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Historia oculta de 31 días que cambiaron el mundo

Historia oculta de 31 días que cambiaron el mundo
Artículo Completo 813 palabras
John Glenn orbitó en la misión Mercury por primera vez alrededor de la Tierra, Brasil ganó el Mundial de Chile, Marilyn Monroe apareció muerta en su domicilio y J. D. Salinger logró un éxito de ventas con 'Franny y Zoey' mientras Kennedy enviaba tropas a Vietnam. Todo eso sucedió en 1962, el año en el que la historiadora Barbara W. Tuchman publicó 'Los cañones de agosto', galardonado con el premio Pulitzer. El libro lleva un subtítulo que resume en pocas palabras su contenido: «31 días de 1914 que cambiaron la faz del mundo» . Tuchman, nacida en Nueva York en 1912, hija de un banquero, buceó durante años en testimonios, documentos, memorias y bibliografía para narrar aquel caluroso verano en el que se fraguó el estallido de la I Guerra Mundial. Nada hacía presagiar un desenlace perfectamente evitable que sólo un conjunto de errores humanos y falsas expectativas alimentó en una partida en la que una ficha de dominó arrastró a todas las demás.No hay ningún libro que explique mejor la irresponsabilidad que desencadenó una contienda que marcó el siglo XX y que, tras la derrota y humillación de Alemania y el Imperio Austrohúngaro, arrastró a Europa a la II Guerra Mundial , una catástrofe que provocó más de 80 millones de muertos tan sólo dos décadas después. 'Los cañones de agosto' se lee como un libro de suspense en el que el lector avanza compulsivamente por sus páginas como en un relato de ficción. Tuchman toma distancias, pero no elude los juicios sobre los protagonistas del drama: el káiser Guillermo II tiene «la lengua más viperina de Europa», Joffre era un «Santa Klaus con una falsa benevolencia» y Sujomlinov, el ministro de la Guerra ruso, estaba obnubilado por «la joven esposa de 23 años de un gobernador de provincias». Aunque Tuchman se cuida mucho de no establecer conclusiones, hay un mensaje implícito en sus 550 páginas: que la clase dirigente que gobernaba el continente era frívola, incompetente y narcisista.Tuchman apunta en el prólogo que historiadores y su entorno trataron de disuadirla de escribir sobre un tema que había dado lugar a ríos de tintaEn las dos últimas décadas del XIX y la primera del siglo XX, Europa vivía en el sueño de una paz que parecía definitiva y un progreso industrial que había transformado las relaciones sociales. Francia gozaba de una «belle époque» que exaltaba la dulzura de vivir. Y Alemania aspiraba a un imperio colonial y a convertirse en la mayor potencia europea. Todo ese mundo se desvaneció en las pocas semanas que van desde el asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo al conflicto que estalla a comienzos de agosto de 1914 cuando Francia y Gran Bretaña declaran la guerra a Alemania que se intensifica tras la invasión de Bélgica.El presidente Kennedy le regaló este libro a Macmillan, primer ministro británico, tras recomendarle que lo leyera para evitar los malentendidos que condujeron a la Gran Guerra. En la obra, Tuchman describe el ejército de 700.000 hombres que avanzan por los polvorientos caminos de Francia hacia París. Los generales alemanes creen que la batalla será corta. Un fatal error de cálculo que llevó a una guerra de trincheras que desangró a los dos países , que forzó el final de la monarquía en Alemania y que desencadenó una remodelación del mapa europeo.La propia Tuchman apunta en el prólogo que varios historiadores y su entorno trataron de disuadirla de escribir sobre un tema que había dado lugar a ríos de tinta. Ella no se dejó convencer porque echaba en falta una obra que conectara los aspectos bélicos y políticos de la guerra con la biografía de sus protagonistas, el clima social y las motivaciones psicológicas. Muchos piensan que 'Los cañones de agosto' es uno de los mejores libros de historia jamás escritos y yo estoy totalmente de acuerdo.

John Glenn orbitó en la misión Mercury por primera vez alrededor de la Tierra, Brasil ganó el Mundial de Chile, Marilyn Monroe apareció muerta en su domicilio y J. D. Salinger logró un éxito de ventas con 'Franny y Zoey' mientras Kennedy enviaba tropas ... a Vietnam. Todo eso sucedió en 1962, el año en el que la historiadora Barbara W. Tuchman publicó 'Los cañones de agosto', galardonado con el premio Pulitzer.

El libro lleva un subtítulo que resume en pocas palabras su contenido: «31 días de 1914 que cambiaron la faz del mundo». Tuchman, nacida en Nueva York en 1912, hija de un banquero, buceó durante años en testimonios, documentos, memorias y bibliografía para narrar aquel caluroso verano en el que se fraguó el estallido de la I Guerra Mundial.

Nada hacía presagiar un desenlace perfectamente evitable que sólo un conjunto de errores humanos y falsas expectativas alimentó en una partida en la que una ficha de dominó arrastró a todas las demás.

Opinión Josephine Tey, una novelista de culto

No hay ningún libro que explique mejor la irresponsabilidad que desencadenó una contienda que marcó el siglo XX y que, tras la derrota y humillación de Alemania y el Imperio Austrohúngaro, arrastró a Europa a la II Guerra Mundial, una catástrofe que provocó más de 80 millones de muertos tan sólo dos décadas después.

'Los cañones de agosto' se lee como un libro de suspense en el que el lector avanza compulsivamente por sus páginas como en un relato de ficción. Tuchman toma distancias, pero no elude los juicios sobre los protagonistas del drama: el káiser Guillermo II tiene «la lengua más viperina de Europa», Joffre era un «Santa Klaus con una falsa benevolencia» y Sujomlinov, el ministro de la Guerra ruso, estaba obnubilado por «la joven esposa de 23 años de un gobernador de provincias». Aunque Tuchman se cuida mucho de no establecer conclusiones, hay un mensaje implícito en sus 550 páginas: que la clase dirigente que gobernaba el continente era frívola, incompetente y narcisista.

Tuchman apunta en el prólogo que historiadores y su entorno trataron de disuadirla de escribir sobre un tema que había dado lugar a ríos de tinta

En las dos últimas décadas del XIX y la primera del siglo XX, Europa vivía en el sueño de una paz que parecía definitiva y un progreso industrial que había transformado las relaciones sociales. Francia gozaba de una «belle époque» que exaltaba la dulzura de vivir. Y Alemania aspiraba a un imperio colonial y a convertirse en la mayor potencia europea. Todo ese mundo se desvaneció en las pocas semanas que van desde el asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo al conflicto que estalla a comienzos de agosto de 1914 cuando Francia y Gran Bretaña declaran la guerra a Alemania que se intensifica tras la invasión de Bélgica.

El presidente Kennedy le regaló este libro a Macmillan, primer ministro británico, tras recomendarle que lo leyera para evitar los malentendidos que condujeron a la Gran Guerra. En la obra, Tuchman describe el ejército de 700.000 hombres que avanzan por los polvorientos caminos de Francia hacia París. Los generales alemanes creen que la batalla será corta. Un fatal error de cálculo que llevó a una guerra de trincheras que desangró a los dos países, que forzó el final de la monarquía en Alemania y que desencadenó una remodelación del mapa europeo.

La propia Tuchman apunta en el prólogo que varios historiadores y su entorno trataron de disuadirla de escribir sobre un tema que había dado lugar a ríos de tinta. Ella no se dejó convencer porque echaba en falta una obra que conectara los aspectos bélicos y políticos de la guerra con la biografía de sus protagonistas, el clima social y las motivaciones psicológicas. Muchos piensan que 'Los cañones de agosto' es uno de los mejores libros de historia jamás escritos y yo estoy totalmente de acuerdo.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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