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Hunan, el paraíso brumoso de 'Avatar' y otros secretos del corazón de China

Hunan, el paraíso brumoso de 'Avatar' y otros secretos del corazón de China
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Cuna de Mao y con tradiciones milenarias, la región cambia al ritmo de la eclosión tecnológica y turística del gigante asiático

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Hunan, el paraíso brumoso de 'Avatar' y otros secretos del corazón de China

Cuna de Mao y con tradiciones milenarias, la región cambia al ritmo de la eclosión tecnológica y turística del gigante asiático

Regala esta noticia Añádenos en Google Uno de los miradores del Parque Forestal Nacional de Zhangjiajie. (R.C.)

Miguel Lorenci

Zhangjiajie (China)

18/07/2026 a las 00:04h.

«¡Quiero ir a Pandora!». Los agentes de viaje especializados en China oyen a diario esta demanda. Los riscos flotantes de la película 'Avatar' existen ... y son el destino asiático de moda. Para disfrutar de este prodigio de la naturaleza hay que viajar al suroeste de China, a la provincia de Hunan, cuna de Mao, donde portentos naturales, las raíces milenarias del gigante asiático y su vertiginoso desarrollo conectan pasado y futuro. La realidad supera a la fantasía en este rincón del globo.

Hay que frotarse los ojos. No es un efecto digital. La foresta de roca calcárea de Zhangjiajie es uno de los parajes mágicos de la Tierra. Está en el área de Wulingyuan, unos 400 kilómetros cuadrados que son Patrimonio Mundial de la Unesco. Fruto de milenios de erosión, sus más de 3.000 estilizadas torres de cuarcita arenisca,-muchas superan los 400 metros- se elevan hasta perderse en el cielo.

Vistas de las agujas del Parque Forestal Nacional de Zhangjiajie que inspiraron a James Cameron para 'Avatar'. (M. Lorenci)

Cuando la neblina las rodea parecen flotar. Puedes sentirte un Na'vi sobrevolando a lomos de un ikran la Columna del Cielo del Sur, la aguja de 1.080 metros rebautizada como Montaña Aleluya de Avatar. Pero la marea humana que la contempla romperá la ensoñación. O quizá lo haga un súbito diluvio tropical.

Las montañas que inspiraron a James Cameron para su película son un potente imán para un turismo que se globaliza

El turismo -sobre todo local- fluye en masa por el brumoso universo de los omaticayas, la tribu Na'vi . Recibe casi 30 millones de visitantes, pero China ha logrado casar naturaleza, ingeniería y marketing en este asombroso enclave al que se asciende en teleféricos que parecen naves espaciales. En un prodigio de integración paisajística e ingenieril se construyó el ascensor Bailong, de los Cien Dragones. El más alto del mundo: 326 metros que se recorren en 88 segundos en una cápsula de vidrio ante unas vistas sobrecogedoras.

Otra estructura única del parque es su puente peatonal de vidrio, el más largo y elevado del planeta, inaugurado en 2016 con diseño del arquitecto israelí Haim Dotan. Con 430 metros de longitud y 6 de anchura, vuela a casi 300 metros sobre los acantilados. Su pasarela translúcida deja ver el fondo del espectacular Gran Cañón de Zhangjiajie. El vértigo hace estragos en algunos visitantes. Los más osados hacen 'puenting', como la troupe de 'influencers' y el equipo del televiajero Jesús Calleja. Es una construcción ultrasegura que soporta hasta 800 visitantes a la vez.

El puente de vidrio más largo y elevado del planeta está en Zhangjiajie. Como el ascensor Bailong o de los Cien Dragones, el más alto del mundo.. ( M. Lorenci)

Para adictos a la adrenalina, las tirolinas de escalofriante altura y longitud que cruzan el valle y la espeluznante Tianti, la 'escalera al cielo' tendida en 2024. Un desafío extremo con un millar de peldaños sobre el vacío que exige arrojo y poderío físico a quienes osen ascenderla. Suspendida a unos 1.500 metros de altura, une dos acantilados a lo largo de 168 metros.

Infinito celestial

No menos legendaria es Tianmen Shan, la Montaña de la Puerta del Cielo, con una grandiosa oquedad natural en su cima rocosa a casi 1.400 metros. El orificio de 128 metros de alto y 55 de ancho, formado por un colapso y la erosión, es uno de los símbolos más reconocibles de China.

Se accede en el teleférico más largo del mundo o recorriendo una sinuosa carretera de 99 curvas. Hay que subir luego los 999 peldaños de la escalera celestial o media hora de escaleras mecánicas horadadas en la mole rocosa -otro alarde de la ingeniería- para admirar otro prodigio geológico: los inmensos, húmedos y cambiantes bosques pétreos de singular variedad biológica. En la cultura china el número nueve significa el infinito y la leyenda dice que en este capricho de la naturaleza se encuentran dioses y mortales.

Hay en Zhangjiajie más de 800 especies de plantas, muchas endémicas, y animales exóticos como el leopardo nebuloso y los simpáticos monitos dorados, expertos en robar al turista poco atento su hamburguesa -del Burger King- o su refresco. La trinidad de portentos geológicos se completa con cavernas cársticas como la Cueva del Dragón Amarillo, un vasto sistema de cuevas, lagos y ríos subterráneos que se recorre en casi dos horas.

El teleférico que da acceso a la Montaña de la Puerta del Cielo. Un mono dorado disfruta de su captura.. (M. Lorenci)

Salto al siglo XXII

Estamos a unos 300 kilómetros de Changsha, capital provincial y la puerta de acceso a estos singulares parajes. Funcional megaurbe con casi nueve millones de habitantes, acoge una milenaria universidad, heredera de la Academia Yuelu, fundada en el año 976. El campus de una de las instituciones docentes más antiguas del mundo contrasta con la desafiante tecnoarquitectura que sitúa al gigante asiático en el siglo XXII.

Un inaudito nivel de desarrollo y tecnificación compatible con el respeto a las tradiciones y la milenaria identidad cultural china. El mismo pueblo que inició hace dos milenios la construcción de la Gran Muralla, levanta hoy a velocidad de vértigo metrópolis hipertecnificadas y descontaminadas, y lidera industrias punteras, de la automoción a los chips.

El tirón del mágico parque de Zhangjiajie transforma Hunan y su capital. Sus infraestructuras –estaciones y aeropuertos gigantescos, ultramodernos, eficientes e impolutos- su tejido industrial y tecnológico, su oferta hotelera de primer nivel y su activa vida cultural sitúan a Changsha en el epicentro del desarrollo económico y técnico de China.

El viajero puede contemplar la gigantesca efigie de Mao Zedong, hijo de Hunan, y navegar de noche el caudaloso rio Xiang. Nacido en Shaoshan, el joven Mao estudió en Changsha. En su alargada isla fluvial de Juzizhjou, (Naranja) escribió con 28 años uno de sus mejores poemas. Miríadas de chinos peregrinan hoy a la isla donde se alza una imponente efigie del mandatario, el gran timonel. Alzada entre 2007 y 2009, la colosal escultura de 32 metros de alto -como los versos del poema de Mao- se construyó con más de 8.000 bloques de granito. Mide 41 metros de ancho, los años que Mao lideró el Partido Comunista, y 83 de longitud, su edad al fallecer. Jubilados y jóvenes 'influencers', se fotografían con la bandera china ante el granítico Mao en su parque temático.

La ribera del río Xiang se transforma cada noche con el espectáculo luminoso de centenares de edificios y millones de leds. La colosal efigie de Mao es otro de los hitos de Changsha. . (M. Lorenci)

Al anochecer, cientos de gigantescos edificios de la ribera del río se iluminan con millones de leds en una coordinada y kilométrica coreografía. Un espectáculo de luz y color un tanto kitsch que deja en anécdota lo visto en la Sagrada Familia de Barcelona con la visita de León XIV. La sensación es de atravesar una megalópolis propia de 'Blade Runner'. En sus atestadas calles y avenidas, Bentleys y Porsches conviven con rudimentarias motos eléctricas, así como el comercio tradicional de la calle Taiping lo hace con establecimientos de Cartier o Gucci.

Fenghuang, el pueblo más bonito de China

Del futuro al pasado, la apartada Fenghuang, la Ciudad del Fénix, es otro regalo de Hunan para el viajero. Patrimonio de la Unesco, se presenta como el pueblo más hermoso y pintoresco de China. Cargado de leyendas y cierto aire de misterio, sus seculares edificios y viviendas de madera de las dinastías Ming y Qing se apoyan en pilotes sobre el río Tuo. Sus puentes de piedra iluminados por faroles reflejados en el agua son una postal de la China milenaria.

Aquí perviven y conviven las culturas Miao y Tujia cuyas tradiciones encarnan la esencia de la civilización china. El fénix es una figura crucial en su cultura, asociada a la armonía, la prosperidad y el renacimiento. Fenghuang, nombre ligado a la forma de las montañas que la rodean, recuerda a un ave fénix desplegando sus alas.

Fenghuang, la ciudad del Ave Fénix, es uno de los enclaves con más encanto de China. Jóvenes y turistas se fotografían en su calles con los tradicionales atuendos de la etnia Miao.. (M. Lorenci)

Al atardecer la ciudad se llena de gentes vestidas con atuendos tradicionales Miao. Son la mayoría jóvenes, que posan en busca de las mejores fotos para sus redes ante la hexagonal torre Wanming (De los Diez Mil Nombres) y los puentes Hong y Arcoíris. Muchos establecimientos alquilan estos atuendos, incluyendo maquillaje y peinado. El exceso de neón y figurantes da un aire irreal y misterioso a la noche en Fenghuang.

El picante es característico de la cocina de Hunan, una de las ocho grandes tradiciones culinarias chinas. Los puestos callejeros ofrecen todo tipo de insectos salteados.. (M. Lorenci)

La rica gastronomía enriquece la visita. No en vano, Hunan atesora una de las ocho grandes tradiciones culinarias de China. Intensa en matices y sabores agripicantes está muy ligada a los ingredientes locales como la pimienta. Es un aliciente y un desafío para el viajero que se atreva con la cabeza de pato estofada, el Yā tóu, un popular apetitivo, el Duo Jiao Yu Tou, cabeza de pescado al vapor con pimiento picado, o con los escorpiones o saltamontes fritos.

Una joven turista ante la bahía de Sanya. (M.L.)

Hainan, perla tropical entre palmeras y cohetes

Frente a las costas del Sudeste Asiático y el golfo de Tonkín, entre las rutas marítimas que conectan Vietnam y Tailandia, la isla de Hainan es una perla tropical que quiere atraer más turismo internacional. El llamado Hawái chino, con su verano eterno -25 grados de media- es más que sol, palmeras y playas de aguas cristalinas.

Centro de negocios, innovación y servicios, es uno de los laboratorios económicos, sociales y tecnológicos de China. Un territorio de 34.000 kilómetros cuadrados donde conviven pescadores, astronautas y templos centenarios con futuristas centros comerciales. Es un destino de formación y negocios, con 28 universidades, tres aeropuertos internacionales y una política de apertura económica que atrae inversiones internacionales.

Hainan significa ‘al sur del mar’. Con más de 10.000 años de presencia humana, ha mudado de piel en cuatro décadas de fulgurante desarrollo. ‘Cuerpo y alma’, su lema, refleja la importancia que concede al bienestar y a la calidad de vida. La isla más grande de China y la provincia más pequeña del país alberga la mayor concentración de centenarios del gigante asiático.

Con algunos de los ecosistemas más ricos del sur de China, sus muchos atractivos naturales -bosques tropicales y manglares-, suma una gran oferta de deportes de aventura, gastronomía sofisticada y turismo de salud. Hainan acoge también un complejo espacial -visitable- desde el que China impulsa parte de su programa de satélites y exploración lunar.

La capital, Haikou, combina un casco histórico de aroma colonial con modernos desarrollos urbanos impulsados por su condición de puerto franco. En el sureste, Sanya concentra el grueso de la actividad turística. Es la Riviera china, con complejos hoteleros de lujo, campos de golf, puertos deportivos y playas de aguas turquesa.

Comparada a menudo con Benidorm o Miami, Sanya es el destino de muchos de los 90 millones de visitantes que recibe la isla, y el nuevo paraíso de los jubilados chinos. Atrae también a turistas rusos y de otros países del norte de Asia y a surfistas de todo el mundo en busca de olas.

En su clemente invierno, celebra un festival internacional de cine con actores, directores y productores bajo el sol tropical mientras buena parte del hemisferio norte se congela.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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