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Jesús Saldaña, en una imagen cedida por la familia. Jesús, el cardiólogo malagueño que salvaba vidas y se dejó la suya en el accidente de los trenesEl joven, de 30 años y criado en Nueva Málaga, trabajaba en el Hospital de La Paz y había sido un alumno brillante en Medicina, donde logró el mejor expediente académico de su promoción
Málaga
Miércoles, 21 de enero 2026, 00:22
... el tiempo. Es lo único que ha encontrado de él Natalia, su hermana, que lo ha buscado sin descanso desde que se enteró de que varios vagones del tren Iryo en el que viajaba a Madrid habían descarrilado y se habían estrellado contra un Alvia a la altura de Adamuz (Córdoba).La esperanza se fue diluyendo a lo largo del día de ayer, cuando se enteraron, primero por la prensa y después por una fuente extraoficial, de que Jesús estaba entre los fallecidos. «Me está escribiendo gente para darme el pésame y todavía no nos ha llamado nadie para comunicarnos oficialmente que está muerto. Es muy duro todo esto», expresa su hermana, Natalia, que es una voz entrecortada al otro lado del teléfono.
Jesús tenía claro que quería ser médico prácticamente desde niño. Con ocho años, cuando supo que su abuelo materno sufría una cardiopatía, decidió que quería estudiar la carrera para curarlo. Se crio en Nueva Málaga y estudió en Gamarra, donde fue uno de los mejores alumnos, si no el mejor, que han pasado por el centro. «Siempre ha sido un crío muy bueno. Desde su primera profesora de infantil, Paqui, todos sus tutores nos decían que era un niño maravilloso», cuenta Natalia.
Además de bueno, era brillante. Obtuvo el premio extraordinario al mejor expediente académico en la ESO, en bachiller sacó todas las asignaturas con matrícula de honor y en la selectividad de 2013 -este periódico se hizo eco y lo entrevistó- sacó la mejor nota (13,81) que le permitió entrar de sobra en Medicina. En la fiesta de graduación, sus compañeros le leyeron una carta que habían escrito entre todos dándole las gracias porque siempre había estado dispuesto a ayudarlos.
En el grado siguió por el mismo camino. Lo terminó con el mejor expediente académico de su promoción y sacó el número 44 en el MIR, lo que le permitió entrar en el área de cardiología del hospital de La Paz, un referente para él, donde se integró a la perfección y mejoró la gestión de la información de los pacientes, porque también hizo un máster de Big Data. «Lo mismo hacía un programa informático que te trataba un infarto agudo de miocardio«, resume Natalia, que es pediatra.
En 2013 fue el alumno con mejor expediente y ya tenía claro que quería estudiar Medicina Diez años después de la imagen anterior, en 2023, en otra entrevista con este periódico, cuando era residente en el servicio de Cardiología de La Paz de Madrid.Era feliz en el hospital madrileño, pero sus planes pasaban por volver a su ciudad, con su familia. El primer paso de ese viaje de vuelta ya lo había hecho Elena, su novia, quien tras un periodo en la capital de España aceptó un contrato para trabajar -es médico digestivo- en el Regional de Málaga. Ya habían puesto fecha a la boda y habían reservado hasta el lugar de la celebración. El 22 de agosto, un día antes del cumpleaños de Jesús. «Tenían ya las cositas reservadas. Su novia es su luz y su faro, tan buena niña como él», dice la hermana del joven.
El domingo por la tarde, mientras él viajaba a Madrid en el vagón 8 del Iryo, su tío Ricardo consultaba la web de Idealista en busca de pisos en la zona de Pedregalejo, donde vive, con la esperanza de encontrar algo asequible para que su sobrino se pudiera mudar lo antes posible. Hasta entonces, le quedaban los fines de semana. «Si no tenía guardias, volvía para pasarlos con su novia y con su familia», explica Ricardo.
Por eso vino a Málaga el pasado viernes 16 de enero. Por eso y porque el sábado su primo Juan, al que estaba muy unido, cumplía años. Lo celebraron con toda la familia. El domingo, almorzó en casa de sus padres con su hermana Natalia, que ahora recuerda, rota, que sus hijas se peleaban por sentarse al lado del «titi». La pequeña no quería separarse de él y le dijo a su madre que se iba con Jesús a Madrid.
A Natalia se le amontonan las anécdotas y los recuerdos mientras busca adjetivos que abarquen lo que es para ella su hermano. «Mi niño», expresa, un joven siempre dispuesto a ayudar a los demás, al que le gusta la música de Ed Sheeran, los libros de Harry Potter y El Señor de los Anillos, las series de intriga y los juegos de mesa, que compartía con sus sobrinas. También viajar con su novia y sus amigos. El de bodas planeaban hacerlo a Nueva Zelanda.
A falta de la confirmación oficial, la familia trata de aferrarse a lo que les queda, la fe. Natalia reproduce las palabras de su madre: «Ella dice que hemos tenido un regalo que Dios nos ha dado durante 30 años; era tan bueno que se lo ha llevado con él y nos ha dejado a nosotros aquí». En el móvil de Jesús sigue, en pausa, la canción de Rosalía.
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