- Anthropic demanda al Pentágono tras acabar en una lista negra de seguridad nacional
- La exorbitante valoración de Palantir mezcla misterio y caos
El actual conflicto entre Estados Unidos e Israel frente a Irán ha dejado claro que el uso de tecnologías avanzadas puede suponer una ventaja clave. Una muestra clara es la millonaria inversión del Pentágono en inteligencia artificial, a pesar de sus desavenencias con Anthropic.
En las primeras 24 horas de la ofensiva estadounidense contra Irán, el ejército de EEUU bombardeó mil objetivos. No lo hicieron solo soldados y pilotos. Detrás de la selección de estos blancos estaba un sistema de inteligencia artificial llamado Maven Smart System, perteneciente a Palantir Technologies y alimentado con datos de 150 fuentes distintas, con modelos de lenguaje de empresas como Anthropic o Google integrados en su núcleo.
Maven permitió a una unidad de artillería del 18.º Cuerpo Aerotransportado del Ejército hacer el trabajo de 2.000 efectivos con un equipo de apenas veinte personas, según el Center for Security and Emerging Technology (CSET) de la Universidad de Georgetown.
Los avances en inteligencia artificial han permitido que esta tecnología se convierta en un aliado en defensa. Su capacidad para analizar enormes cantidades de datos (como imágenes satelitales, movimientos logísticos, patrones de comportamiento o señales débiles que para un humano serían invisibles) permite que donde antes hacían falta días o semanas de análisis, ahora se generen hipótesis operativas en minutos.
La ofensiva estadounidense contra Irán se ha convertido en un gran laboratorio tecnológico militar. "La inteligencia artificial está ya en todas partes, en todas las fases", explica Raúl Álvarez Prieto, profesor en CISDE y fundador de la start up Kallisto. La IA se está empleando para simular escenarios y evaluar estrategias, comparar cientos de alternativas tácticas, estimar riesgos y adaptar los planes a medida que llega nueva información del terreno. "Incluso hay modelos embarcados en sistemas de interceptores contra misiles que funcionan casi de forma autónoma. Igual que en la vida civil hemos incrementado su uso, la inteligencia artificial también ha aumentado considerablemente en el mundo militar", explica el profesor.
Aunque no es la primera vez que se utiliza inteligencia artificial en un conflicto bélico, el panorama ha cambiado por completo en los últimos meses. A mediados del año pasado, Estados Unidos anunció la adjudicación de contratos de hasta 200 millones de dólares a cuatro de los principales laboratorios de inteligencia artificial del mundo, Anthropic, OpenAI, Google y xAI.
La apuesta no era solamente tecnológica. Washington quería convertir a sus Fuerzas Armadas en una potencia AI-first, con el objetivo de que 2026 fuera el año en que Estados Unidos estableciera un nuevo estándar para la primacía militar basada en la última tecnología. El presupuesto de defensa para ese año ha alcanzado el billón de dólares, un 13% más que en 2025 y casi un 40% superior a lo gastado en 2021.
"Washington ha entendido que la inteligencia artificial es un factor estratégico y quiere integrarla de forma sistemática en su aparato militar. Por eso estamos viendo algo nuevo, una presión directa del gobierno estadounidense sobre las grandes compañías de IA para que sus modelos se integren en sistemas de defensa. Esto no ocurrió de la misma forma en Ucrania, entre otras cosas porque Ucrania no tiene capacidad para influir sobre los grandes proveedores tecnológicos globales. En otras palabras, estamos pasando de un uso puntual de inteligencia artificial en guerra a una integración estructural entre industria tecnológica y defensa", explica Antonio Pita, profesor de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación y experto en inteligencia artificial de la UOC.
La empresa que dijo 'no'
El 3 de enero de 2026, fuerzas especiales estadounidenses capturaron al presidente Nicolás Maduro en Caracas en una operación en la que murieron entre 70 y 100 personas. The Wall Street Journal informó de que la IA de Anthropic se había utilizado en la operación, lo que generó un gran malestar entre los empleados de la empresa.
Este fue el detonante que, a finales de febrero, llevaría a la compañía de Dario Amodei a plantarse frente al Pentágono. Para ejecutar el contrato de 200 millones de dólares, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, exigía un uso sin restricciones de los sistemas de IA de Anthropic, mientras que la empresa se negaba a utilizar su tecnología para fines como la vigilancia de los estadounidenses.
El mismo día en el que Anthropic decidió no ceder ante las exigencias de Hegseth, éste la designó un riesgo para la seguridad, impidiéndole trabajar con el gobierno estadounidense. OpenAI anunciaba esa misma tarde que su empresa había llegado a un acuerdo con el Pentágono para suministrar sus tecnologías de inteligencia artificial a sistemas clasificados.
Esta semana, Anthropic ha demandado al Departamento de Defensa de Estados Unidos, en una disputa que ha pasado en pocas semanas de una negociación contractual a un enfrentamiento legal entre la empresa de inteligencia artificial y el gobierno.
Palantir, el gran ganador
Si hay una empresa que se ha beneficiado de esta historia, es Palantir Technologies. Fundada por Peter Thiel en el año 2003, esta firma estadounidense de análisis de datos e inteligencia artificial es la capa de integración que conecta los modelos de inteligencia artificial con las fuentes de datos clasificadas del ejército. Es la encargada de orquestar la guerra inteligente.
Su principal producto para la defensa es Maven Smart System, que aunque actualmente pertenece a Palantir, fue creado por Google en 2017. Pero tras un año de contrato con el Pentágono, en 2018 los empleados de la compañía de Mountain View protestaron por el uso de su tecnología en la guerra por lo que Google abandonó su llamado Project Maven, que fue a parar a manos de Palantir.
En concreto, Maven es una plataforma de control de misiones que fusiona más de 150 fuentes de datos militares, como fotografías aéreas, imágenes satelitales, datos de geolocalización o sensores infrarrojos y los pone a disposición de los comandantes en tiempo real. Sobre esa base, incorpora modelos de lenguaje como Claude o Gemini para procesar información, priorizar objetivos y asistir en la toma de decisiones.
Con este potencial, la apuesta económica del Pentágono por Palantir no ha parado de crecer. Tras una inversión inicial de 480 millones de dólares para desplegar Maven, en mayo de 2025 ese acuerdo se amplió con 795 millones adicionales. En julio, el Ejército adjudicó a la empresa un megacontrato de hasta 10.000 millones de dólares para unificar 75 contratos de software distintos en uno solo, consolidando la relación durante una década.
Palantir se ha convertido en un socio tecnológico clave para Estados Unidos, pues "Maven se considera una herramienta fundamental en la superioridad de defensa del país, permitiendo una adquisición de objetivos mucho más rápida que la de los adversarios", añade el directivo de Kallisto.
Un año de récord
Más allá de Palantir, no son pocas las compañías especializadas en tecnología para la defensa que han experimentado un fuerte crecimiento en el último año. Según datos de PitchBook, la inversión en este segmento alcanzó en 2025 un récord histórico de 49.900 millones de dólares desplegados en 966 operaciones a nivel global, frente a los 27.300 millones de 2024. El punto de inflexión del año se produjo en el segundo trimestre, cuando el volumen de inversión se disparó a 18.300 millones de dólares en 253 operaciones, un 115% más que en el trimestre anterior, impulsado por una oleada de rondas de financiación en fases tardías y de crecimiento.
Con el año apenas empezado, ya hay algunas de estas compañías que apuntan a nuevas rondas millonarias. Anduril Industries, start up dedicada a la inteligencia artificial de aplicación militar, está en negociaciones avanzadas para captar hasta 8.000 millones de dólares y conseguir una valoración de al menos 60.000 millones. Esta cifra casi doblaría la valoración actual, lograda tras su última ronda de junio de 2025, cuando levantó 2.500 millones.
Otra estadounidense, Smack Technologies, fundada por un ex operador especial de los Marines, acaba de anunciar una ronda de 32 millones de dólares para construir lo que describen como un "laboratorio de frontera para seguridad nacional", con modelos de inteligencia artificial entrenados específicamente en datos de combate.
En Europa, entre las compañías que han anunciado paquetes de financiación en las últimas semanas figuran Frankenburg Technologies, una start up estonia que construye sistemas de misiles antidrón de bajo coste basados en inteligencia artificial, y las empresas alemanas Tytan Technologies y Quantum Systems.
Futuro y ética
"Hay un principio que no deberíamos perder nunca: la inteligencia artificial puede ayudar a tomar decisiones, pero no debería tomar decisiones críticas por sí sola. Especialmente cuando hablamos de decisiones que pueden afectar a vidas humanas; por ejemplo, si decide lanzar misiles contra ciudades", explica Pita.
Asimismo, Álvarez Prieto asegura que en ciertos escenarios, como la defensa contra misiles o drones que llegan en milisegundos, es imposible que una persona reaccione a tiempo, por lo que la decisión recaerá necesariamente en algoritmos. El futuro plantea un dilema moral sobre quién será el responsable de estas decisiones, pero el profesor de CISDE insiste, "el campo de batalla del futuro será letal para quien sea detectado. La clave va a ser saber ocultarse de la inteligencia artificial".
¿Fue la inteligencia artificial la que eligió como objetivo erróneo un colegio en el que murieron más de 100 niñas en Irán? No hay respuestas claras pero se abre un nuevo debate: si el algoritmo se equivoca, ¿quién rinde cuentas? Los contratos del Pentágono no lo especifican. Las convenciones de Ginebra no contemplan la responsabilidad de un modelo de IA. El marco legal, por ahora, no ha seguido el ritmo de la tecnología.
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