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Política

José María Aznar: "Creo que hay conversaciones de Moncloa y Vox, se retroalimentan"

José María Aznar: "Creo que hay conversaciones de Moncloa y Vox, se retroalimentan"
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Este martes 3 de marzo se cumplen 30 años de la primera victoria electoral del PP, que abrió un periodo de grandes reformas. "Fue la consolidación de la democracia vía alternancia", recuerda ahora el ex presidente del Gobierno Aznar, que trae al presente las lecciones aprendidas en aquel pasado Leer

Con la nueva mayoría era el lema con el que el Partido Popular y José María Aznar consumaron en 1996 la alternancia democrática en España después de 13 años de gobiernos socialistas. El centroderecha regresaba al poder tras una larga travesía en la que Aznar integró, bajo su liderazgo, a decenas de tendencias ideológicas desperdigadas en otras tantas personalidades y siglas. Aquel triunfo, del que se cumplen 30 años este martes, y las dos legislaturas que le siguieron dejaron una impronta reformista que permiten al ex presidente conservar toda su autoridad moral y política sobre el espacio social y de valores que representa el PP. Su mensaje es que aquel "proyecto de libertad" que los españoles ratificaron entonces está vigente y es un modelo replicable hacia el futuro.

Se cumplen 30 años de la primera victoria del PP. Pasado el tiempo, ¿qué trascendencia histórica le concede y qué consecuencias tuvo para el país?Fue la consolidación de un proyecto de libertad que era la consolidación de la democracia en España vía alternancia. Era la lucha contra el terrorismo y la decisión de derrotarlo. Era la convicción y la determinación de que España fuese miembro fundacional del euro. Era la lucha contra el desempleo, la libertad económica y la definición de una nueva política atlántica para el país. Eso era el proyecto de libertad que los españoles ratificaron.Hubo quien presentó esa etapa como un paréntesis en la historia de España. Aquel proyecto fue rápidamente revertido en 2004. ¿Por qué?El PSOE tenía la idea de un derecho natural al gobierno y de que todo lo que no fuese gobernar era un accidente. Se equivocaron. El proyecto de la libertad era lo esencial y fue un éxito para España.¿Y que permanece?Fundamentalmente la necesidad de decir: la política es una ambición de futuro y la demostración palpable de que, cuando se practican esas políticas y se produce un liderazgo fuerte, un proyecto hacia la sociedad, el país responde al estímulo político y económico. El país recobra confianza y, por lo tanto, tiene una capacidad para proyectarse hacia el futuro. Es lo que yo deseo que ocurra ahoraSi pudiera entrevistar hoy al Aznar de marzo de 1996, ¿qué consejos le daría al Alberto Núñez Feijóo de 2026? ¿Qué hizo Aznar entonces que sigue siendo hoy una enseñanza estratégica válida?Es fundamental el proyecto y el proyecto político de libertad está plenamente vigente. Alberto Núñez Feijóo es consciente de que sus circunstancias históricas son más complicadas que las de 1996. Ahora tenemos cuestiones existenciales referidas al sistema político, a la Constitución, a la monarquía parlamentaria, a la propia continuidad histórica de España, que están en juego. Por lo tanto, teniendo las bases de aquel proyecto, hay que tener hoy todavía más determinación.¿Usted percibe que su partido tiene claro un proyecto constructivo, ilusionante, de libertad, más allá de una mayoría de aversión o de rechazo?Sí. Y creo que tiene claro que la misión del PP no es gestionar mejor de lo que han hecho otros. Eso no es especialmente difícil. El PP no tiene por qué ser un partido gestor; que también. El PP es la expresión de un proyecto de libertad y eso lo tiene que trasladar a todos los ciudadanos, aplicado a cada momento histórico, pero sustancialmente las bases son las mismas.En aquella campaña, el PP trabajó mucho la idea de moderación y de la eficacia. La centralidad. ¿Sigue siendo posible cuando tantos ciudadanos recompensan la confrontación?Sí. Aquello fue la expresión final de un éxito político. ¿Por qué no vamos a intentar repetirlo si fue una mayoría centrada de españoles no polarizada, no radicalizada, la que dio una mayoría y luego la amplió? ¿Por qué no vamos a llamar a una amplia mayoría de españoles en una situación muy crítica para el país? Es nuestra obligación hacerlo. España no puede afrontar su futuro desde la polarización, desde los muros, sino desde la libertad. Ahí es donde el PP debe estar.Usted ganó las elecciones en plena ola de optimismo liberal. El cambio global más importante, como sostiene en Orden y Libertad, es que las democracias están ahora amenazadas desde dentro. En España se concreta en un "bloque de ruptura", así lo llama usted. ¿Quiénes lo forman?El PSOE y sus socios, la coalición de saqueadores; la definición Frankenstein ya no es suficiente. Están saqueando el Estado, la nación española y la economía. Y esa coalición de saqueadores quiere el cambio del sistema y tiene cómplices en el populismo de derecha. Hay dirigentes del populismo de derecha que quieren también la sustitución de la monarquía parlamentaria, del sistema constitucional. Unos y otros se retroalimentan.¿Vox forma parte entonces de ese bloque de ruptura?Dirigentes de Vox. Lo que no creo en absoluto es que el electorado de Vox forme parte de ese bloque.El PP, en un escenario muy condicionado por el muro de Pedro Sánchez, ha asumido la inevitabilidad de completar sus mayorías con Vox. Ha presentado un documento marco de aplicación en "toda España". ¿Qué valoración le merece?Me parece muy buen documento. Reafirma que el PP es un partido nacional que actúa como tal. No es una confederación de partidos autonómicos, aunque tenga mucho peso en las comunidades. Me parece correcto que, dadas las circunstancias, se haga un planteamiento de carácter nacional. Y a partir de ahí, las respuestas tienen que ser muy claras: o se quieren acuerdos o no se quieren. Si algunos piensan que la política es decir que no a todo, es imposible. Si la política es el arte de lo posible, tendría que ser un instrumento útil de negociación.¿Usted cree que el documento interpela a Vox para identificar si es un partido que dice que no a todo?Vox tiene que definir si es un partido que se quiere comprometer con el interés general del país para resolver los retos que tiene España. O es un partido que prefiere decir que no a todo esperando que se hunda el sistema. No tengo duda del electorado de Vox. Tengo dudas de dirigentes.¿Ese planteamiento estratégico no implica de alguna manera sucumbir a la política de bloques que plantea Sánchez y admitir la utilidad del voto a Vox?Creo que consiste en hacer las cosas posibles. Los españoles nos tenemos que dar cuenta de que necesitamos un gobierno fuerte para afrontar las próximas elecciones, que pueden ser constituyentes. Tenemos en juego la continuidad histórica de España, nuestra Constitución, nuestro sistema de monarquía parlamentaria y nuestro sistema de convivencia. España necesita un gobierno fuerte, rodeado de una mayoría social y política muy fuerte. No es lo mismo un gobierno del PP con 140 diputados y 60 de Vox que un gobierno del PP con 170 diputados y 30 de Vox. El primer gobierno no va a poder afrontar esa situación. El segundo, sí. Esa es la responsabilidad que tenemos los españoles. Espero que los ciudadanos pasen de ser espectadores a comprometidos.Una de las funciones que cumplió el PP que usted presidía fue la unificación de la derecha. Al menos desde 2024 queda claro que Vox responde a un movimiento global que lo configura como un partido populista radical, con una identidad y una naturaleza opuestas. ¿Es siquiera imaginable esa reunificación?Yo no hablo ahora de unificación; hablo del electorado. Vox ya no es solo una escisión del PP. Lo fue, pero ahora es otra cosa. Pero hay una parte del electorado de Vox muy importante que sigue comprometido. La cuestión es si los dirigentes de Vox hacen prevalecer su interés personal, que es el fracaso del PP, o el de España, que es hacer un gobierno fuerte a través del PP.Usted sostiene que el objetivo de Vox es sustituir al PPSin duda.¿Y cómo pueden las dos fuerzas convivir así? Un partido europeísta con otro antieuropeo; uno liberal, el otro populista; uno autonomista, el otro centralista...El ejemplo que yo he puesto: 140-60. En ese caso, Vox jugaría a que el PP fracase porque es la manera en la que interpreta que puede sustituirlo. Es una fórmula indeseable para España porque no podrá afrontar sus problemas. Y cuando estamos hablando de reconstruir la nación no estamos para tácticas políticas.¿Cree que Vox está en conversaciones con el Gobierno?Creo que hay conversaciones entre el Gobierno y Vox. Lo que no sé es la periodicidad y me gustaría saberlo. Cuando los extremos se retroalimentan de una manera tan evidente, es un hecho cierto que esas conversaciones existen. Seguro.¿Con qué objetivo?Con el objetivo de eliminar y laminar al único que puede gobernar a España desde una base central constitucional, que es el PP.¿Cuál es el límite que nunca debe rebasar el PP en esa relación con Vox?Los límites están en ese documento. No se deben rebasar ni se van a rebasar: la Constitución, el respeto a las leyes, al Estado de derecho, el ámbito de las libertades personales... Esas cosas se van a respetar totalmente.Por fondo político de ese documento, el PP ha interiorizado un desplazamiento del centro de gravedad social hacia la derecha. Por cómo habla de la inmigración, de las políticas climáticas o de la desregulación burocrática. ¿Son las recetas que demanda la sociedad de nuestro tiempo? Sí. El mundo ha cambiado y un dirigente político y un partido responsable tienen que adecuarse a ello. El liderazgo consiste en tener un sentido de la historia, saber que manejas circunstancias que te limitan, pero tener un claro proyecto de futuro. En el 96 se nos decía: "No vais a cumplir las condiciones para entrar en el euro", y se cumplieron. Nos decían: "No se puede bajar impuestos", y se bajaron dos veces. "No vais a poder derrotar a ETA con la ley", y se pudo, con todas las consecuencias. La política también es el ejercicio de la convicción. Para eso hay que tener un proyecto muy claro y el proyecto de libertad existe.Usted ganó aquellas elecciones en un país mayoritariamente de izquierdas. Hoy, sin embargo, la derecha, con dos partidos, suma más del 50%. ¿Hay cambio sociológico en España?Lo hubo entonces y se produce ahora. Es un cambio de tendencia de carácter general en España. Del mismo modo que cuando en el 96 dije, recogiendo a Cánovas, «yo vengo a continuar la historia de España», ahora la coalición de saqueadores dice: «Nosotros queremos acabar con la continuidad de la historia de España». Europa ha cometido muchos errores y España también. Hemos perdido competitividad. Hemos practicado políticas climáticas erróneas que han hecho que las empresas se marchen. Hemos perdido una revolución tecnológica. Hemos descuidado nuestra seguridad. Lo que quiere la gente son respuestas positivas a eso. Busca referencias, elementos de futuro, y eso es lo que hace falta interpretar.¿Y tiene que ver también con un cambio en la idea de España? Si Vox y el PP suman más del 50%, ¿esto es un mensaje a los nacionalismos?Yo creo que sí, naturalmente. ¿Alguien puede pensar que se puede poner en cuestión el sistema constitucional, la monarquía parlamentaria o la continuidad histórica de España sin que eso afecte a la convivencia entre españoles? Esas políticas están alimentando una confrontación entre españoles, te retrotraen a la Guerra Civil. Y eso es exactamente donde no podemos estar.¿De qué se compone el malestar social que tanto alimenta Vox y por qué el PP no es capaz de capitalizarlo más?La fortaleza de los países la determinan en gran medida unas instituciones fuertes y, socialmente, unas clases medias poderosas. Las clases medias están padeciendo malos gobiernos. Cuando las clases medias son más fuertes, los países se sienten más seguros. El error es pensar que desde la política no se van a solucionar las políticas del presente. Eso no puede ser. Hablemos de la crisis demográfica. La inmigración no es alternativa a una política demográfica: es paliativa. Uno puede decir que se marchen todos los emigrantes. ¿Y quién hace el trabajo que hacen? Hace falta control de fronteras, que sea inmigración legal, vinculada al empleo. Fomentar la inmigración hispanoamericana, de las mismas raíces culturales, políticas, históricas... Si no, no funciona.Esa es una de las preocupaciones que recorren Orden y libertad: la demografía y la inmigración, que sostiene que es necesaria. ¿Hasta dónde llega la capacidad de absorción de una sociedad?Un país es como una habitación: cabe un número determinado de personas. Pero la absorción de una sociedad es diferente. Es muy diferente la sociedad multicultural que la sociedad plural. Yo defiendo la sociedad plural de Sartori, que es plural pero con una ley. No acepto la sociedad multicultural, con leyes diferentes. Eso rompe las sociedades.El ex presidente Aznar y el director de EL MUNDO, Joaquín Manso, durante la entrevistaCARLOS GARCÍA POZO

Uno de los riesgos del giro estratégico del PP es una reacción de frentismo. ¿Qué espera de Pedro Sánchez en estas circunstancias?Lo peor. La situación de Pedro Sánchez solamente la puede intentar salvar creando una crisis mayor. Y la única crisis que tiene es la crisis constitucional.¿Qué detonante necesita Sánchez para provocarla y en qué consistiría?Convocar las elecciones sobre la base de un cambio de sistema. Con eso le basta. Los populismos no respetan las normas, cambian los sistemas desde dentro. Sánchez no necesitará un explícito referéndum para derogar la Constitución. Lo hará por la vía de hecho.¿Habla de una alteración del modelo de Estado?Las aspiraciones quedan muy claras. Al afectar a la Constitución, afecta a la propia continuidad del Estado y de la Nación. La situación política es tan insoportable, el saqueo es tan grande, que hay una parte del país que está muy fatigada. Lo que hace falta es llamar a la reacción útil, posible, no a la política del no, que es la que produce la no reacción.¿Ve a Sánchez con la fortaleza como para enfrascarse en ese desafío?No tengo la menor duda. Estamos viendo elementos que serían inconcebibles hace tiempo: ministros que son candidatos a las comunidades, pero que son sacrificados. Estamos viendo cómo se saquea el Estado y hay diputados y concejales que lo aceptan, la presión y el chantaje permanente... ¿Cómo van a salir? Solo pueden salir intentando crear una crisis mayor. Ya la intentan crear todos los días. Gobernar de espaldas al Congreso. Señalar como prevaricadores a los jueces. Poner en libertad a los terroristas en las calles. Son elementos muy claros de un proceso de degradación institucional.Usted tiene dicho que conserva más consensos con Felipe González que con Vox. ¿Es imaginable que las bases del PSOE regresen a esos consensos?No en el corto plazo. Y va a depender mucho del resultado electoral. Si el PP tiene una mayoría sólida, el cambio en el PSOE es mucho más probable. Si tiene una mayoría exigua, las posibilidades de no cambio en el PSOE son mucho más reales. Y eso es lo que se está jugando.Visitó usted a Juan Carlos I en Abu Dabi. "El Rey que trajo la libertad", dijo de él. ¿En qué medida cree usted que es urgente que él regrese a España?El regreso a España es algo muy deseable, pero sobre todo es muy importante que los españoles reconozcan la trascendencia histórica de lo que representa el Rey Juan Carlos. Y que luego podrá haber cometido errores. Pero ser el Rey de las libertades y la democracia es un hecho históricamente formidable, sobre todo para una institución como la Corona, que se nutre de tradiciones del pasado. Y que se reconozca el éxito del predecesor de Felipe VI es muy bueno. La Corona de España es una garantía y Don Juan Carlos lo ha demostrado, el rey de las libertades y la democracia, que se opone a un golpe de Estado, como después su hijo. Eso es una garantía de convivencia y de seguridad para los españoles. Hay que alentarla.Usted describe en su libro un escenario en el que el actual Gobierno está dejando a España sin las reformas que necesita. El contexto global es muy exigente y gran parte de los ciudadanos, especialmente los jóvenes, exigen soluciones expeditivas y hay partidos dispuestos a ofrecérselas. ¿Está el PP preparado para ese escenario?Una cosa son políticas expeditivas y otra, que sean posibles. Porque las políticas basadas en el no o que están predestinadas a no gobernar, son políticas inútiles. La política del no no vale para nada. Un partido que tiene unas responsabilidades con su país debe comprometerse con sus necesidades. Eso es un partido responsable. Lo otro es un partido oportunista. Los jóvenes deben pensar en su futuro. Estamos construyendo sociedades en su contra, cuando lo que tenemos que hacer es construir sociedades a su favor. Pero para eso hay que hacerlo posible.Hay un cambio en la cultura política que tiene que ver con la revolución tecnológica. ¿Están preparados los partidos tradicionales?Ni los tradicionales ni ninguno. En España debería haber una conversación sobre cuáles son las consecuencias de la inteligencia artificial. No la hay. Ni sobre eso ni sobre nada, porque la polarización lo impide. Hay que hablar del desarrollo de la inteligencia artificial en su aplicación económica, en su afectación al modo de vida de las personas, a los sistemas educativos y a la propia existencia del ser humano.La encrucijada en la que se encuentra el PP, como todos sus partidos hermanos en el humanismo liberal europeo, tiene bastante que ver con la cultura política que promueve Donald Trump desde Estados Unidos. ¿Cuál es su camino?Que los europeos seamos capaces de reaccionar seriamente. Los dos únicos partidos centrales que quedan en Europa son el PP de España y la CDU. Si uno analiza el documento estratégico de seguridad de los EEUU, es un desatino. Decir que la fortaleza de Europa va a volver disolviendo la UE y entregando los Estados europeos a los nacionalismos extremos es invitar a que Europa vuelva a la guerra. Es un gravísimo error desde la perspectiva también de EEUU, al que le interesaría unos aliados europeos bien ordenados, no en pugna y en pelea.Sí, pero ¿es creíble que el Partido Demócrata revirtiese las prioridades de seguridad nacional teniendo en cuenta que la rivalidad con China es sistémica?Estoy seguro de que las matizaría. No he conocido ningún presidente de los EEUU deseoso de que desaparezca la Unión Europea.Trump proyecta de sí mismo una vocación de poder sin restricciones. ¿Podemos esperar que los contrapesos le sirvan como límite?El Tribunal Supremo acaba de decir claramente que los aranceles eran inconstitucionales. No puede haber aranceles si el Congreso no los autoriza. Eso es un ejemplo de que la separación de poderes funciona, el Estado de derecho sigue funcionando. Y eso es una garantía para todos, porque EEUU ha sido un foro de libertad en el mundo y un faro a seguir. Es muy relevante, una gran esperanza de futuro.El canciller alemán, Friedrich Merz, hizo un diagnóstico muy parecido al que hace usted en Orden y libertad, en el sentido de que asistimos al fin del orden liberal, y de reclamar un pilar europeo independiente que sirva para sostener el vínculo transatlántico. ¿Es la receta para revitalizar la Alianza?No tengo dudas. Revitalizar la Alianza es interpretar las circunstancias políticas actuales para intentar hacerla más fuerte. Las alianzas más fuertes siempre han triunfado sobre los poderes dictatoriales. Es algo que EEUU tiene que comprender. Es mucho más fuerte con el sistema de alianzas. Por eso China y Rusia quieren romper el sistema de alianzas. Lo que no tiene sentido es que quiera EEUU.En su discurso en Múnich, Merz enumera cinco países como los líderes de Europa. Pero no cita a España. Eso es responsabilidad de los españoles, que nos hemos levantado de la mesa hace mucho tiempo. Estamos perdiendo la capacidad de decidir. El primer ministro de Canadá dijo: "Si no estás en la mesa, eres parte del menú". España se levantó de la mesa en 2004. Y no hemos vuelto. Si queremos volver, tenemos una oportunidad de oro. El país que en estas circunstancias de cambio de era tome las decisiones adecuadas, estará bien colocado y podrá afrontar el futuro con más garantías.¿Y su partido sí tiene claro su idea de Europa y del vínculo atlántico?La tiene clara. Recuperar esa política atlántica forma parte esencial de los intereses de España de cara al futuro. España no puede estar ausente de Hispanoamérica, en mala relación con EEUU y ausente también de las decisiones europeas.Marco Rubio volvió a plantear un choque civilizatorio entre dos ideas de Occidente. ¿Cree que es una mano tendida que se puede aprovechar o precisamente lo contrario?Creo que es una mano tendida. La sustancia del discurso de Marco Rubio es la de Estados Unidos como actor predominante en el mundo. El asunto está en si se quiere hacer con aliados o no. Marco Rubio lo expresa y desea hacerlo con aliados. A partir de ahí, los europeos tenemos que asumir nuestras responsabilidades.[Pregunta antes de que EEUU atacara a Irán] Hay un fuerte despliegue estadounidense en Oriente Próximo. ¿Usted sería favorable a una intervención militar en Irán?El régimen de Teherán es absolutamente opresivo. Financia el terrorismo, a todos los enemigos de la libertad. Es un riesgo para la seguridad de los europeos y para la estabilidad del mundo. Que no existiese el régimen de los ayatolás sería muy buena idea.¿Y qué esperanza nos queda en Venezuela? Hay una amnistía, pero María Corina y Edmundo siguen teniendo proscrito el regreso.Porque debían haber estado en el país. Tienen todo mi respeto y toda mi admiración. Lo que pasa es que el sitio de María Corina y Edmundo es Venezuela. No van a poder volver porque cuando tenían que estar, no estuvieron. Ese es un problema para la Venezuela del futuro. Con el tiempo, si las circunstancias internas norteamericanas lo aconsejan, habrá cambios en Venezuela.¿Cree que la actuación del presidente Zapatero ha sido tan influyente como se sospecha?Sí, allí y aquí, y no para bien.
Fuente original: Leer en El Mundo - España
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