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Maniobras militares en el Estrecho de Ormuz. Efe Irán y Ormuz abren una nueva prueba de estrés para el petróleoLa OPEP+ suma 206.000 barriles diarios antes de que el petróleo ponga precio al riesgo geopolítico
Domingo, 1 de marzo 2026, 15:04 | Actualizado 15:38h.
... la posibilidad de que el Estrecho de Ormuz —por donde transita en torno al 20% del suministro mundial de crudo— deje de ser una vía segura. No es un episodio geopolítico más: es el mayor cuello de botella del comercio energético internacional.El Estrecho ha sido epicentro de amenazas de cierre y bloqueo —hasta ahora nunca ejecutadas—. Este fin de semana, decenas de barcos aguardaban a uno y otro lado mientras, según Reuters, y tal como confirmaron Aspides —la misión naval de la Unión Europea— y la Agencia de Operaciones Comerciales del Reino Unido, se informaba por radio a los navíos de que no se podía transitar por esa vía estratégica. Los datos GPS muestran un atasco relevante en la entrada y salida, aunque por el momento no se constata un cierre total.
Un hipotético bloqueo «sería el verdadero botón nuclear de Irán», señalan expertos en comercio internacional. La expresión no es exagerada: interrumpir el flujo afectaría no solo al 20% del crudo global, sino también a la propia economía iraní, altamente dependiente de esas exportaciones. Esa doble cara explica por qué, ni siquiera en momentos de máxima tensión —como tras el asesinato de Qasem Soleimani en 2020—, se ejecutó el cierre. Tampoco prosperó el verano pasado la aprobación parlamentaria para clausurarlo «hasta nuevo aviso». La amenaza quedó en papel mojado.
Los mercados, de hecho, se han acostumbrado a ese equilibrio inestable. En este último episodio, el Brent cerró el viernes en 72,48 dólares por barril. Solo el ataque posterior a bases estadounidenses en países del Golfo impulsó las subidas por encima del 5%. «Es más fácil decir que se cierra que hacerlo», escribió en su cuenta de X Gonzalo Escribano, investigador principal y director del Programa de Energía y Clima del Real Instituto Elcano.
72,48 dólares
por barril fue el precio de cierre del Brent el pasado viernes
Aun así, el riesgo no es irrelevante. Algunos analistas proyectan que el crudo podría aproximarse a los 100 dólares si la tensión se consolida. Escribano se mantiene prudente: «Los precios subirán el lunes, pero existen reservas estratégicas que pueden calmarlos». Santiago Carbó, catedrático de Economía de CUNEF Universidad, sitúa un escenario base en torno a los 80 dólares, aunque advierte de que «nos iríamos por encima de los 100 dólares si la escalada se mantiene en el tiempo».
El mercado, no obstante, cuenta con cierto margen de amortiguación. La Agencia Internacional de la Energía estima una sobrecapacidad de 3,7 millones de barriles diarios. En ese contexto, la alianza OPEP+, liderada por Arabia Saudí y Rusia, confirmó este domingo un aumento de producción de 206.000 barriles diarios, alegando «perspectivas estables y bajas reservas», sin hacer referencia explícita a la escalada con Irán.
Ese margen estructural es clave. Según investigadores del Real Instituto Elcano, la oferta mundial podría superar a la demanda en 3,7 millones de barriles diarios en 2026 y la capacidad ociosa ya supera los 5 millones. Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Irak y Kuwait podrían, en principio, compensar incluso una pérdida total del suministro iraní a corto plazo. Ese colchón limita el potencial de un shock prolongado, aunque no elimina la volatilidad inmediata.
Este lunes, coinciden varias casas de análisis, el precio del crudo se disparará, aunque su techo dependerá de cuánto tiempo pueda Teherán sostener la amenaza sin alterar de forma efectiva el tránsito por Ormuz. La incertidumbre geopolítica ya ha elevado la prima de riesgo del petróleo y, en menor medida, la del gas natural. En caso de escalada, advierte Carbó, esa prima podría transformarse en una auténtica «prima de guerra».
La tensión ya se refleja en el transporte marítimo. Aseguradoras especializadas en riesgo de guerra han comenzado a emitir avisos de cancelación de pólizas para buques que operan en el Golfo y el Estrecho de Ormuz, con la intención de renegociar coberturas a precios sensiblemente superiores. Las primas podrían encarecerse hasta un 50% en los próximos días, según fuentes del sector.
El seguro para un petrolero valorado en 100 millones de dólares, que hasta ahora suponía en torno al 0,25% de su coste de reposición por travesía, podría aumentar en decenas de miles de dólares adicionales por viaje. Algunos armadores han empezado ya a desviar rutas ante el riesgo de incidentes, mientras circulan advertencias por radio atribuidas a la Guardia Revolucionaria iraní sobre posibles restricciones al tránsito.
Aseguradoras especializadas en riesgo de guerra han comenzado a emitir avisos de cancelación de pólizas para buques que operan en el Golfo y el Estrecho de Ormuz
El encarecimiento de los seguros y de los fletes constituye, en la práctica, una primera traslación de la prima geopolítica al comercio energético, incluso antes de que se produzca una interrupción física del suministro.
El instituto contempla tres escenarios. Un bloqueo parcial de las exportaciones iraníes tendría un impacto limitado y transitorio en un mercado sobreabastecido. Una presión militar intermitente podría elevar el barril entre 5 y 10 dólares a corto plazo antes de moderarse conforme otros productores compensen la oferta. En el extremo, una escalada descontrolada con afectación del tránsito por Ormuz impulsaría subidas superiores a los 15 dólares y podría situar el Brent en el entorno de los 100 dólares o incluso por encima si la disrupción se prolonga.
El verdadero impacto se mediría en el medio plazo. Un repunte sostenido del crudo se trasladaría a la inflación global, tensionando de nuevo el poder adquisitivo de los hogares en un momento de crecimiento moderado. Tras la crisis derivada de la invasión rusa de Ucrania, los bancos centrales apenas han terminado de normalizar la política monetaria. Un nuevo shock energético reabriría el debate sobre tipos de interés, consumo y estabilidad política en economías ya fatigadas por años de pérdida de renta real.
El lunes no solo se pondrá precio al petróleo. Se pondrá precio a la credibilidad de la amenaza. Y, con ella, al riesgo de que la prima geopolítica se convierta en algo más duradero.
Impacto en España
España no quedaría al margen. Como economía importadora neta de energía, depende casi por completo del suministro exterior de crudo. Un encarecimiento sostenido del barril se trasladaría con rapidez a los combustibles, al transporte y, en cadena, al conjunto de los precios.
La experiencia de 2022 mostró que los shocks energéticos no solo afectan al recibo del combustible: condicionan la política monetaria, el gasto público y el crecimiento.
Gasolina y diésel absorberían el impacto de forma casi inmediata, pero también lo harían el transporte aéreo y marítimo, la logística y, en última instancia, los bienes de consumo. En un contexto en el que la inflación comienza a moderarse tras los picos de los últimos años, un nuevo repunte energético podría frenar esa normalización y tensionar de nuevo la renta disponible de los hogares.
La experiencia de 2022 mostró que los shocks energéticos no solo afectan al recibo del combustible: condicionan la política monetaria, el gasto público y el crecimiento. La magnitud del efecto dependerá, como en el plano global, de la duración y la intensidad de la escalada.
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