Jorge Rafael González en la terraza de su casa frene a la playa del Trampolín de Ceuta. Rafa Martí
Reportajes Jorge Rafael, el jubilado que defiende la nueva 'frontera' de Ceuta: concertinas y piedras para proteger su casa en la playaSu propiedad, situada en la playa del Trampolín, convive con un campamento improvisado en el que malviven medio millar de migrantes desde hace casi un mes.
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Rafa Martí Ceuta Publicada 27 agosto 2026 06:30hJorge Rafael González construyó hace 15 años la casa de sus sueños: una vivienda unifamiliar de fachada blanca, con una pequeña piscina y una terraza panorámica con vistas a la playa del Trampolín de Ceuta, a escasos metros cruzando la carretera.
Al fondo, el peñón de Gibraltar y la costa de la península, un cuadro idílico que este jubilado de 67 años y exempleado de Defensa ha podido contemplar todas las mañanas desde que se mudó al número uno de la calle de La Colina junto a su mujer y su hijo.
Hasta el 30 de julio de este año.
Ceuta redobla su protesta en la calle contra Sánchez: "Nosotros no le importamos, su prioridad es no molestar a Marruecos"Entonces, el salto masivo y sin control de 80.000 migrantes interrumpió su vida, como la del resto de ceutíes.
En concreto, en la playa del Trampolín, los invasores instalaron uno de los mayores campamentos improvisados que, todavía a día de hoy, sigue sin desmantelarse.
Las vistas en La Colina 1 son, desde hace 27 días, las de una playa llena de suciedad y malos olores por un inmenso asentamiento en el que medio centenar de migrantes todavía malvive con lo puesto, hace cola para repartos de comida, y aviva reyertas al caer la noche.
El paisaje desde la terraza de Jorge Rafael es desolador: estructuras de caña que los migrantes arrancan de la ladera en la que está situada la casa, cubiertas de lonas, sábanas o lo que sea que encuentren.
Imagen de la playa del Trampolín y su asentamiento improvisado. Rafa Martí
Y gritos, peleas y el murmullo constante de una marea humana malnutrida y vestida con harapos.
La imagen es la de un campamento apocalíptico donde la máxima es sobrevivir y aguantar, con la esperanza de que el Gobierno los lleve al otro lado del Estrecho; les dé ropa, techo y trabajo.
"Nadie atiende"
Jorge Rafael, que abre las puertas de su casa a EL ESPAÑOL, ha rodeado su casa, en el último mes, de concertinas fijadas con poliuretano.
También guarda en la terraza un cubo de plástico de pintura con piedras que no esconde que son para arrojar a los migrantes cuando, desde el cañaveral anejo a la casa, amagan con cruzar a su propiedad.
"Aquí nadie atiende. Si llamas a la Policía te preguntan si han entrado en casa. Si no, no pueden hacer nada", dice.
"Me tengo que defender solo", añade, mientras señala a un grupo de migrantes que, a escasos metros, recoge cañas para montar tiendas en la playa y otros que directamente se están instalando en la ladera.
Un grupo de inmigrantes se instala en las inmediaciones de la casa de Jorge Rafael. Rafa Martí
Pese a todo, tras casi un mes del estallido de la crisis, el jubilado se toma con humor la presencia constante de migrantes que se sientan en el portal de su casa.
"¿Has visto? Tengo seguridad privada las 24 horas", bromea, al tiempo que reconoce que no deja la propiedad cuando sale con su moto hasta que no se cierra la puerta del garaje completamente.
También dice que en el mismo portal ha sido testigo de peleas, una de ellas, a navajazos.
"Al caer la noche, se forman peleas muy violentas, sobre todo entre marroquíes y subsaharianos. Estamos confinados en casa", afirma.
La casa de Jorge Rafael, desde la calle. Rafa Martí
Por si fuera poco, apenas 200 metros calle arriba se encuentra el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Ceuta, otro punto donde se concentran numerosos migrantes que llegaron a la ciudad autónoma el pasado 30 de julio.
Jorge Rafael recuerda los primeros "cuatro o cinco días" tras el salto estar en un estado de 'shock'.
Algunos migrantes irrumpieron en la cocina de su casa. "No se lo recomiendo a nadie", asegura tras relatar que tuvo que "echarlos a palos" con ayuda de su hijo. "No reventé porque no quise", añade.
El Decreto de Sánchez define la invasión de Ceuta como "una afluencia masiva y simultánea" para su "capacidad de acogida"Playa conflictiva
La playa del Trampolín en la que vive Jorge Rafael ha llegado a albergar, en su asentamiento improvisado, hasta 4.000 migrantes en el momento álgido del último mes.
Ante lo insostenible de la situación, las autoridades decidieron realojar a la mayoría de estos migrantes en un campamento militar instalado en un parking a cielo abierto de la Loma Colmenar de la ciudad autónoma.
Pese al esfuerzo por aliviar el hacinamiento de esta playa, la Cruz Roja sigue repartiendo comida en este lugar, lo cual atrae a numerosos migrantes que viven desperdigados y escondidos en cerros, barriadas y parques.
Vista de la playa del Trampolín desde la terraza de Jorge Rafael. Rafa Martí
El pasado martes, la Policía cargó contra la muchedumbre en la playa durante uno de estos repartos y usó gas lacrimógeno para dispersarla, al no poder organizar las filas y desatarse desórdenes públicos.
Además, al tratarse esta playa de una zona de tránsito y relativamente poco edificada, muchos migrantes optaron por volver a instalarse en ella, lejos de la presión de los vecinos, cuya paciencia ha llegado al límite.
En las movilizaciones que estallaron desde este martes contra el decreto del mando único que pretendía hacerse con el uso de los polideportivos municipales para reubicar a migrantes, algunos grupos de vecinos se han enfrentado y perseguido a los migrantes, que en algunos casos respondieron con burlas y provocaciones.
De hecho, tras la manifestación multitudinaria que recorrió por segundo día consecutivo las calles de Ceuta contra la gestión del Gobierno este miércoles, decenas de jóvenes se dirigieron al Trampolín al grito de "esta es nuestra playa", donde trataron de desalojar y romper las tiendas de los migrantes, cosa que impidió un fuerte dispositivo policial.
Jorge Rafael teme que, "hasta que no suceda algo realmente grave" nadie tome cartas en el asunto. Mientras, su casa sigue rodeada de migrantes y lamenta que, en estos 27 días, la situación no haya cambiado un ápice. "¿Dónde están los políticos?", se queja. "Estoy solo ante el peligro".