El campeón de Barrika celebra el martes diez años como profesional en los que ha ganado 24 torneos, entre ellos dos grandes, además de tres Ryder Cup
Jon Rahm(31) en Valderrama hace dos semanas- CARLOS GIL
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Diez años. Una década entera desde que un chaval de 21 años de Barrika aterrizó en el Quicken Loans National con más fe en sí mismo que experiencia acumulada y terminó tercero en su debut profesional con una ronda de 64 golpes, la mejor del día. Ahora Jon Rahm, en una entrevista realizada por la web MTDG y cedida a MARCA, se sienta frente a las banderas de los torneos que han definido su carrera y las mira con esa mezcla extraña de quien ha vivido demasiado en muy poco tiempo. "Como si fuera ayer y como si hubiera sido muy largo", dice. "La verdad es que tengo una mezcla de ambas". En ese tiempo, su palmarés está jalonada de 24 victorias -dos Majors, US Open 2021 y Masters 2023- y tres Ryder Cup.
La historia del primer torneo revela mucho del personaje. Rahm llegó al Congressional en 2016 después de haber jugado el US Open en Oakmont semanas antes como amateur. La comparación le liberó. "Después de jugar en Oakmont, fui a Congressional y dije: vaya, esto es estupendo. Hay drivers por todas partes, puedo sacar el palo". Fue, en sus propias palabras, "un poco de, entre comillas, confianza, coraje, y sin preocuparme de si jugaba bien o no. Dije: oye, tengo seis torneos para sacar mi tarjeta, y allá vamos". Esa semana, Tiger Woods le mandó llamar al 18 para felicitarle personalmente. Rahm lo recuerda con una sonrisa. "Lo único que me hace gracia ahora es que, nada, directo al siguiente torneo. La verdad es que fue tan rápido que ni lo había pensado".
Pocos meses después, en el Safeway Open de octubre de 2016, hizo el primer hoyo en uno de su vida profesional. "Fue en el segundo hoyo como miembro oficial del PGA Tour, en el hoyo 11, a las 7.05 de la mañana. No había nadie. Entró al hoyo y no lo celebró nadie, ni Adam (Hayes, su caddie). Nunca había visto a nadie hacer un hoyo en uno, porque en Makayoba, jugando como amateur, lo logró Thomas Aiken, pero era un green cuesta abajo y no la vi".
Su primera victoria profesional
La bandera del Farmers Insurance Open de 2017 en Torrey Pines le dibuja una sonrisa amplia. "Qué bonita fue la semana", arranca. San Diego, su ciudad favorita de Estados Unidos, la favorita también de su mujer Kellie. "Para nosotros es algo muy bonito". Lo primero que le vino a la mente al ganar fue Txema Olazábal. "El último jugador en hacer 65 el domingo para ganar fue Txema, y luego yo hice lo mismo".
El camino no fue en línea recta. Arrancó con bogey y doble bogey en la última jornada. Pero el campo y el momento le encontraron. "Hasta el hoyo 11 del domingo fue un día muy raro, allí metí un putt de 4 metros, luego metí el 13 (eagle), y el 18". Ese putt final en el 18, el que casi paró el corazón de quienes le seguían, Rahm lo vivía con otra lógica. "No es difícil hacer dos putts, todo va hacia la bandera. No puedes irte a la derecha ni a la izquierda. Aunque la velocidad sea buena, acabará cerca del hoyo. Pero de ahí a meterla, mi reacción lo dice todo". Entró en la última vuelta. ¿Se olvida la primera victoria? "Bueno, no olvido ninguna. Pero sí, la primera, y hacerlo de esa manera, fue... obviamente, muy especial".
El Open de España y Seve
Cuando aparece la bandera del Open de España, Rahm se detiene de otra manera. "En cuanto a significado, para mí, es de las que más". Tres victorias. Un torneo que no negocia en su calendario. Y una relación con el público español que describe como bidireccional y profunda. "Cuando estoy jugando bien y encima me apoyan, es como si tuviera a alguien más no solo ayudándome, sino también intimidando al resto de jugadores".
Le preguntan cuál de sus tres títulos prefiere, si el primero o el de 2022, cuando igualó a Severiano Ballesteros. La respuesta llega sin titubear: "El 22". Y explica por qué con la claridad que le caracteriza. "En 2018 tuve un poco de suerte de que Nacho (Elvira) y el irlandés que no recuerdo su nombre (Paul Dunne) no jugaron muy bien ese domingo. Yo venía de atrás y ellos no tuvieron el día". En cambio, en 2022 fue a por el récord del torneo de manera consciente. "Dije: aunque gane, voy a terminar bien. Terminé birdie, birdie, me sentía como el Papa, iba ganando de nueve, batí el récord del torneo".
Jon Rahm levanta su primer Open de EspañaCHEMA REYPero el momento que quedará grabado para siempre llegó cuando el último putt empezó a rodar. "En cuanto empieza a rodar, alguien del público grita '¡Viva Seve!' y entonces entra". Una pausa. "Para mí, siempre va a ser muy especial".
Torrey Pines vuelve a aparecer, esta vez con el peso de un Major. El primer US Open del golf español. Jon Rahm lo mira y confiesa algo que sorprende. "Incluso de vez en cuando no me lo creo, para ser honesto". Arrancó como el Farmers: birdie, bogey, bogey, birdie, bogey, birdie. "Fui para arriba y para abajo y acabé creo que haciendo dos bajo par. Es un poco raro por cómo fui de altibajos".
La conexión entre el vizcaíno y San Diego trasciende lo estadístico. "Cada vez que aterrizo en San Diego me entra una calma y no sé cómo explicarlo. Y eso me hace competir mejor". Rahm reconoce que para el golf español, aquel triunfo es probablemente el más importante de su carrera. "Seve lo tenía entre ceja y ceja y no lo logró. Txema y Sergio tuvieron opciones y no pudieron ganar. Terminar siendo el campeón es algo muy especial que realmente no sé cómo explicar".
Y sin embargo, hay algo por encima. La bandera del Masters 2023 le provoca una reacción que él mismo no esperaba. "Teniendo en cuenta lo importante que fue el US Open como especial, el Masters es aún más especial. No sé por qué. No me lo esperaba". La explicación, cuando llega, es de una belleza estrictamente española: "Los tres grandes españoles que han conseguido ganar un major, los tres han ganado un Masters. Unirme a ellos es único. Saber que en la historia del golf voy a estar vinculado a ellos de esa manera es único".
Scheffler inviste a Rahm en 2023LAPRESSEAquel domingo, 9 de abril, era el cumpleaños de Seve. Rahm llevaba el número 49. El rival era Brooks Koepka, uno de los especialistas en grandes más duros de la historia. Y Rahm jugó "casi sin errores". El momento de la rendición llegó en el green del 18. "Hasta que lo metí en el green del 18 no me permití disfrutarlo. Y una vez que esa bola entró, lo primero que hice fue mirar a Adam y vi lágrimas. No habían caído pero vi las lágrimas como el cristal en sus ojos y entonces me llegó a mí".
Augusta sin teléfonos. El público de pie. Cincuenta metros caminando entre la ovación. "Sabiendo que ya está. Hecho. Ya has ganado". Fue, dice, "más emotivo que el US Open. No sé por qué. Quizás porque quería conseguir el segundo".
La Ryder y las lágrimas
Hay victorias individuales y hay victorias colectivas. Rahm ya había vivido la Ryder desde el debut en París 2018, donde su primer punto fue contra Tiger Woods. "Fue mi primer punto en la Ryder contra una leyenda del deporte y uno de mis ídolos, pero no jugué bien esa semana". Lo de Roma tuvo otro sabor, con la famosa frase que le confió Nicolai Højgaard antes del putt en el 18 del viernes, con el partido empatado ante Scheffler y Koepka: "¿Qué haría Seve?". Rahm le respondió en el acto: "No me metas más presión. Le dije: Seve no lo habría puesto en la calle ni en el green, ¿sabes? La metí con mucha suerte". No celebró. "Hubo mucha suerte, así que no iba a reaccionar de manera exagerada".
Pero la cima emocional llegó en Bethpage. Ganando a domicilio a Estados Unidos. El abrazo con José María Olazábal en el 18. "No me lo esperaba, pero le vi llorando, me dio un abrazo y yo también empecé a llorar. No sé si hay imágenes. Fueron buenos cinco minutos de abrazo, no podía parar de llorar". Y entonces llega la frase más reveladora de toda la conversación: "La última vez que recuerdo haber llorado fue el nacimiento de mis hijos. Pero nunca en golf". En un torneo individual, matiza, nunca ha llorado. La Ryder es otra cosa.
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