Viernes, 04 de septiembre de 2026 Vie 04/09/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Internacional

Incomodando

Incomodando
Artículo Completo 1,286 palabras

El bloc del cartero

Incomodando Regala esta noticia Añádenos en Google

Lorenzo Silva

04/09/2026 a las 14:38h.

Van a disculpar los lectores a este cartero que esta semana las cartas elegidas sean incómodas. No habla de algo grato quien describe la deriva ... de una hija que padece una enfermedad mental y que recibe una atención médica defectuosa. Tampoco quien se pregunta si un sistema de pensiones sería más sostenible si se revaloriza de modo que algunos ganen menos. Ni quien nos narra cómo un ser al que quería ya no le acompaña por un percance desafortunado en medio del estrepitoso júbilo ajeno. Y menos todavía conforta leer el testimonio de un padre que reconoce haber descansado gracias a la ausencia de su hijo, lo siente perdido y no ve cómo va a conseguir restaurar su autoestima si no supera sus malos pasos. A veces, hay que elegir la incomodidad, antes que la anestesia que vuelve el mal irremediable.

OTRAS CARTAS DE NUESTROS LECTORES

Piedras a su tejado

Quienes entienden de pensiones coinciden, al parecer, en que el sistema es insostenible. Propongo algo que aliviaría el problema. Considerando que, al jubilarse, los pensionistas contributivos cobran su pensión en razón de lo que han cotizado, parece obvio que si, ya jubilados, pagan todos igual, el aumento debería ser lineal y no porcentual. No puedo imaginar lo que supondría para la Seguridad Social que aumentasen todas las pensiones en la misma cuantía que las mínimas. Algo que me parece de justicia. Pero claro, defender una causa, por justa que sea, está al alcance de muy pocos si conlleva arrojar piedras a su tejado. ¿Y nuestros políticos, que se llenan la boca pregonando su afán en la defensa de los más vulnerables? Qué ejemplo tan perfecto de cómo se camina con las palabras hacia adelante y con los hechos hacia atrás. | José Luis Viñuales Echeverría. Correo electrónico

Barbarie de celebraciones

Vivo con mi familia, formada por nuestra perrita Loto, una shih tzu, adoptada, de 9 años, y mi mujer, Conchita, e hijos, Ana y Mariano-José. He dicho «vivo», pero debí escribir «vivía»: en julio nuestra perrita nos dejó, víctima de un terrible, llamémoslo, 'accidente' durante la celebración del Mundial. El domingo 19 de julio, con las charangas, gritos, cohetes, petardos del paseo en que vivimos, Loto entró en pánico, corriendo de un lugar a otro de la casa. La cogí, consolé y tranquilicé en mi regazo durante media hora. Serían las 00:30 del lunes 20 de julio. Cuando la dejé, salió corriendo fuera de sí. La busqué por toda la casa y al no encontrarla me asomé a la terraza de salida, la que da al patio, y la vi al fondo con sus patitas que aún se movían. Cuando bajamos, ya había fallecido. Accidente, 'suicidio', error... Califíquenlo como quieran: nuestra perrita dejó de existir. Cuándo terminará esta barbarie de celebraciones que hacen sufrir y morir a nuestros animales. | Mariano Muzas Vega. Valencia 

Una vida de mierda

Mi hija no vive. No tiene ningún interés en nada. No lee un libro. No hace crucigramas. No sabe qué es hacer un sudoku. Pasa sus días viendo pasar las nubes. No tiene amistades que frecuentar porque nada tiene que decirles. Sus compañeros de colegio y/o universidad tienen pareja, hijos, intereses, un trabajo... Mientras, el tiempo pasa inexorablemente. Mi hija tiene 46 años y padece un trastorno bipolar agudo desde los 18. Los médicos se suceden y cada uno deja su marca con un cambio de medicamentos. Mi hija ha sido convertida en una cobaya. El abuso de litio le ha destrozado un riñón. Las consultas médicas, cuando tienen lugar, son no presenciales. A veces no existen porque los médicos están de huelga. Lo dicho: una vida de mierda. | E. P. S.   Correo electrónico

El manantial del diálogo

Qué importante es el diálogo. Escuchar al interlocutor con una instruida predisposición es una posición aventajada del ser humano inteligente, portadora de una gran dosis de ganas de vivir. Ni que decir tiene que, a veces, el milagro no se produce por razones obvias. Acostumbrarse al diálogo establece las bases del progreso en la educación, la convivencia, los proyectos y la identidad de un país; pero, sobre todo, de un valor cada vez más en desuso: la empatía. Existen escenarios muy fructíferos para el encuentro. Uno de ellos es el que se produce en el seno familiar al compartir la mesa, ya sea para comer, cenar o, simplemente, para conversar. También la literatura nos permite alcanzarlo plenamente al conectar a fondo con el autor de la obra. El diálogo es capaz de darnos la tranquilidad de haber construido algo importante; el tiempo, nuestro contable, lo convertirá después en la varita mágica de los deseos oníricos. Por último, su capacidad para generar amistad —principalmente en el núcleo familiar— será el manantial que alimente a esta sociedad hoy tan cuestionada, convirtiéndola en un espacio más humano, próspero y justo. | Jesús Sánchez-Ajofrín Reverte. Albacete

La península de los campos vacíos

Los incendios de este verano están asolando aquella tierra que se podía cruzar saltando de árbol en árbol. Ahora, también le ha llegado el turno a Portugal (tan cerca y tan lejos). Alguien ha comentado en las redes: «Al campo le faltan cabras, y a los despachos les sobran cabrones». Y es que la rabia e impotencia que provoca el abandono de nuestros pueblos está justificada. Los políticos solo se acuerdan de la España vaciada en las campañas electorales y las tragedias «naturales». Quieren reparar su mala gestión con actos populistas y emotivos (algunos incluso gimotean). Parece tema para el realismo fantástico, pero, desgraciadamente, se trata de la cruda verdad del abandono y la desidia gubernamentales. Utilizando a nuestros clásicos, se trata, también, de la «crónica de una tragedia anunciada». La realidad es tozuda. Podemos negarla y cerrar los ojos, por inoperancia o por interés político; pero, al final, nos alcanza y se lleva por delante a los más indefensos y vulnerables; pero, acto seguido, a los responsables políticos de la devastación.  | Víctor Calvo Luna.  Valencia

Aquel vínculo

Todos los días salían a pasear un ratito por la mañana y otro por la tarde. La mujer longeva necesitaba ayuda para caminar, y la encontraba en una cuidadora inmigrante que había llegado en busca de un futuro mejor. Tenía estudios superiores que no pudo convalidar y, como tantas otras, trabajaba cuidando a personas con problemas de movilidad y, sobre todo, de soledad. Durante los paseos, la anciana evocaba su vida pasada, un tiempo en el que siempre estuvo rodeada de gente, una compañía que los años fueron apagando en silencio. A veces, lloraba al recordarlo. La cuidadora hablaba de su país, de la comida, del trabajo y de las fiestas, de todo aquello que había dejado atrás. También ella se emocionaba al pensar en los suyos. Ambas, en realidad, eran inmigrantes: una de su tierra; la otra, de su propio tiempo. Las dos buscaban lo mismo, un futuro mejor y alguien con quien compartir la soledad. Quizá no sabían cuánto duraría aquel vínculo, pero cada día compartido les bastaba para sentirse un poco menos solas. | Pedro Marín Usón.  Zaragoza

Reportar un error
Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
Compartir