Restos de lo que la Guardia Revolucionaria de Irán afirma que es el caza estadounidense derribado. Telegram
Oriente Próximo Irán ofrece 100.000 M de riales (76.000$) por el piloto del F-15 desaparecido: se agota el tiempo de EEUU para rescatarloTrump sufre un duro revés en un día negro en el que un Blackhawk fue alcanzado por fuego iraní y otro avión de combate se estrelló cerca de Ormuz.
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Luis Villajos Publicada 4 abril 2026 03:05hLas claves nuevo Generado con IA
El derribo este viernes de un caza F-15E Strike Eagle de EEUU en el sur de Irán ha sido celebrado por las autoridades de la nación persa como el mayor revés militar directo sufrido por Trump desde el inicio de la operación Furia Épica.
El golpe es doble: se trata de la primera pérdida confirmada de un avión tripulado estadounidense desde el inicio de las hostilidades y cuestiona la sensación de superioridad aérea que Washington venía proyectando.
El anuncio del derribo por parte del régimen de los ayatolás, del que el Pentágono guardó silencio, desató una campaña a contrarreloj por ambas partes. Por un lado, Irán puso precio a la cabeza de los dos tripulantes de la aeronave mientras EEUU desplegaba una operación de búsqueda de sus militares con aviones, helicópteros y drones, logrando rescatar a uno de los pilotos con vida.
Irán derriba un F-15 de EEUU durante una misión de combate
Diez mil millones de tomanes, lo que equivale a 100.000 millones de riales o 76.000 dólares estadounidenses, es la jugosa recompensa que el gobernador de la provincia iraní de Kohkiluyeh y Buyer Ahmad, donde supuestamente cayó la aeronave, puso sobre la mesa, además de un reconocimiento especial", para quien entregue con vida al "piloto estadounidense criminal".
Mientras presentadores de la televisión estatal y de la agencia Mehranimaban a los ciudadanos de la zona a localizar y capturar al superviviente estadounidense.
Se desconoce su paradero. La prensa estatal de la República Islámica publicó imágenes de fragmentos de la aeronave y de lo que parece un asiento eyectable que pertenecería al caza. Con él, el otro piloto logró catapultarse antes del impacto: ya ha sido recuperado por Washington y se encuentra recibiendo atención médica.
La Guardia Revolucionaria iraní informó de que estaba rastreando una zona cercana al lugar donde cayó el caza y los canales iraníes difundían supuestos vídeos de residentes disparando a helicópteros estadounidenses que participaban en la operación de rescate.
El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagheri Ghalibaf, señalado por algunos medios como el posible interlocutor con Washington aunque él lo ha negado, no dejó pasar la ocasión para burlarse de Trump. "Tras derrotar a Irán 37 veces seguidas, esta brillante guerra sin estrategia que ellos mismos iniciaron ha sido degradada de ‘cambio de régimen’ a ‘¡Oye! ¿Alguien puede encontrar a nuestros pilotos? ¿Por favor? Wow. Qué progreso tan increíble. Unos auténticos genios", ironizó en su perfil de X.
After defeating Iran 37 times in a row, this brilliant no-strategy war they started has now been downgraded from “regime change” to “Hey! Can anyone find our pilots? Please?🥺”
— محمدباقر قالیباف | MB Ghalibaf (@mb_ghalibaf) April 3, 2026
Wow. What incredible progress. Absolute geniuses.
Día negro para EEUU
Y es que este viernes fue un día negro para la ofensiva del republicano contra Teherán. Uno de los Blackhawks participantes en la operación de rescate fue alcanzado por fuego iraní mientras un segundo avión de combate, un A-10 Warthog, se estrelló en el Golfo Pérsico, muy cerca del estrecho de Ormuz, casi a la misma hora que el derribado en Irán, aunque en este caso su único ocupante pudo ser rescatado con vida.
Teherán ha reivindicado el derribo de otros aviones militares en las cinco semanas que lleva la guerra, pero hasta este viernes ninguno de esos supuestos ataques había sido confirmado ni existían pruebas concluyentes.
Hace unos días, el Ejército iraní aseguró haber dañado un F-35, mientras que el Pentágono se limitó a señalar en un comunicado que el aparato tuvo que efectuar un aterrizaje de emergencia en una base del Golfo Pérsico tras una misión de combate, sin aportar detalles sobre un posible impacto.
Según medios estadounidenses, otras aeronaves norteamericanas han sido abatidas durante el conflicto, como tres cazas F-15 derribados por error por las defensas aéreas kuwaitíes, cuyos seis tripulantes lograron eyectarse a salvo.
Además, un avión cisterna KC-135 se estrelló en Irak, aunque la causa todavía no está clara y el Ejército estadounidense sostiene que el incidente no se debió a fuego hostil.
Trump, en la encrucijada
Horas después del derribo, el presidente estadounidense dijo que este incidente no afectaría las negociaciones para poner fin al conflicto con Irán, pese a que Teherán ya trasladó a Pakistán, que ejerce de mediador, que no acudirá a Islamabad en los próximos días a reunirse con una delegación estadounidense, al considerar sus planteamientos inaceptables.
Más allá de estas declaraciones, habrá que ver cómo se materializa la respuesta militar de Trump a este nuevo revés, después de haber amenazado con “devolver a Irán a la Edad de Piedra”.
Mientras tanto, según un informe del New York Times, la inteligencia estadounidense estima que Irán está reconstruyendo con éxito sus búnkeres subterráneos y plataformas de lanzamiento atacadas durante la guerra, lo que permite que vuelvan a estar operativos. Además, mantiene un gran arsenal de misiles y lanzadores.
En las últimas semanas el presidente ha elevado al máximo el tono contra Teherán, prometiendo una represalia devastadora si el régimen cruzaba determinadas líneas rojas. Este derribo pone a prueba esa retórica y obliga a la Casa Blanca a decidir si convierte las amenazas en una escalada militar abierta o si opta por contenerse.
El desafío para Trump es doble: hacia el exterior, frente a un adversario que busca exhibir capacidad de disuasión, y hacia dentro, ante una opinión pública polarizada y un establishment militar que teme verse arrastrado a una guerra de gran escala.
Cualquier gesto, desde un ataque limitado hasta una campaña aérea prolongada, se leerá como un barómetro de su credibilidad tras prometer castigos “históricos” a la República Islámica. La incógnita es si se inclinará por una demostración de fuerza que respalde su discurso o por una respuesta más calibrada que evite un conflicto regional aún mayor.
Al mismo tiempo, la presión sobre el republicano aumenta por parte de sus aliados y socios en la región, que reclaman contundencia pero también temen convertirse en blanco de las represalias iraníes.
En ese tablero, la respuesta de Washington tras este revés no solo definirá el siguiente capítulo del pulso con Teherán, sino también el equilibrio de poder en Oriente Próximo y la propia imagen del presidente, que ha hecho de sus continuas amenazas su narrativa de fuerza.