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Japón tiene un plan colosal para no depender del gas: un parque eólico de 1 GW flotando frente a la costa de Tokio

Japón tiene un plan colosal para no depender del gas: un parque eólico de 1 GW flotando frente a la costa de Tokio
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Las aguas frente a la cadena de islas de Izu, en el océano Pacífico, podrían albergar pronto un coloso de la ingeniería moderna. El Gobierno Metropolitano de Tokio ha puesto sobre la mesa un plan sin precedentes: construir el parque eólico marino flotante más grande del mundo. La meta de este megaproyecto es alcanzar una capacidad de generación de al menos 1 gigavatio (GW), una cifra colosal que equivale a la potencia de un reactor nuclear convencional. Una ambición que va más allá. De acuerdo con datos de la Agencia Internacional de la Energía citados por la revista Nature, Japón depende enormemente de la importación de costosos combustibles fósiles. Encender un parque eólico de 1 GW recortaría de un plumazo unos 300 millones de dólares anuales en la factura de importación de combustible del país. Además, el contexto internacional no da tregua. Un riguroso análisis del Institute for Energy Economics and Financial Analysis (IEEFA) explica que la Tercera Guerra del Golfo han vuelto a desnudar la vulnerabilidad energética de Japón, fuertemente atado al gas natural licuado (GNL). Aunque el gobierno central ha respondido reactivando viejas centrales de carbón y reactores nucleares, el IEEFA advierte que esta estrategia está asfixiando a las energías renovables nacionales. El proyecto de Izu representaría una alternativa limpia capaz de ofrecer seguridad energética sin quedar a merced de la geopolítica. A esto se suma un factor existencial para la capital: la protección ante desastres naturales. Como destaca Japan News, este parque eólico flotante funcionaría como una fuente de electricidad de emergencia vital si un gran terremoto golpeara directamente bajo Tokio, paralizando la red de las islas principales. En Xataka El mapa más fascinante que vas a ver hoy: toda la infraestructura eléctrica del planeta, en una infografía interactiva El salto de escala: de Noruega al Pacífico. Para entender la magnitud de lo que intenta Japón, es necesario mirar hacia el Mar del Norte. Actualmente, el parque eólico flotante operativo más grande del mundo se encuentra en Noruega y produce menos de 100 megavatios. Se trata de la referencia mundial en esta tecnología, pero la visión de Tokio es, literalmente, diez veces mayor. Mientras que el proyecto noruego demostró que la tecnología era viable, Japón quiere demostrar que puede ser masiva, escalando una solución de nicho a una infraestructura de rango nacional. La ingeniería detrás del gigante. En lugar de perforar el fondo del océano —lo que requiere excavaciones pesadas que dañan severamente el ecosistema local—, el diseño optará por plataformas flotantes. Estas turbinas descansarán sobre la superficie del agua, aseguradas mediante un complejo sistema de amarres y anclajes al lecho marino. La energía capturada viajará unos 160 kilómetros hacia el norte hasta llegar a los enchufes de Tokio a través de una arteria oculta: cables de transmisión submarinos de alto voltaje. Pero Japón no es el dócil Mar del Norte europeo. Sus aguas se enfrentan a tifones devastadores, fuertes terremotos y una profundidad costera vertiginosa. Para domar estos elementos, Nature detalla que los investigadores japoneses están utilizando el superordenador Fugaku —uno de los más rápidos del mundo— para simular el comportamiento del viento y optimizar la disposición del parque. Además, están desarrollando tecnología LiDAR de medición remota por láser para leer el clima en alta mar con precisión quirúrgica. El Estado como explorador. Curiosamente, el mayor motor del proyecto no es una corporación privada, sino el propio gobierno. Ante el miedo de las empresas a asumir los altísimos costes iniciales, el Gobierno Metropolitano de Tokio ha decidido actuar como explorador.  Según SCMP, las autoridades han triplicado su presupuesto para 2026 y gastarán unos 9.000 millones de yenes (unos 56 millones de dólares) en mapear la topografía del fondo marino y estudiar los patrones del viento. La idea es entregar esta información ya procesada a los contratistas para seducirlos y animarlos a participar en las licitaciones. Las sombras y el escepticismo. Pese al entusiasmo institucional, el camino hacia 2035 está plagado de escollos y el sector privado mira el plan con indisimulada cautela. Tal y como recuerdan los medios japoneses, la desconfianza empresarial tiene precedentes recientes: en 2025, el gigante Mitsubishi Corp. abandonó importantes proyectos eólicos marinos en Akita y Chiba argumentando la extrema complejidad del fondo marino, la escalada en los costes de los materiales y la debilidad del yen. El calendario también genera dudas. Expertos consultados por Interesting Engineering tildan la meta de 2035 de "poco realista", recordando que este tipo de megaproyectos en alta mar suelen tardar más de una década en fraguarse y que, a día de hoy, la región de Izu está catalogada simplemente como "zona de preparación", la etapa burocrática más temprana. La trampa del gigavatio. Pero, ¿estamos hablando de 1 GW reales? Analistas citados por SCMP advierten de que, aunque la capacidad instalada sea de 1 GW (similar a un reactor nuclear), el rendimiento real de la energía eólica ronda el 40%, muy por debajo del 80-90% de producción constante que ofrece la energía atómica. Por último, existe un problema sistémico en la propia red eléctrica nipona. El informe del IEEFA denuncia que la priorización de la energía nuclear de carga base por parte del gobierno central ha creado un sistema tan rígido que, con frecuencia, los operadores se ven obligados a desconectar y desperdiciar (curtailment) la energía renovable producida en los picos de sol o viento. Este desperdicio mina la rentabilidad de cualquier futuro parque y ahuyenta a los inversores. Entre la utopía y la vanguardia. El "monstruo flotante" de Izu encapsula el gran dilema del Japón contemporáneo. Por un lado, representa el cenit de la ambición tecnológica de una nación dispuesta a domar tifones, preservar la ecología marina y blindar la supervivencia energética de una de las mayores megalópolis del planeta frente a crisis globales y cataclismos sísmicos. Por otro, se enfrenta a la fría realidad de los balances financieros, los cuellos de botella burocráticos y un sector privado escaldado por la inflación. Si Tokio logra desenredar esta maraña, atraer a los gigantes de la construcción y encender las turbinas para 2035, el proyecto no solo iluminará la capital japonesa; se convertirá en el faro definitivo para la energía eólica mundial en aguas profundas. De lo contrario, el coloso de Izu corre el riesgo de quedarse anclado para siempre como una costosa utopía sobre el papel. Imagen | Freepik Xataka | España no espera a Francia: estudia un enorme cable submarino con la lejana Irlanda para dejar de ser una isla energética - La noticia Japón tiene un plan colosal para no depender del gas: un parque eólico de 1 GW flotando frente a la costa de Tokio fue publicada originalmente en Xataka por Alba Otero .
Japón tiene un plan colosal para no depender del gas: un parque eólico de 1 GW flotando frente a la costa de Tokio
  • El escudo ante el gran terremoto: cómo el megaparque de Izu busca convertirse en la batería de emergencia definitiva para sobrevivir a un colapso en Tokio

  • Un "rescate" preventivo de 56 millones: el inédito movimiento del gobierno de Tokio asumiendo los costes de exploración para evitar que las empresas huyan

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Alba Otero

Editora - Energía

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Las aguas frente a la cadena de islas de Izu, en el océano Pacífico, podrían albergar pronto un coloso de la ingeniería moderna. El Gobierno Metropolitano de Tokio ha puesto sobre la mesa un plan sin precedentes: construir el parque eólico marino flotante más grande del mundo. La meta de este megaproyecto es alcanzar una capacidad de generación de al menos 1 gigavatio (GW), una cifra colosal que equivale a la potencia de un reactor nuclear convencional.

Una ambición que va más allá. De acuerdo con datos de la Agencia Internacional de la Energía citados por la revista Nature, Japón depende enormemente de la importación de costosos combustibles fósiles. Encender un parque eólico de 1 GW recortaría de un plumazo unos 300 millones de dólares anuales en la factura de importación de combustible del país.

Además, el contexto internacional no da tregua. Un riguroso análisis del Institute for Energy Economics and Financial Analysis (IEEFA) explica que la Tercera Guerra del Golfo han vuelto a desnudar la vulnerabilidad energética de Japón, fuertemente atado al gas natural licuado (GNL). Aunque el gobierno central ha respondido reactivando viejas centrales de carbón y reactores nucleares, el IEEFA advierte que esta estrategia está asfixiando a las energías renovables nacionales. El proyecto de Izu representaría una alternativa limpia capaz de ofrecer seguridad energética sin quedar a merced de la geopolítica.

A esto se suma un factor existencial para la capital: la protección ante desastres naturales. Como destaca Japan News, este parque eólico flotante funcionaría como una fuente de electricidad de emergencia vital si un gran terremoto golpeara directamente bajo Tokio, paralizando la red de las islas principales.

En XatakaEl mapa más fascinante que vas a ver hoy: toda la infraestructura eléctrica del planeta, en una infografía interactiva

El salto de escala: de Noruega al Pacífico. Para entender la magnitud de lo que intenta Japón, es necesario mirar hacia el Mar del Norte. Actualmente, el parque eólico flotante operativo más grande del mundo se encuentra en Noruega y produce menos de 100 megavatios. Se trata de la referencia mundial en esta tecnología, pero la visión de Tokio es, literalmente, diez veces mayor. Mientras que el proyecto noruego demostró que la tecnología era viable, Japón quiere demostrar que puede ser masiva, escalando una solución de nicho a una infraestructura de rango nacional.

La ingeniería detrás del gigante. En lugar de perforar el fondo del océano —lo que requiere excavaciones pesadas que dañan severamente el ecosistema local—, el diseño optará por plataformas flotantes. Estas turbinas descansarán sobre la superficie del agua, aseguradas mediante un complejo sistema de amarres y anclajes al lecho marino. La energía capturada viajará unos 160 kilómetros hacia el norte hasta llegar a los enchufes de Tokio a través de una arteria oculta: cables de transmisión submarinos de alto voltaje.

Pero Japón no es el dócil Mar del Norte europeo. Sus aguas se enfrentan a tifones devastadores, fuertes terremotos y una profundidad costera vertiginosa. Para domar estos elementos, Naturedetalla que los investigadores japoneses están utilizando el superordenador Fugaku —uno de los más rápidos del mundo— para simular el comportamiento del viento y optimizar la disposición del parque. Además, están desarrollando tecnología LiDAR de medición remota por láser para leer el clima en alta mar con precisión quirúrgica.

El Estado como explorador. Curiosamente, el mayor motor del proyecto no es una corporación privada, sino el propio gobierno. Ante el miedo de las empresas a asumir los altísimos costes iniciales, el Gobierno Metropolitano de Tokio ha decidido actuar como explorador. 

Según SCMP, las autoridades han triplicado su presupuesto para 2026 y gastarán unos 9.000 millones de yenes (unos 56 millones de dólares) en mapear la topografía del fondo marino y estudiar los patrones del viento. La idea es entregar esta información ya procesada a los contratistas para seducirlos y animarlos a participar en las licitaciones.

Las sombras y el escepticismo. Pese al entusiasmo institucional, el camino hacia 2035 está plagado de escollos y el sector privado mira el plan con indisimulada cautela. Tal y como recuerdan los medios japoneses, la desconfianza empresarial tiene precedentes recientes: en 2025, el gigante Mitsubishi Corp. abandonó importantes proyectos eólicos marinos en Akita y Chiba argumentando la extrema complejidad del fondo marino, la escalada en los costes de los materiales y la debilidad del yen.

El calendario también genera dudas. Expertos consultados por Interesting Engineering tildan la meta de 2035 de "poco realista", recordando que este tipo de megaproyectos en alta mar suelen tardar más de una década en fraguarse y que, a día de hoy, la región de Izu está catalogada simplemente como "zona de preparación", la etapa burocrática más temprana.

La trampa del gigavatio. Pero, ¿estamos hablando de 1 GW reales? Analistas citados por SCMP advierten de que, aunque la capacidad instalada sea de 1 GW (similar a un reactor nuclear), el rendimiento real de la energía eólica ronda el 40%, muy por debajo del 80-90% de producción constante que ofrece la energía atómica.

Por último, existe un problema sistémico en la propia red eléctrica nipona. El informe del IEEFA denuncia que la priorización de la energía nuclear de carga base por parte del gobierno central ha creado un sistema tan rígido que, con frecuencia, los operadores se ven obligados a desconectar y desperdiciar (curtailment) la energía renovable producida en los picos de sol o viento. Este desperdicio mina la rentabilidad de cualquier futuro parque y ahuyenta a los inversores.

Entre la utopía y la vanguardia. El "monstruo flotante" de Izu encapsula el gran dilema del Japón contemporáneo. Por un lado, representa el cenit de la ambición tecnológica de una nación dispuesta a domar tifones, preservar la ecología marina y blindar la supervivencia energética de una de las mayores megalópolis del planeta frente a crisis globales y cataclismos sísmicos. Por otro, se enfrenta a la fría realidad de los balances financieros, los cuellos de botella burocráticos y un sector privado escaldado por la inflación.

Si Tokio logra desenredar esta maraña, atraer a los gigantes de la construcción y encender las turbinas para 2035, el proyecto no solo iluminará la capital japonesa; se convertirá en el faro definitivo para la energía eólica mundial en aguas profundas. De lo contrario, el coloso de Izu corre el riesgo de quedarse anclado para siempre como una costosa utopía sobre el papel.

Imagen | Freepik

Xataka | España no espera a Francia: estudia un enorme cable submarino con la lejana Irlanda para dejar de ser una isla energética

Fuente original: Leer en Xataka
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