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La inestabilidad global ya ha llevado a muchos países a realizar reservas estratégicas de alimentos. Adobe Stock Hortalizas para Dubai en Etiopía y maíz para China en AngolaEl miedo llena las despensas: La inseguridad política, económica y medioambiental, reactiva las iniciativas de los gobiernos destinadas a la autosuficiencia
Sábado, 28 de febrero 2026, 19:39
Este proceso, tachado de neocolonialismo agrícola, no resulta exclusivo de las potencias emergentes, naciones frecuentemente autoritarios y ambiciosos con poblaciones abundantes. La enrarecida atmósfera política en Europa Oriental ha llevado a mover ficha a países tan circunspectos como los escandinavos. Finlandia siempre ha temido el abrazo del oso de su vecino ruso y Suecia no ha dudado en unirse a la OTAN tras la invasión de Ucrania e, incluso ha adquirido tierras en Senegal y Tanzania para el suministro de biocombustibles. Ambos también han creado reservas estratégicas de cereales, una iniciativa que ya habían adoptado anteriormente China, India y países del cono austral africano, para satisfacer contingencias como las catástrofes medioambientales derivadas del cambio climático. Noruega posee el Banco de Semillas de Svalbard, una isla del Ártico, una especie de caja de seguridad que preserva la biodiversidad agrícola.
20 campos de fútbol
o 20 hectáreas de terreno, ocupa el invernadero que se construye en África para cubrir las necesidades de hortalizas de Dubai.
El acopio refleja una inquietud generalizada que contrasta con el proceso de globalización que rige la economía mundial. La liberalización del mercado parecía sometida a un crecimiento exponencial por el desarrollo de flujos complejos, pero muy competitivos. ¿Qué ha quebrado la confianza en un intercambio constante que nutre incesantemente las estanterías de los supermercados? La pandemia, sin duda, y sus consecuencias inmediatas y posteriores. Hace seis años, el cierre de fronteras y la detención de la actividad provocaron el desplome de las cadenas comerciales. «El esquema se basaba en la ficción de un mundo perfecto y ha desvelado que, en realidad, se trata de una carrera hacia el abismo», explica Javier Guzmán, economista y director de la ONG Justicia Alimentaria.
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Ucrania fue el quinto mayor exportador de cereales del mundo hasta la invasión rusa. EFELas debilidades de la mundialización quedaron entonces en evidencia y se han agudizado en el periodo posterior. Desde la crisis sanitaria, los precios de los alimentos se han incrementado el 45% en los países de la OCDE y conflictos como el de Ucrania, gran productor cerealístico, han impulsado tanto su aumento como el desabastecimiento coyuntural. No son los únicos factores que impulsan el encarecimiento. Los costes de los insumos se han disparado. Entre 2021 y 2022 los fertilizantes nitrogenados experimentaron subidas del 150% en Europa, y el combustible agrícola, especialmente el gasóleo B, escaló un 67% hasta 2023.
'Land grabbing'Además de los Emiratos Árabes Unidos y China, Corea del Sur, Malasia y el resto de los Estados del Golfo, entre otros, han adquirido derechos de compra o arrendamiento para llenar sus despensas
La creación de grandes reservorios responde tanto a cuestiones económicas como políticas ya que unas y otras se hallan íntimamente interconectadas. La geopolítica ha incidido siempre tanto en la Bolsa como en la inflación. La crisis sanitaria y los conflictos militares han tenido sus correspondientes impactos en el mercado y la globalización provoca repercusiones en regiones muy alejadas de un concreto escenario bélico.
Los países parecen prepararse para un futuro distópico y no hablamos de escenarios de ciencia ficción, sino de coyunturas próximas en el tiempo y perfectamente factibles. Según las previsiones más realistas, la hipótesis de un ataque estadounidense a Teherán provocaría el cierre del estrecho de Ormuz por las tropas iraníes, bloqueo que afectaría al 8% del comercio internacional de alimentos, principalmente aceites y frutos secos, y repercutiría en los costes de producción ya que el 20% del tráfico de crudo discurre por sus cálidas aguas. Los países arábigos deberían reordenar sus rutas de aprovisionamiento y el mercado energético de Europa resultaría muy afectado.
Mercados locales
La soberanía nacional, eje de muchos de los argumentos contrarios a la liberalización, aparece ahora reivindicada. Más allá de crisis coyunturales, una corriente de pensamiento económico demanda la recuperación del autoabastecimiento como un objetivo estratégico dentro de las políticas de desarrollo. Pero, ¿se puede retroceder más allá de iniciativas concretas motivadas por el miedo? «¿A qué nos referimos cuándo hablamos de soberanía? ¿Cuál es nuestro referente? ¿España o a la Unión Europea? Creo que no hay que poner tanto el acento en los mercados locales», advierte Sergi Basco, profesor de Economía y Empresa de la Universitat de Barcelona e investigador de la Fundació Move (Markets, Organizations and Votes in Economics) y recuerda la importancia de contar con redes comerciales 'amigas' apelando, una vez más, al recuerdo de la crisis del coronavirus. «Recordemos que Gran Bretaña tuvo graves problemas de abastecimiento de vacunas por estar fuera del sistema continental».
150 por cien
subió el precio de los fertilizantes nitrogenados en Europa entre 2021 y 2022.
La globalización impulsa naturalmente los precios a la baja, según su criterio, aunque el flujo mercantil sufra 'shocks' brutales derivados de conflictos bélicos o súbitas amenazas arancelarias procedentes de la Casa Blanca. «No podemos cambiar la política comercial por fenómenos inhabituales e impredecibles», advierte y señala, asimismo, que la inflación es una tendencia de difícil contención incluso con medidas de prevención tan faraónicas. «Cuesta mucho bajarla, aunque ahora se haya ralentizado. Hay una cierta rigidez que se mantiene a pesar de que la demanda se contraiga».
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Vista aérea de un barco cargando grano a lo largo del río Paraná, en Argentina. ReutersLa creación de reservas resulta una medida positiva, a su juicio. «Tiene sentido», afirma. «Es como el seguro de incendio de una casa. Aunque confiamos plenamente en que nunca se quemará, nos ofrece cierta sensación supletoria de seguridad». En cualquier caso, el comercio internacional, a su juicio, será preeminente y debe continuar más allá de los riesgos.
El Niño nos amarga el desayuno
El país más poblado del mundo se guarda para sí 31 millones de toneladas de trigo. India teme más al Niño que a las hecatombes bélicas y su mayor amenaza no proviene del vecino Pakistán, sino de los riesgos de las irregulares precipitaciones. Sus 1.400 millones de habitantes dependen del ciclo monzónico y este fenómeno recurrente debilita la temporada de lluvias reduciendo la producción y aumentando la pobreza rural.
La creación de reservas de cereales en Asia y África está íntimamente ligada a la supervivencia. «Hay sistemas agrícolas básicos que dependen de la fertilidad de sus tierras, sin aditivos de ningún tipo, ni acceso a seguros ni créditos», explica Alberto Urbina, técnico en proyectos de la ONG Manos Unidas con experiencia en agricultura y alimentación. «El cambio climático no ha generado problemas nuevos, sino que ha fortalecido su frecuencia e intensidad, sobre todo en periodos críticos de los cultivos».
A los occidentales, el Niño nos va a amargar el desayuno. La sequía ha perjudicado sobremanera las cosechas de cacao en Costa de Marfil y Ghana y de café en Brasil, llegando a triplicarse el primero y duplicando su precio el segundo. Pero, una vez más, el comercio globalizado y sus intereses también influyen y es que, junto al efecto meteorológico, aparece la reducción de las tierras dedicadas a esta producción en beneficio de la palma aceitera, es decir, los biocombustibles tan demandados en los circuitos globales.
«El escenario ideal, a mi juicio, sería el que incluyera los dos mercados, el de especialidad local y el más general, con un propósito 'win win', es decir, beneficioso para todos», sostiene Basco y establece diferencias estratégicas entre uno y otro. «Los nativos deberían ir por la calidad y la importación para satisfacer el consumo masivo. Mientras la población más pobre podría acceder a los productos más baratos, los grupos con medios podrían pagar por los más altos». Naturalmente, siempre que, una vez más, un nuevo conflicto no desbarate las largas cadenas de suministros.
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