árboles se cubrían de blanco. Experimenté como nunca la sensación de la fugacidad del tiempo, de la imposibilidad de atrapar aquel instante. Por la noche, me senté en una de las casas de té que abundan en el país, llenas de hombres que comparten confidencias tras salir del trabajo. Volví al día siguiente a Tokio. Iba leyendo 'País de la nieve' de Yasunari Kawabata y me topé con esta frase: «La belleza no está en el paisaje sino en los ojos del que lo mira».

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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