- FERNANDO M. CARREÑO
- Compartir en Facebook
- Compartir en Twitter
- Compartir en Telegram
- Compartir en Whatsapp
- Compartir por Mail
No sé qué puesto ocupará hoy Jorge Luis Borges en el panteón de la fama argentino. Tampoco importa mucho. El 2 de junio de 1978 -apunten la fecha- dijo que esperaba morir en cuerpo y alma, que estaba cansado de todo. De sí mismo, de su nombre y de su fama. Pero eso es cosa suya: Somos millones los que hemos comprendido el sentido de su frase "que otros se jacten de los libros que han escrito, yo me enorgullezco de los que he leído" tras leerle a él. Que no tuviera el Nobel es, también, problema del Premio Nobel. Hace años que el maestro ciego, como si fuera un personaje de sus obras, ha dejado de urdir laberintos interminables, bibliotecas infinitas, libros de arena, inmortales que se han olvidado de sí mismos y de encontrar lugares desde los que se ve el presente, el pasado y el futuro. Pero sus libros siguen hablando por él.
Borges era, es, el maestro moderno de la parábola, de la paradoja, de las metáforas encerradas en ellas. Quizá por eso quizá le hubiera hecho sonreír, levemente, el hecho de que hoy parte del recuerdo que se le tiene resida en algo que le convierte en un personaje de sus propias narraciones, de aquellas que tienen ese sutil barniz humorístico que don Jorge Luis administraba a la manera de los que realmente comprenden el humor: no lo señalaba, lo incluía para que el lector lo identificarse.
Messi y Argentina, a la finalRadio MARCAArgentina ha incorporado al fútbol a su idiosincrasia social. Y a Jorge Luis Borges, icono e imagen, también, de Argentina, no le gustaba el fútbol. En algún momento, como ese 2 de junio de 1978, pareció el único. O el único que se atrevía a decirlo en voz alta. Se suele decir que Borges 'no entendía' el fútbol. Pero no. En realidad, quizá a Jorge Luis Borges no le gustara el fútbol precisamente porque lo entendiera, como tantas otras cosas, muy bien. Desde el fondo de su ceguera veía las cosas con gran claridad y, sobre el fútbol, lo demostró cuantas veces habló sobre el fenómeno. Pero, cual paradojas borgianas, a su pluma se debe el haber identificado el 'fútbol moderno', esa calculada combinación de negocio y propaganda, varias décadas antes de su nacimiento. Es el cuento 'Esse es Percipi' (ser es ser percibido) que Jorge Luis Borges escribió al alimón con Adolfo Bioy Casares. Sigan este enlace, léanlo y coméntenselo.
No: a Borges no le gustaba el fútbol, y a dos niveles: el del espectáculo y el sociológico. Le parecía pueril y aburrido. "El fútbol es popular porque la estupidez es popular -decía-. Once jugadores contra otros once corriendo detrás de una pelota no son especialmente hermosos". Poco más hay que decir: si algo no te gusta, no te gusta. Pero el segundo aspecto, el sociológico, es lo que demuestra que sí comprendía perfectamente el proceso de popularización del fútbol. Dijo, por ejemplo, "el fútbol despierta las peores pasiones. Despierta sobre todo lo que es peor en estos tiempos, que es el nacionalismo referido al deporte, porque la gente cree que va a ver un deporte, pero no es así. La idea de que haya uno que gane y que el otro pierda me parece esencialmente desagradable. Hay una idea de supremacía, de poder, que me parece horrible". Lean esta frase y vean ahora las hinchadas con colores nacionales, o locales. A Trump y a Infantino, o Argentina, España, Qatar, Italia, Rusia y demás, en su día, organizando mundiales, y dígase si tiene o no sentido. A esta sentencia remite lo que sucedió la única vez que Borges fue al fútbol. Asistió con su amigo uruguayo, Enrique Amorim, a un Argentina-Uruguay. Él por cortesía hacia su amigo, deseaba un triunfo uruguayo. Amorim, lo mismo pero al revés. Ambos se fueron en el descanso por creer que el partido había terminado, y nunca se enteraron del resultado.
Don Jorge Luis se atrevió también a decir el gran secreto a voces del fútbol: que en realidad, el fútbol es irrelevante para su popularidad y lo que realmente cuenta es esa pasión por ganar y eludir la derrota: "El fútbol en sí no le interesa a nadie. Nunca la gente dice 'qué linda tarde pasé, qué lindo partido vi aunque haya perdido mi equipo'. No lo dice porque lo único que interesa es el resultado final. La gente no disfruta del juego", y completó la sentencia aludiendo a lo insano de la pasión por supeditarlo todo a la victoria: el 'todo vale' por ella.
En fin. Ese 2 de junio de 1978 Borges dio una conferencia sobre la inmortalidad, uno de los ejes de su producción literaria. Sería poco relevante a no ser porque 15 minutos antes, había comenzado el Mundial de fútbol Argentina 1978 y el país estaba paralizado viendo jugar a su selección contra la de Hungría. Esa conferencia era su grito de rebeldía. No faltó público... y tampoco un televisor que, colocado en el estrado, algo más atrás que la mesa del maestro, emitía, sin sonido, el encuentro. Borges, ciego ya, no hizo mención al mismo. Se juzgó burla pero ¿de quién? Porque también se dijo que la idea partió del mismo Borges, en plasmación de una de sus paradojas y laberintos.
En fin. Argentina juega la final del Mundial el domingo y es contra nosotros. Antes y después ese invento del demonio que son las redes sociales permitirán que gente que no merece tener voz la tenga y use para insultar y denigrar. Son las cosas que con los años se han adherido al fútbol y que como dijo don José Luis y de otro modo Loquillo, son la base del negocio. Pero si en algún momento se sienten por ello saturados -hablo desde este lado- recuerden que Argentina es también el país de Borges, de Les Luthiers y de Soda Stereo. Sobre el partido en sí les dejo en manos de mis compañeros de MARCA.
P.D.: Particularmente les digo que a los Boomers españoles, los que vimos el Mundial 74 sin España, el partido contra Brasil del Mundial 78, y a Honduras e Irlanda del Norte el Mundial 82, el Mundial 2010 nos pareció un imposible tan grande como viajar a Plutón y volver. Y ese grupo, salvo los dos o tres de siempre, le estamos muy a agradecidos a Luis de la Fuente y los suyos, pase lo que pase el domingo.
Mundial Tuchel se lo puso fácil a ArgentinaMundial Dos figuras, dos destinosMundial Al fútbol se juega con el alma Ver enlaces de interés