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Jeanette Winterson, Sherezade contra el algoritmo

Jeanette Winterson, Sherezade contra el algoritmo
Artículo Completo 746 palabras
En los últimos años, Jeanette Winterson muestra un afán particular por revisar los clásicos. Tras las novelas 'Frankissstein: una historia de amor' y 'El hueco del tiempo’ —su versión de 'Cuento de invierno', de Shakespeare—, le toca el turno a 'Las mil y una noches’. Pero en 'Un Aladino y dos lámparas' no intenta reescribir el relato del muchacho que libera al genio; lo usa para urdir un ensayo en el que los objetos mágicos y las criaturas míticas conviven con recuerdos personales y reflexiones sobre la desigualdad , el capitalismo digital y el arte como motor de cambio.Narrativa 'Un Aladino y dos lámparas' Autora Jeanette Winterson Traducción Editorial Lumen Año 2026 Páginas 256 Precio 20,90 euros Valoración ***La autora enhebra ideas y anécdotas con una mezcla deliciosa de erudición y espíritu lúdico. Lo hace al tiempo que rescata dos personajes clave del clásico oriental: Sherezade , la narradora que aplaza su muerte contando historias, epítome de la ficción como resistencia , y Aladino, el joven que encarna el triunfo de la humildad. Se sirve de ambos para reivindicar el poder transformador de la imaginación.El inconformismo marca la trayectoria de Winterson . Lesbiana, de clase trabajadora e hija adoptiva de una madre cruel y refractaria a la cultura, consiguió convertirse contra todo pronóstico en escritora de éxito gracias a la sección 'Literatura inglesa en prosa de la A a la Z' de la biblioteca pública de su ciudad. Lo cuenta aquí y en otros libros, desde los que defiende la lectura como espacio de libertad.Noticia relacionada No No Libros Luis Landero, el embrujo de la narración José María Pozuelo YvancosEn estas páginas da un paso más. Como si se hubiera propuesto dibujar el mapa de su pensamiento, recoge sus preocupaciones recurrentes — la identidad, el lenguaje, la violencia — y las enlaza con vivencias personales y fragmentos menos conocidos de 'Las mil y una noches'. El resultado es un relato ágil y lleno de energía en el que convergen con gracia reflexión social, autobiografía y fábula.La propia ambición del libro podría constituir su punto débil: en su afán totalizador, no todas las ideas resultan igual de originales o profundas ni están enlazadas con el mismo acierto (comparar al Yago de 'Otelo' o el Saruman de 'El señor de los anillos' con los ‘influencers’ y los propietarios de las redes sociales por la manipulación que ejercen parece, por ejemplo, algo forzado). El entusiasmo también propicia que la autora se acerque por momentos a la autoayuda o abrace cierta candidez, como cuando apuesta por el potencial igualador del transhumanismo.El entusiasmo propicia que la autora se acerque por momentos a la autoayuda o abrace cierta candidezCon todo, resulta fascinante recorrer unas páginas que funcionan como una ventana a la mente de Winterson: una inteligencia que salta con naturalidad del castigo de un geniecillo malicioso a los abusos contra las mujeres o de un agridulce recuerdo infantil a la especulación optimista sobre el futuro.Mrs. W —como la autora se refiere siempre a su madre— solía advertirle: «El problema con un libro es que nunca sabes lo que hay dentro hasta que es demasiado tarde». Tenía razón, aunque no del modo pretendido. Abrir este libro es arriesgarse a que algo cambie : en esa imprevisibilidad antialgorítmica reside su fuerza.

En los últimos años, Jeanette Winterson muestra un afán particular por revisar los clásicos. Tras las novelas 'Frankissstein: una historia de amor' y 'El hueco del tiempo’ —su versión de 'Cuento de invierno', de Shakespeare—, le toca el turno a 'Las mil y una ... noches’.

Pero en 'Un Aladino y dos lámparas' no intenta reescribir el relato del muchacho que libera al genio; lo usa para urdir un ensayo en el que los objetos mágicos y las criaturas míticas conviven con recuerdos personales y reflexiones sobre la desigualdad, el capitalismo digital y el arte como motor de cambio.

La autora enhebra ideas y anécdotas con una mezcla deliciosa de erudición y espíritu lúdico. Lo hace al tiempo que rescata dos personajes clave del clásico oriental: Sherezade, la narradora que aplaza su muerte contando historias, epítome de la ficción como resistencia, y Aladino, el joven que encarna el triunfo de la humildad. Se sirve de ambos para reivindicar el poder transformador de la imaginación.

El inconformismo marca la trayectoria de Winterson. Lesbiana, de clase trabajadora e hija adoptiva de una madre cruel y refractaria a la cultura, consiguió convertirse contra todo pronóstico en escritora de éxito gracias a la sección 'Literatura inglesa en prosa de la A a la Z' de la biblioteca pública de su ciudad. Lo cuenta aquí y en otros libros, desde los que defiende la lectura como espacio de libertad.

Luis Landero, el embrujo de la narración

En estas páginas da un paso más. Como si se hubiera propuesto dibujar el mapa de su pensamiento, recoge sus preocupaciones recurrentes —la identidad, el lenguaje, la violencia— y las enlaza con vivencias personales y fragmentos menos conocidos de 'Las mil y una noches'. El resultado es un relato ágil y lleno de energía en el que convergen con gracia reflexión social, autobiografía y fábula.

La propia ambición del libro podría constituir su punto débil: en su afán totalizador, no todas las ideas resultan igual de originales o profundas ni están enlazadas con el mismo acierto (comparar al Yago de 'Otelo' o el Saruman de 'El señor de los anillos' con los ‘influencers’ y los propietarios de las redes sociales por la manipulación que ejercen parece, por ejemplo, algo forzado).

El entusiasmo también propicia que la autora se acerque por momentos a la autoayuda o abrace cierta candidez, como cuando apuesta por el potencial igualador del transhumanismo.

El entusiasmo propicia que la autora se acerque por momentos a la autoayuda o abrace cierta candidez

Con todo, resulta fascinante recorrer unas páginas que funcionan como una ventana a la mente de Winterson: una inteligencia que salta con naturalidad del castigo de un geniecillo malicioso a los abusos contra las mujeres o de un agridulce recuerdo infantil a la especulación optimista sobre el futuro.

Mrs. W —como la autora se refiere siempre a su madre— solía advertirle: «El problema con un libro es que nunca sabes lo que hay dentro hasta que es demasiado tarde». Tenía razón, aunque no del modo pretendido. Abrir este libro es arriesgarse a que algo cambie: en esa imprevisibilidad antialgorítmica reside su fuerza.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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