El de Barrika firma 69 golpes y acaba bajo par en una primera jornada donde el viejo escenario aguanta firme
Jon Rahm (31) pide que caiga una bola en la primera jornadaLAPRESSE- GERARDO RIQUELME
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En el casi centenario Royal Birkdale, el escenario del Open Británico que se niega a los británicos -ninguna victoria en las 10 diez ediciones anteriores-, Jon Rahm arrancó bajo par en la primera jornada del grande europeo. Tiró 69 golpes, una tarjeta quizás poco generosa para lo bien que jugó hasta los truculentos greenes que se apilan a la orilla del Mar de Irlanda a la altura de Southport.
En un escenario feo para la vista, verano seco en Inglaterra, calles marrones, matorral salvaje y bunkers que son verdaderos obstáculos, es elogiable que el Birkdale resistiera con empaque a estos chicos de dura pegada y material de alta tecnología. Nadie se disparó en la mañana, cuando el viento no fue tan molesto que pasada la ahora del almuerzo, pero tuvo mérito la vuelta del de Barrika. (Resultados)
Todas las dudas en los golpes de salida que tuvo Rahm en la última jornada de prácticas se disiparon en un jueves soleado en el recorrido que alumbró a Seve Ballesteros hace 50 años. El cántabro fue líder hasta la última jornada y acabó segundo a base de golpes imposibles desde los barrones. Esas hierbas altas de las dunas incómodas fueron en freno para todos los de la mañana, entre ellos Sungjae Im y el estadounidense Dan Brown, las mejores vueltas de ese turno con 66 golpes.
Jon comenzó a coger calles y a tirar para birdie desde cuatro y cinco metros, esas distancias donde la estadística aún sitúa por debajo del 50 por ciento las posibilidades de acierto. Salió desbocado Scottie Scheffler, con cuatro birdies, hasta que frenó en seco en el hoyo 6. Ya no cosechó ningún acierto más y dos bogeys, una por irse fuera de límites en el hoyo 17 (par 5) -otra de las trampas del Birkdale-, lo dejaron en 68 golpes, uno peor que Bryson DeChambeau, McIntyre y el sorprendente Francesco Molinari, ganador del British en 2018.
El vasco almacenó dos birdies antes del 14. Cogía casi todas las calles y en el tramo final, con dos pares 5, aspiraba a una gran vuelta. Pero falló por segunda vez una calle en el primer tramo largo, ya no cogió green con el tercer golpe y le cayó un bogey. Y en 20 minutos sumaba el segundo en el siguiente tramo. Fue entonces cuando mostró la serenidad que requiere este grande. Volvió a ordenar su juego, tiró para eagle en el 17 incluso, y se fue a descansar con la satisfacción de cumplir con lo que se requiere en una primera jornada. Un putt más caliente hubiese arrancado una gran sonrisa.
Del resto de españoles que habían terminado al elaborar esta crónica, Ángel Ayora acabó en 72 (+2), tras tripatear en el hoyo 17 y un mal golpe desde el tee en el hoyo 18, que encontró como desenlace un doble bogey. Josele Ballester (73), mientras, se recompuso y remedió con dos birdies en los cuatro últimos hoyos un difícil arranque que le condenaba a +3 tras los nueve primeros hoyos.
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