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Jordi Varela: «Los de arriba creen que si no se controla a los médicos estos pueden arruinar el sistema»

Jordi Varela: «Los de arriba creen que si no se controla a los médicos estos pueden arruinar el sistema»
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Este especialista en gestión hospitalaria basada en la humanización presenta este viernes en el Ateneo de Málaga el libro 'De vulnerables a poderosos', en el que aborda la historia de la salud y los sistemas sanitarios desde una perspectiva humanista

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En la imagen, Jordi Varela. SUR Jordi Varela: «Los de arriba creen que si no se controla a los médicos estos pueden arruinar el sistema»

Este especialista en gestión hospitalaria basada en la humanización presenta este viernes en el Ateneo de Málaga el libro 'De vulnerables a poderosos', en el que aborda la historia de la salud y los sistemas sanitarios desde una perspectiva humanista

José Antonio Sau

Jueves, 12 de marzo 2026, 10:59

... larga trayectoria, ha dirigido y ocupado cargos de mando en tres hospitales catalanes, además de ser profesor y consultor en gestión clínica sanitaria. Es una de las voces más autorizadas del país para hablar de organización, eficiencia y humanización en el ámbito de la asistencia sanitaria. Este viernes, 13 de marzo, presenta en el Ateneo de Málaga el libro 'De vulnerables a poderosos', a las 19.00 horas, un trabajo en el que aborda la historia de la salud y los sistemas sanitarios desde una perspectiva humanista.

–En sus textos insiste en que la seguridad, los protocolos y los indicadores han ganado terreno, pero a costa de la humanización. ¿En qué momento el sistema sanitario empezó a tratar mejor a los procesos que a las personas?

–A mitad del siglo XX, en los años del desarrollismo, los hospitales, que hasta entonces habían sido solo hospicios regentados por monjas, se convirtieron en estructuras costosas que requerían grandes inversiones. Ahí es cuando nació la necesidad de rendir cuentas, un hecho, por otro lado, perfectamente comprensible, la lástima es que el acento se pusiera solo en la eficiencia en lugar de hacerlo en el valor de la actividad asistencial.

–Tras décadas dirigiendo hospitales públicos, ¿cuál es el error estructural más grave que sigue cometiendo el sistema sanitario español en la gestión clínica?

–La fragmentación. Lo que se observa es que cuando los problemas de salud se abordan de manera multidisciplinar, como pasó con la pandemia o como ocurre con el código infarto, los resultados son buenos, pero cuando los profesionales actúan de manera fragmentada, las cosas van mal y así vemos gente mayor intoxicada de medicamentos o personas en estadio cuatro de su cáncer que reciben quimioterapia en lugar de atención paliativa.

–Defiende que la gestión clínica debería estar en manos de los profesionales, y no solo de la burocracia. ¿Por qué cuesta tanto ceder poder real a médicos y enfermeras dentro de las organizaciones sanitarias?

–Cuesta por desconfianza. Los de arriba creen que si no se controla a los médicos estos pueden arruinar el sistema. Yo en cambio defiendo el poder distribuido entre los profesionales que son los que realmente entienden el problema que manejan, pero para ello deben darse las siguientes condiciones: equipos multidisciplinares con pautas de actuación coste-efectivas; implicación de los pacientes en las decisiones clínicas y en la manera como se ofrecen los servicios; compromiso de los profesionales con la obtención de buenos resultados, tanto objetivos (supervivencia) como subjetivos (calidad percibida) y, por último, rendición periódica de cuentas.

–En 'De vulnerables a poderosos' recorre la historia de la salud con una mirada larga. ¿Qué hemos olvidado del pasado que nos haría hoy mejores gestores y más humanos como sistema?

–Lo que más me interesa de la revisión histórica que he hecho es el diálogo entre la salud pública y la prestación de servicios sanitarios. Admitiendo que son disciplinas distintas, lo que se observa es que cuando dialogan entre ellas todo va mejor. Pongo por ejemplo las vacunas, unos productos surgidos de la investigación médica los cuales, gracias a los programas de salud pública, nos han librado de enfermedades que no hace tanto aterrorizaban a los más pequeños, como la viruela, el sarampión, la varicela, la polio, las paperas, la rubeola, la tos ferina, el tétanos o la meningitis. Insisto, si colaboramos entre disciplinas los resultados acaban llegando.

–Después de la pandemia, se habla mucho de resiliencia, pero poco de cambios reales. Si mañana tuviera libertad absoluta para reformar un hospital público, ¿qué tres decisiones tomaría para hacerlo más humano y más eficiente a la vez?

–Primero, abriría aulas de pacientes para pedirles que participaran en una reorganización de los servicios más orientada a sus necesidades (hay pacientes con ideas magníficas). En segundo lugar, abriría talleres entre profesionales de atención primaria y de atención hospitalaria para que llegaran a acuerdos sobre quién hace qué en los tratamientos a personas con enfermedades crónicas, autoinmunes, neurodegenerativas, oncológicas y psiquiátricas. En tercer lugar, evitaría hospitalizaciones evitables (valga la redundancia). Para ello haría falta analizar el dispendio que los hospitales hacen tratando de manera inapropiada personas vulnerables y reinvertiría ese dinero en servicios comunitarios que les proporcionaran servicios domiciliarios de alta calidad.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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