Juan García-Gallardo alza la voz y defiende su verdad a capa y espada. No le gusta lo que ve en Vox y no entiende la «deriva» de una dirección nacional bunkerizada, a su jucio, en torno a un Santiago Abascal al que ve «secuestrado» por su camarilla de asesores. El ex vicepresidente de Castilla y León concede a EL MUNDO su primera entrevista tras un año de silencio mediático, desde que dejó todos sus cargos en febrero de 2025.
Ahora denuncia, a pecho descubierto, la «guerra sucia que sufren quienes se atreven a discrepar mínimamente», y le afea a Abascal que canalice «negocios» a través de su mujer y que sucumba a su núcleo duro, que ha convertido Vox «en su particular gallina de los huevos de oro». García-Gallardo no ha querido dar su versión hasta después de los comicios autonómicos, por cortesía con sus compañeros de filas y para que nadie lo acusara de zancadillear las opciones electorales de su partido. Pero ahora no se corta.
¿Qué dice el resultado de las elecciones de Castilla y León sobre la situación actual de Vox?La realidad es que han crecido muy por debajo de las expectativas que ellos mismos habían proyectado. Hace dos semanas, Abascal estaba diciendo en los foros internos del partido, y me consta de buena tinta, que tenían prácticamente el 22% asegurado. Todos los perfiles y todos los medios afines al partido estaban dando por seguro el 20% al cierre de las urnas. Y la realidad es que el PP sigue duplicando en escaños a Vox. Y el PSOE, con todos los casos de corrupción que rodean al presidente, también. Esta campaña revela que Vox ha descuidado el voto urbano. Baja en las capitales.¿El 20% es el techo de Vox?Lo del «techo de voto» al primero al que se lo oí es a Abascal, el domingo. No sé si le traicionó el subconsciente, pero creo que, pese a todo, Vox seguirá creciendo, mientras no exista competencia en su espacio. No lucha con el PP por los mismos votos.Los socios europeos de Vox tienen resultados mucho más abultados. Alemania, Hungría, Italia, Holanda, Polonia, Austria o Portugal... ¿Ésa debería ser la vara de medir?Una de las principales, sin duda. Aquí no valen las excusas. El partido homólogo en Portugal hasta hace dos telediarios no tenía casi representación. Fratelli d'Italia, cuando surgió Vox, no tenía apoyos populares. Ahora ambos están por encima del 20%. Otros gobiernan o han gobernado. A Abascal se le acaban las excusas.¿Pero Vox tiene que ser un complemento necesario de los gobiernos del PP o puede de verdad aspirar a sustituirlo, en el futuro?Vox, al menos sobre el papel, nació para ser una verdadera alternativa, no para ser la muleta del PP, aunque algunos parezcan muy cómodos en esa posición, y además con estrategias realmente erráticas. El viernes estaban llamando «estafa» al PP y el lunes estaban diciendo que van a pactar con ellos en tres CCAA. Es bastante incoherente. Y para lo que están consiguiendo, creo que esas alianzas están siendo contraproducentes.¿En qué sentido?Pues, por ejemplo, el pacto autonómico en la Comunidad Valenciana ha sido un auténtico bluf. Ha sido puro marketing vacío, en el que han arrancado dos declaraciones institucionales sin ningún efecto práctico contra el Pacto Verde y contra el Pacto Migratorio. Anunciaron a bombo y platillo que habían conseguido la prioridad nacional en las ayudas sociales y la realidad es que, muchos meses después, tanto la renta garantizada como la vivienda pública siguen sin prioridad nacional.¿Usted ya no confía en Abascal?Yo perdí la confianza en Abascal pocos días antes de mi dimisión, cuando conocí que se estaba embolsando un tercer sueldo, a través de un proveedor del partido, en la cuenta corriente de su mujer, por unos presuntos servicios de consultoría en materia de redes sociales a una sociedad mercantil que está en pérdidas y en causa de disolución. 60.000 euros por unos servicios que nos tendrán que explicar. Hay enormes cantidades de recursos públicos a los que accede el partido para beneficio último de muy poquitas personas.¿Quiénes son esas personas?Esas personas son una parte relevante de la familia Ariza y de la familia Méndez-Monasterio, que han constituido toda una galaxia de sociedades mercantiles que se alimentan, a través de servicios al partido, de unos muy cuantiosos recursos públicos. Estas sociedades, en principio, son independientes, pero todas forman una especie de parapartido que está detrayendo y parasitando los recursos económicos de Vox.¿Los asesores externos de Abascal Kiko Méndez-Monasterio y Gabriel Ariza son los que mandan ahora en Vox, junto con él?En teoría son meros proveedores, pero son quienes de verdad mandan en Vox. ¿Por qué? Porque son quienes tienen la interlocución directa. Quien negocia con los presidentes autonómicos es Méndez-Monasterio. Quien negocia con los líderes extranjeros es Ariza. Santiago es el aparente líder, el que en teoría lleva la batuta, pero me temo que está secuestrado por otros intereses.¿Ve a Abascal como un subalterno de quienes de verdad dominan Vox?Hay una frase que dice que uno no muerde la mano que le da de comer. Y yo creo que Santiago tiene una deuda de gratitud con la familia Ariza y con la familia Méndez-Monasterio, que son las que le están permitiendo tener ese sobresueldo familiar a través de su mujer.Por lo que dice, los fines económicos pesan muchísimo en Vox.Yo lo que creo es que si alguien quiere ser rico y quiere poner como prioridad su patrimonio personal, no debe estar en política, porque en política uno está por España y por el bien común, no por su interés particular. Que, por cierto, es muy legítimo, pero no con Vox, que por mucho que lo maneje como una empresa propia, es una entidad que es de todos los afiliados. Y hay personas de enorme valía tanto en las provincias como en la sede de Bambú que están cobrando unos sueldos de miseria, mientras que aquí hay unos pocos que están haciendo de Vox su particular gallina de los de los huevos de oro. Se están haciendo ricos.¿La fundación Disenso lastra a Vox?Disenso sirve para colocar a familiares de amigos y sirve también como agencia de colocación en gran medida. En el ecosistema de Vox trabajan media familia Méndez-Monasterio y media familia Ariza. Pero Disenso hace también una labor muy buena de difusión de ideas.¿Usted participaría de un proyecto que liderase Iván Espinosa de los Monteros, en un congreso extraordinario de Vox? ¿O en un proyecto alternativo a Abascal, en general?Yo no estoy en esa hipótesis, porque no se me ha planteado. Con Iván tengo una buena relación personal. Coincidimos en muchas cosas y en otras, no tanto, pero imagino que se pueden limar. Pero no estoy en eso.¿Hay guerra sucia en Vox contra cualquiera que no opine exactamente lo mismo que la dirección?Sí. Absolutamente. Vox hace guerra sucia a todos los que mínimamente disienten o discrepan de la línea oficial del partido. Una parte muy relevante de las bases no comparte esta guerra sucia, y la ve con estupefacción. Ya hemos podido conocer que ha habido incluso un ejército digital de cuentas en redes sociales dedicadas, de manera retribuida, a atacar a personas con ese perfil. Lo sé porque lo he sufrido en mis carnes. Además, la dirección del partido ha utilizado publicidad institucional de la que teníamos asignada a consejerías de nuestros gobiernos para desprestigiar a cargos públicos de esos mismos gobiernos. Es sectario y es absolutamente inaceptable.Por cosas como ésta, usted pide un congreso extraordinario en Vox.Es necesario. Si se celebra un congreso, hay que hablar también de cómo es posible que un partido no sea algo vivo. En Vox, si discrepas, te expulsan. Sólo hay que ver los casos de Antelo y Ortega Smith.A Ortega Smith le han cortado la cabeza de manera fulminante. ¿Qué es Vox sin él?Un partido mutilado, porque carece de uno de sus más relevantes fundadores. Guste más o guste menos Ortega Smith, Vox, sin él, es un partido más estrecho, porque tenía un electorado propio al que probablemente no llegaba Abascal. Y lo mismo le pasa a Espinosa de los Monteros. Lo que hace grande a un partido es la pluralidad de carismas, la diversidad de perfiles. Pero a Abascal no le preocupa nada eso: respira más tranquilo porque no ve amenazado un liderazgo débil en el que cada vez ejerce una mano de hierro más fuerte a nivel de potestad, pero cada vez con menos autoridad.Usted es el abogado de Antelo, ya ex líder de Vox en Murcia. ¿Su laminación demuestra que no hay democracia interna en el partido?Más que falta de democracia interna, que puede que también, lo que veo es que falta el sentido común más básico, que resulta que es el lema de las últimas campañas. ¿Qué tiene de sentido común que un partido prescinda del líder regional que mejores expectativas electorales tenía, como era Antelo en la Región de Murcia? Sólo porque Abascal no quiere buenos perfiles en los territorios. Quiere estar él arriba del todo y, abajo, peones de los que poder prescindir cuando quiera.¿A usted también le dicen simpatizantes y cargos de Vox que los ex de la cúpula tienen que montar otro partido, o dar la batalla interna?Constantemente. Y da la casualidad que se mezclan afiliados de última hornada, pero también de los primeros momentos. Gente que ha visto cómo el proyecto se ha ido degradando por esta deriva autoritaria de Abascal. Si Vox deja de ser útil, alguien tendrá que pensar en una nueva etapa, en un nuevo partido. Un partido debe ser una herramienta al servicio de España y de los españoles, no debe estar al servicio del interés económico de unos pocos. Necesitamos un verdadero partido nacional, no lo de ahora, que es un partido centralista que no entiende que hay una España más allá de la M-30, con sus propias dinámicas y que respeta, por supuesto, su unidad, pero que también acepta su diversidad. Por eso Vox casi no existe en Galicia y tiene muy poca representación en Asturias, en Cantabria, en el País Vasco, en Navarra, etcétera. Y por eso a Vox le van a comer la tostada en Cataluña.¿Quién se la va a comer?Todas las proyecciones dan un crecimiento muy significativo de Aliança Catalana, que, haciendo un discurso muy parecido al de Vox, pero un poco más fresco y en clave local -e independentista-, pues está atrayendo a sectores de la población que antes dieron su confianza a Vox.Espinosa, Ortega, Antelo, Manso, Monasterio, Aguilar, Nevado, Sánchez del Real, usted... ¿Hay mimbres para una alternativa en Vox?Puede ser. Quién sabe. Hace falta un congreso extraordinario.Volvamos al principio. ¿Cuáles fueron los motivos reales de salir de los gobiernos en 2024?Lo que se dijo es que fue por los menas [menores extranjeros no acompañados], pero en otoño de 2022, con nosotros en el Gobierno, Vox aceptó esos mismos menas.¿Era una excusa?Pues parece que sí, el pretexto para recuperar algo de punch.¿Se ha desdibujado la postura de Vox contra el aborto?Se ha relegado en el orden de prioridades.En inmigración, ¿Abascal se queda corto? Usted pide «un plan de remigración serio».Serio y real. No un PowerPoint lleno de eslóganes, que es lo que tenemos ahora. Y coherente. Abascal dijo en Canarias que en España no cabe ni uno más, vengan en patera o vengan en avión. Y luego eso no se lo he vuelto a oír ni una vez. Ha recuperado el mensaje anterior, que era el de que aquí puede venir todo el mundo siempre y cuando trabaje, no delinca y no imponga el velo islámico. A pesar de la invasión migratoria que afecta a nuestros servicios públicos.¿A qué se refiere cuando le pide a Vox que no coja «atajos»?Por ejemplo, ¿hay una verdadera interlocución con el PSOE, a través de Méndez-Monasterio y [el ex ministro] José Blanco? Sería grave.Vox es el partido que menos critica a Netanyahu. ¿Por qué ?La dirección de Vox debe explicarlo. Es obvio que el lobby judío en España está apoyando financieramente a algunas de las terminales propagandistas del discurso de Vox.¿El apoyo a Trump lastra a Vox?Yo creo que situarse en la órbita de la derecha americana ha dado viento de cola, pero Vox nunca se atreve a criticar ninguna de las acciones, aunque sean ocurrencias. Aunque sean objetivamente negativas para España.Escuchadas sus críticas, ¿qué queda del Vox al que usted se afilió? A este paso, sólo va a quedar el plan de pensiones de Abascal.