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El escritor Juan Manuel de Prada durante su intervención en el Hospital Real de la Misericordia en el ciclo 'Diálogos', de Marpoética. SUR Juan Manuel de Prada inaugura en Marbella el ciclo 'Diálogos' de Marpoética con su viaje iniciático por Poe, Cervantes, Borges y ProustEl escritor defiende la necesidad de leer «libros desaconsejables» para tu edad y de mantenernos «fieles» a nuestras ideas aunque sean «derrotadas», y aboga por «la quema» de las adaptaciones al castellano contemporáneo de los clásicos
Marbella
Martes, 14 de abril 2026, 20:33
... con una intervención que supuso una indagación íntima en el origen de su vocación literaria. Bajo el título 'El lector que somos', y acompañado por el director literario Javier Vicedo, el autor trazó un itinerario a través de cuatro obras decisivas: 'Narraciones extraordinarias', de Edgar Allan Poe; 'Don Quijote de la Mancha', de Miguel de Cervantes; 'El Aleph', escrito por Jorge Luis Borges, y 'En busca del tiempo perdido', de Marcel Proust.Lector precoz, reconoció que «las palabras marcaron mi vida con un hierro candente». De Prada evocó una infancia atravesada por la lectura como forma de conocimiento y de refugio. Fue su abuelo quien le enseñó a leer cuando todavía no iba al colegio y la biblioteca de su pueblo, recorrida «anaquel por anaquel», su primer territorio de exploración.
«Leí 'Narraciones extraordinarias', de Poe, a escondidas bajo las sábanas con una linterna a los 10 o 12 años; me dejaba en una estado de pánico maravilloso»
Juan Manuel de Prada
Escritor
Ese vínculo temprano con los libros estuvo marcado también por la intensidad de lo prohibido cuando sus padres escondieron 'Narraciones extraordinarias', de Edgar Allan Poe, en el mueble bar para evitar, sin éxito, que tuviera acceso a las turbias historias siendo solo un niño. «Lo leía a escondidas bajo las sábanas con una linterna a los 10 o 12 años», narró. Una experiencia «con el placer de lo prohibido y el placer de enfrentarme a unas historias que nunca había leído». «Me dejaban en un estado de pánico maravilloso», reconoció. Porque esa es «primera obra que me golpea, me perturba. Con ella descubro que la lectura tiene la capacidad de crear otros mundos que desbordan con creces el mundo real». Años después, en una relectura adolescente, el descubrimiento fue «la maestría técnica» del autor.
«El evangelio en español»
El recorrido continuó con Miguel de Cervantes y su 'Don Quijote de la Mancha', una lectura igualmente prematura que De Prada hizo por primera vez a los 14 años. «Me leía libros completamente desaconsejables para mi edad, cosa que es fundamental. Todo lector tiene que leer libros desaconsejables para su edad. Una de las generaciones más monstruosas y aberrantes es la literatura infantil. Los niños no deben leer literatura infantil, tienen que leer literatura adulta. De hecho, la buena literatura infantil, como 'La Bella y la bestia' o 'Alicia en el país de las maravillas', no es literatura infantil», apostilló.
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Gracias a su temprana incursión en 'El Quijote' descubrió su «manantial de sabiduría», del que bebió de los 14 a los 24 con su lectura íntegra cada verano, reivindicando su condición de obra inagotable. Además de su dimensión estética, subrayó su alcance moral, en la línea de Miguel de Unamuno, quien lo definió como «el evangelio en español». Para el escritor, la novela cervantina constituye «una escuela de vida; del buen vivir», capaz de interpelar a lectores de cualquier edad.
«Más allá de que las ideas que defendemos sean derrotadas, no podemos traicionarlas. Tenemos que mantenernos fieles, aunque no esté de moda, se burlen de nosotros o no triunfe»
Juan Manuel de Prada
Escritor
«Más allá de que las ideas que defendemos sean derrotadas, no podemos traicionarlas. Tenemos que mantenernos fieles a aquello en lo que creemos, independientemente de que esté de moda, de que se burlen de nosotros o de que no triunfe», señaló de Prada, recordando cómo el hidalgo se negó a renegar de su amada Dulcinea, pese a la derrota ante Sansón Carrasco durante su última aventura en la playa de Barcelona.
Las frases cinceladas de Borges
El tránsito hacia Jorge Luis Borges supuso el hallazgo de la forma. En 'El Aleph', el escritor percibió «el uso que hace del adjetivo, la musicalidad de su escritura, lo cincelado de las frases de sintaxis irreprochable». «Me descubrió que escribir no consiste simplemente en contar sino que hay que contarlo de una manera determinada y, por lo tanto, hay historias que te pueden estar vetadas porque no las puedes contar con tu estilo», aseguró, reivindicando la necesidad indispensable de un estilo narrativo propio.
Finalmente, la incursión en Marcel Proust y su 'En busca del tiempo perdido' marcó el acceso a una dimensión distinta de la experiencia literaria. Lectura temprana y desbordante, le permitió comprender que cualquier materia puede convertirse en literatura: «Los aspectos más nimios de la vida contados de cierta manera se convierten en significativos», recordó, aludiendo a la célebre escena de la magdalena mojada en el té como desencadenante de la memoria para combatir la fugacidad del tiempo y la muerte. «Las palabras como forma de invocar el mundo», resumió.
«A veces quemar libros no es tan nazi como pueda parecer. Hay libros que hay que quemarlos. Y las adaptaciones al castellano contemporáneo de 'El Quijote' hay que quemarlas todas»
En conjunto, su intervención trazó una travesía por los clásicos como depositarios de una sabiduría inagotable que hay que leer «como fueron escritos». «En mi época daban una lectura abreviada, como adaptada, que es un sacrilegio», reprochó. «Eso no se puede aceptar, hay que quemar esos libros. A veces quemar libros no es tan nazi como pueda parecer. Hay libros que hay que quemarlos. Y las adaptaciones de 'El Quijote' hay que quemarlas todas. Las traducciones al castellano contemporáneo, ¡qué vergüenza! Estos libros hay que quemarlos porque son indecentes», censuró en una cerrada defensa de la gran literatura: «Son libros que siguen hablándole a personas de cualquier generación, de cualquier latitud, en cualquier circunstancia. La gran literatura es universal. Cuando la leemos siempre nos enseña algo y siempre nos interpela. Nos interpela cuando somos adolescentes, nos interpela cuando somos ancianos. Siempre tiene algo para nosotros».
Junto a Juan Manuel de Prada, el ciclo Diálogos de Marpoética lo completan Marta Jiménez Serrano, autora del superventas 'Oxígeno', y el cineasta Fernando León de Aranoa.
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