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Isidora y Pepa, las consuegras centenarias del Puerto de la Torre

Isidora y Pepa, las consuegras centenarias del Puerto de la Torre
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Ambas nacieron en 1922 y, con la excepción de algún que otro achaque, gozan de una salud excelente. El destino quiso que se convirtieran en familia y el destino las mantiene unidas a sus 104 años
Isidora y Pepa, las consuegras centenarias del Puerto de la Torre

Ambas nacieron en 1922 y, con la excepción de algún que otro achaque, gozan de una salud excelente. El destino quiso que se convirtieran en familia y el destino las mantiene unidas a sus 104 años

Regala esta noticia Añádenos en Google Pepa e Isidora, sentadas en un parque cerca del hogar del jubilado del Puerto de la Torre. (Migue Fernández)

Raquel Merino

Málaga

09/06/2026 a las 00:32h.

La primera en aparecer a la entrevista es Isidora. Acompañada por su hija, camina despacio. De lejos parece frágil pero conforme se acerca, sus ojos ... y su sonrisa transmiten vitalidad. «¿Qué están aquí por mí? —pregunta—, ¡qué alegría!».

Quién diría que ambas tienen 104 años..., bueno, Pepa los cumple en julio. El destino quiso que las dos nacieran el mismo año, en 1922, y que coincidieran en Málaga, siendo Isidora de Salamanca —concretamente de San Esteban de la Sierra— y Pepa, de Jaén. El destino también quiso que el hijo de Pepa y la hija de Isidora se conocieran y acabaran casándose, por lo que se convirtieron en familia.

Tienen sus achaques, pero estos no les impiden andar ni subir escaleras. ¿Habrá sido el destino el que las ha llevado a cumplir los 104 años en buen estado de salud y sus recuerdos intactos o es la forma en la que han afrontado la vida?

Ambas pertenecen a una generación dura, la que atravesó en su juventud el desgarro de la Guerra Civil y la cruenta posguerra, pero ellas han sabido mantener su alegría de vivir.

Cuando se les pregunta sobre el secreto de su longevidad responden de manera sencilla, como si superar los 100 fuera algo fácil. «Yo creo que es porque se llega, porque tu destino es ese y ya está», comenta Pepa. Para Isidora es comer bien, «el buen cocido es muy bueno», asegura.

Pepa Anguita Lara, orgullosa de su independencia

«¿Sabes lo que es ser dueña de ti misma? A Dios le doy las gracias a cada momento»

(Migue Fernández)

Mientras muchos asocian la vejez con la dependencia, Pepa es un claro ejemplo de autosuficiencia. Vive sola, cocina, pone lavadoras, tiende, recoge su casa y valora enormemente esa independencia. «Es lo que he querido siempre, hacer lo que yo quiera. Si quiero poner la tele, la pongo; si la quiero quitar, la quito; si me quiero acostar, me acuesto». Orgullosa remata: «¿Sabes lo que es ser dueña de ti misma? A Dios le doy las gracias a cada momento. Es muy importante, eso es la vida».

Pepa es hija de un minero que decidió cambiar de rumbo e hizo fortuna con sus negocios, primero con un bar en Jáen y después montando una churrería en Málaga donde vendía los típicos churros madrileños. «Yo he sido una pobre niña rica, porque no era señorita como se decía antiguamente, pero vivía estupendamente», relata. A los 19 años se casó con un militar al que trasladaban de un lugar a otro, por lo que vivió tres años en León y unos 15 en Sevilla. Su marido murió con 59 años y nunca rehizo su vida con otra persona porque valora mucho su independencia.

Tiene dos hijos, varios nietos y nietas «que me quieren muchísimo» y también biznietos; un grupo de amigas con las que charlar y sus siete cuñados siempre la trataron como a una hermana. Su gran afición es la lectura, sobre todos libros que le hagan pensar y de los que pueda debatir, y no usa gafas, ni para leer, ni siquiera para coser. Le gusta verse bien ante el espejo, es innato en ella, comenta. Y no solo por coquetería sino porque «transmite alegría a los demás. Eso es lo que intento, no darle pena a nadie».

(Migue Fernández)

Si Pepa rompe moldes al vivir sola y ser completamente autosuficiente a sus 104 años, su consuegra Isidora no se queda atrás. Está un poco más delicada porque tiene problemas de visión y de oído, pero su memoria está intacta. A la pregunta de cuál es la mejor época que recuerda, afirma que todas. «Todo era bueno, no he conocido nada malo». Podría parecer que se lo han dado todo hecho, pero nada más lejos de la realidad.

De joven, iba en busca de leche montada en un mulo porque, según cuenta, «se llevaron las cabras a Pajares», un antiguo caserío dentro del término municipal de San Esteban de la Sierra, en Salamanca. Y como era habitual en la época, lavaba la ropa en el río. Pero lo recuerda con una sonrisa. Para ella, su niñez y juventud en el pueblo salmantino fue una etapa muy feliz: «Mi padre era muy bueno y nunca nos faltó de nada».

Mientras le hacen fotos para el reportaje sentada en un banco junto a Pepa, Isidora no para de canturrear. Y es que siempre le ha gustado la fiesta, sobre todo los carnavales.

—«Yo hacía vestidos para todas, para disfrazarnos. Y era la más rebelde».

—«¿Por qué dice eso?»

—«Porque era la primera, a la que más le gustaba bailar. Tocaba la sartén con una llave, así (dice mientras mueve sus manos como si volviera a aquella época)»

los secretos que han llevado a cinco lugares en el mundo a incluirse en el grupo de las llamadas 'zonas azules' por su alta concentración de centenarios, entre otros, tener un propósito de vida, una buena alimentación y moverse de manera natural y vigorosa.

A título personal añadiría, no achantarse ante nada y enfrentarse a sus largas vidas siempre con una sonrisa.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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