Hugo Mujica es el poeta de las realidades silenciosas: toda su obra constituye esa representación de la realidad despojada, parca, ascética, ese momento de recogimiento y de meditación, ese instante en que contemplar es una aventura espiritual.
Sus poemas tan breves plantean aquello ... de lo que habló António Ramos Rosa: una interrogación de lo real, una pregunta a lo real para acercarse a su misterio, a eso indecible que pertenece al ámbito de lo sagrado.
Su biografía explica en cierto modo el sentido de su poesía: ese apartarse de los ruidos de nuestro tiempo para buscar una comunicación más verdadera entre mente y mundo, entre el alma y las cosas. Mujica, que vivió el frenesí y las experimentaciones de la conciencia de los años 60, terminó recluido durante un tiempo en un monasterio trapense e inició una de las aventuras más personales de la poesía en español.
Por eso hay que celebrar que se le haya concedido el premio Loewe por 'Las hojas, la brisa y la luz danza las sombras'. Su voz es un referente para toda esa poesía que busca la hondura, la intensidad, un modo de despojar la realidad para ver su majestuosidad esencial. Con mínimos elementos nos abre un mundo lleno de sentidos, con versos escritos desde la tensión del lenguaje busca cortocircuitar la razón, como se puede ver en este libro. Hugo Mujica, como diría María Zambrano, escribe desde el corazón, es decir, desde ese estado donde el sentimiento es una parte del pensamiento, o donde el pensamiento es una forma de sentir.
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Sus poemas siempre indican una apertura a contemplar el fondo de misterio que se esconde en lo real. A lo largo de esta apertura que son los cincuenta poemas del libro, con su división en cinco partes, Mujica mira la claridad, mira las sombras y establece entre ellas un diálogo, mira la mortalidad y mira el vivir buscando una revelación. Como siempre sus poemas ocupan el último y más bajo espacio de la página, son un descendimiento por el silencio blanco hacia esos pocos signos que emergen del vacío, tal vez del más allá de la superficie de la experiencia.
Mujica mira la claridad, mira las sombras y establece entre ellas un diálogo
Sin duda este libro, como todos sus libros, desafía moralmente al lector, le invita a cambiar su modo de experiencia con el mundo, y en el vasto ruido de nuestra época se convierte en una plegaria por la que alguien abre dimensiones insospechadas. Como la moral que se despliega en la poesía de San Juan de la Cruz, Hugo Mujica nos habla aquí de piedad, de escucha, de atención a lo pequeño, de aprender de la luz.
Un libro que forma parte ya de ese único poema que es la obra toda de Hugo Mujica, pero que vuelve a situarlo como ese poeta esencial para comprender que la gran poesía es siempre una aventura del espíritu.
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Hugo Mujica, vivir buscando una revelación
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