Analizamos esos pequeños gestos que parecen muestras de afecto, pero revelan que el amor ha pasado ya una raya y va a convertirse en otra cosa...
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Regala esta noticia Añádenos en Google (AdobeStock) 04/10/2026 Actualizado a las 18:40h.Casi todo es una cuestión de medir bien las dosis: por eso hasta las mejores cosas pueden echarse a perder -e incluso convertirse en un ... peligro- si entran en el terreno del exceso. Y esto vale lo mismo para hablar de vino, fármacos, comida, ejercicio... o interés amoroso. En este último terreno, aunque podemos llegar a pensar que lo peor de lo peor es que no nos presten atención (¡esa terrible sensación de 'invisibilidad'!), lo cierto es que un interés excesivo desemboca, en muchos casos, en un ansia de control que echa a perder todo. ¿Dónde está la línea roja entre las atenciones y mimos que a todos nos gusta recibir -un WhatsApp para preguntar qué tal nos va el día, una llamada de buenas noches- y los 'microcontroles' constantes, exceso de mensajes, enfaditos o sospechas si no se responde con rapidez o la petición de la ubicación o de fotos para hacernos seguimiento con el argumento de saber de nosotros?
Celos disfrazados de interés
'¿Con quién estás, cariño?' o '¿por qué tardas tanto en contestar, todo bien?' pueden parecer preguntas inocentes y hasta tiernas de manera aislada. «Y a veces, sí, son bienintencionadas -aclara la experta-. Pero si se convierten en una dinámica habitual y los celos empiezan a presentarse como una prueba de amor, de interés, de que nos echan de menos... alerta máxima». «Las 'red flags' no deberían convertirse en una competición por encontrar defectos en las personas con las que nos relacionamos. Se trata, sobre todo, de reconocer patrones que no queremos normalizar», aclara.
No aceptar un 'no' a la primera
En las primeras etapas de una relación es habitual prestar más atención a la química, a la atracción o al deseo en vez de a determinados comportamientos que, poco a poco, pueden desembocar en problemas. «Cuando marcar un límite supone una negociación sistemática con la pareja, es una 'red flag' evidente», destaca Bizzotto. Insistir, hacer sentir culpa o tratar de convencernos para que cambiemos ciertas cosas (una opinión, horarios, rutinas, amistades) son comportamientos inadmisibles. El asalto a nuestra autonomía es ya evidente. «Venimos de una cultura romántica basada en el darlo todo por el amor y cualquier límite que proteja la individualidad por encima del otro, parece que es ser egoísta», lamenta.
La obligación de estar juntos todo el tiempo
Al principio de una relación queremos estar 24/7 con la persona que nos gusta. Pero, ojo, que el tiempo pasa y nos vamos a arrepentir. No deberíamos olvidarnos de que tenemos amigos, familia, hobbies... «¿Qué se puede hacer si vemos que reclaman todo nuestro tiempo? Tomar conciencia de ello, dejar de normalizar el perder la cabeza por nuestras parejas y darle a otros vínculos la importancia que tienen en nuestras vidas. Oblígate a quedar con tus amistades porque lo vas a agradecer. Así como no dejas de ir al trabajo o de ducharte cuando te enamoras, no dejes de cuidar a tus vínculos», clama.
Y si la persona con la que estamos reacciona negativamente ante nuestro deseo de mantener nuestro espacio, quedar con amistades o disfrutar de tiempo a solas, es importante prestar atención a si se trata de un hecho puntual o de un patrón de comportamiento. Si es algo crónico, deberíamos reflexionar. Y sobre todo, poner límites desde el principio. En sus sesiones de terapia de pareja Bizzotto siempre recomienda una estrategia para marcarlos y establecer acuerdos: comunicar el límite (dices qué es lo que aceptas y lo que no), expresar la necesidad («esto es importante para mí»), comunicar cuáles eran las expectativas insatisfechas, si las ha habido y formular una petición clara y concreta: («¿A partir de ahora, podrías hacer esto?»).
Gracias nada graciosas
Cuidadito con las bromas. Un rasgo de las parejas bien avenidas es que tienen muy presente el sentido del humor, que las salva de muchos roces y mejora la relación. Pero las críticas repetidas sobre el aspecto o las decisiones personales (sutiles y en tono jocoso) «pueden acabar afectando a la percepción que una persona tiene de sí misma». Y llevar a hacer cambios. Es decir, a incomodar a una persona consigo misma y su entorno. Ninguna pareja o amistad debería hacernos sentir inseguros. Un tip de la experta: «Cuando algo nos causa malestar de manera repetida, prestar atención a esa sensación también es una forma de cuidarnos».
Hijas 'vigilando' a sus madres
Curiosamente, las generaciones más jóvenes han normalizado la 'vigilancia' no solo entre sus parejas románticas sino también entre familiares y amigas. «Por ejemplo, coger el teléfono para ver en qué lugar del mundo está tu madre en cualquier momento porque tenéis la ubicación compartida, es algo cada vez más habitual», asegura. Para ella es una forma de vigilancia y control que puede tener efectos nocivos, no solo porque puede desatar conductas tóxicas hacia la otra persona sino también hacia uno mismo. Y nos invita a hacernos estas preguntas: «¿Por qué necesitamos saber esa información en cualquier momento? ¿Qué pasa si no sé dónde está esa persona, qué emociones me genera? ¿Soy incapaz de sentir esa frustración y ansiedad?». «Entonces, quizá tengo un problema que debo resolver y la resolución no pasa por mayor vigilancia...», deja caer.
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