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Javi Molina, Dani Mezquita, David Summers y Rafa Gutiérrez en una imagen promocional de Hombres G en los años 80. Hombres G: no fueron tan pijos y también descendieron a los infiernosEl grupo más amado por el público y odiado por la crítica se sincera sobre su éxito y su década de parón en un apabullante documental
Barcelona
Sábado, 18 de abril 2026, 00:16
... otro. Fueron vecinos hasta que el grupo se separó en 1992, exhaustos de la presión del éxito. Durante diez años casi no se vieron. David Summers lo intentó en solitario; Dani Mezquita se convirtió en capo de la discográfica que los había lanzado, Warner; Javi Molina dio clases de batería a chavales y montó un bar; Rafa Gutiérrez se hizo road manager. Volvieron por petición popular en internet y llevan veinte años llenando estadios en España y América Latina. Tráiler de 'Los mejores años de nuestra vida'.'Los chicos de la puerta de al lado' era el título inicial de esta apabullante película que cuenta con Warner como productora, pero que tiene de directores a Charlie Arnaiz y Alberto Ortega, los genios detrás de documentales sobre Francisco Umbral, Raphael y Waldo de los Ríos. A ellos les gusta indagar en la trastienda de los mitos. Y si bien David Summers, alma creativa del combo, no es Nick Cave, en algunos momentos del filme se resquebraja la máscara irónica tras la que se parapeta el autor de 'Devuélveme a mi chica' y 'Marta tiene un marcapasos'.
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Los Hombres G en 'Sufre mamón', que tuvo más de un millón de espectadores en los cines, en portada de la revista Super Pop'`y su primer disco. Los pósters en la Super Pop se traducían en el desdén de la crítica, que los comparaba con grupos para niños como Parchís. Pabellón Psiquiátrico sacó una canción: 'G de gilipollas'. El fenómeno fan derivó en altercados de orden público, con conciertos en los que se contrataba a medio centenar de miembros de seguridad y que acababan en batallas campales. Una curiosidad que desvela el documental: el hoy presentador Juan y Medio fue el road manager de la banda durante su aventura latinoamericana. Manolo Summers le dio un puñado de condones «para que los repartiera entre los chavales»
Summers padre era muy listo. Cuando leyó en 'El País' una reseña positiva de un disco del grupo le dijo a su hijo: «Date por jodido». A comienzos de los 90, las fans de Hombres G se pasan a Alejandro Sanz. Ya no venden como antes. La ansiedad y el insomnio hacen mella en David, que por mucho que vaya al psiquiatra no puede evitar la frustración de estar condenado a cantar siempre las mismas canciones. Muere su padre en 1993. En una de sus últimas apariciones televisivas se les ve a los cuatro con la mirada perdida. «¿Quién mantiene unido al grupo?», le preguntan al cantante. «Hacienda».
Hay algo milagroso en que, cuarenta años después, aquellos chavales que veraneaban juntos en la sierra madrileña sigan haciendo felices a padres nostálgicos y a críos que podrían ser sus nietos. Hay películas de los Hombres G –de 'Sufre mamón' (más de un millón de espectadores en 1987) a 'Voy a pasármelo bien'–, un musical y una gira sin fin, que pone a prueba la salud de estos sesentones a los que les salvó su buena cabeza; su descubridor, Paco Martín, confiesa en el filme: «La poca droga que había la consumía yo». ¿Quién se resiste a un estribillo como «sufre mamón, devuélveme a mi chica o te retorcerás entre polvos pica-pica?».
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