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Indra negocia dar entrada a Santa Bárbara y Sapa en los programas de artillería, pero Hanwha debe dar el visto bueno. Todo apunta a que no aceptará compartir su tecnología con rivales.
Indra ha iniciado una nueva etapa bajo la batuta de Ángel Simón, como presidente, y de Josep Maria Recasens, como CEO, en la que la nueva dirección está analizando todos los contratos firmados por la ejecutiva anterior y está revisando la estrategia, que resultará en un nuevo plan estratégico que se dará a conocer a finales de este año.
Uno de los problemas a resolver es la polémica con Santa Bárbara por los contratos de artillería y que ha derivado en una pugna judicial, cuya resolución está todavía en el aire y que finalizaría si Indra da entrada a la filial de General Dynamics en el programa del obús autopropulsado de cadenas, que tiene un presupuesto de 4.554 millones de euros y que fue adjudicado a una unión temporal de empresas (UTE) entre Indra y Escribano Mechanical & Engineering (EM&E).
El asunto está en los tribunales, pero en los últimos tiempos ha habido gestos por las dos partes que podrían desencallar la situación. Indra ultima dar entrada a Santa Bárbara en dos programas de artillería por 7.200 millones, según adelantó EXPANSIÓN, mientras que Santa Bárbara, que no ha retirado sus reclamaciones judiciales, ha pedido al Tribunal Supremo que suspenda la tramitación del recurso por la concesión y desembolso de 3.000 millones en préstamos para los programas de artillería.
Sin embargo, pese a los acercamientos, no será tan fácil dar entrada a Santa Bárbara en dichos proyectos, ya que Indra cerró un acuerdo vinculante con la surcoreana Hanwha para la adquisición de la autoridad de diseño y la propiedad intelectual de las plataformas del obús K9.
Hanwha, según ha podido saber este diario, tiene derecho de veto a la entrada de nuevos socios al contrato y todo apunta a que no autorizará el acceso de Santa Bárbara, ya que supondría compartir toda su tecnología y los planos técnicos del K9 con un rival.
Acuerdo vinculante
Indra cerró el 24 de marzo un acuerdo vinculante con Hanwha, que fabricará en Corea las primeras decenas del obús de cadenas.
El contrato suscrito entre Indra y Hanwha -firmado una semana antes de la dimisión del anterior presidente de Indra, Ángel Escribano, forzada por Moncloa- recoge que la surcoreana deberá dar su visto bueno a la entrada de nuevos socios, por lo que para que acceda Santa Bárbara como proveedor, o incluso Sapa, deberá tener luz verde de Hanwha, algo poco probable.
Por ello, lo previsible es que Indra opte por rescindir el acuerdo vinculante con la surcoreana, en caso de que llegue a un entendimiento con Santa Bárbara, asumiendo la indemnización correspondiente.
La etapa de Simón y Recasens en Indra parte con el mandato del Gobierno -primer accionista de Indra, con un 28%- de relajar las tensiones con el resto de las empresas españolas de Defensa, relaciones que se deterioraron en la etapa anterior. Por ello, se han mantenido ya varias reuniones entre las cúpulas de Indra y Santa Bárbara, aunque no han cristalizado en nada concreto a falta de que la filial de General Dynamics renuncie a la vía judicial.
Márgenes de rentabilidad
El nuevo episodio de entendimiento Indra-Santa Bárbara también podrá tener un impacto en la rentabilidad de Indra, ya que en caso de que optar por dar entrada a Santa Bárbara o Sapa en los contratos de artillería lo hará sobre el porcentaje que le corresponde en cada UTE, renunciando a ingresos.
Según la memoria anual de Indra, la compañía que preside Ángel Simón tiene un 57,11% de la UTE con EM&E en el programa de artillería de cadenas, valorado en 4.554 millones, mientras que mantiene un 34,4% en el programa del obús autopropulsado de ruedas, con un presupuesto de 2.686 millones, para el que la empresa no ha designado aún socio principal, aunque negocia con los gigantes alemanes Rheinmetall y MAN. El porcentaje restante en la UTE es de EM&E.
En caso de que Indra abra finalmente la puerta a los contratos de artillería a nuevos socios nacionales, tal y como pretende Moncloa, la compañía lo más probable es que tenga que romper el acuerdo vinculante con Hanwha, con el impacto que supondría para sus cuentas al tener que abonar una penalización, mientras que también supondrá una merma de la rentabilidad, ya que sus márgenes los tendrá que dividir con más empresas participantes.
No obstante, aprovecharía la capacidad de producción inmediata de Santa Bárbara en España, de la que no dispone Indra en estos momentos.
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