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Juan Pérez Mercader: «No estamos solos en el universo»

Juan Pérez Mercader: «No estamos solos en el universo»
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Es uno de los astrobiólogos más respetados del mundo y ha logrado crear vida artificial en su laboratorio de Harvard. Si la inteligencia artificial ya resulta asombrosa, lo que plantea este científico español es aún más desafiante. «La vida extraterrestre puede que no se parezca en nada a la que conocemos en la Tierra».
Juan Pérez Mercader: «No estamos solos en el universo»

Es uno de los astrobiólogos más respetados del mundo y ha logrado crear vida artificial en su laboratorio de Harvard. Si la inteligencia artificial ya resulta asombrosa, lo que plantea este científico español es aún más desafiante. «La vida extraterrestre puede que no se parezca en nada a la que conocemos en la Tierra».

Juan Pérez Mercader, en su laboratorio de la Universidad de Harvard. (Kris Snibbe/Universidad de Harvard) Regala esta noticia Añádenos en Google

José Antonio Guerrero

Madrid

07/10/2026 a las 17:50h.

Juan Pérez Mercader no quiere ir a Marte. A sus casi 79 años, este científico sevillano, onubense de adopción, y uno de los astrobiólogos más ... respetados del mundo, prefiere seguir explorando el universo desde la Tierra. La trayectoria terrícola de Mercader se levanta sobre varios pilares –la física, la química, las matemáticas, la ciencia de la computación y de los materiales–, revestidos todos ellos de un humanismo que es santo y seña del investigador español, que también posee nacionalidad estadounidense. Esa mirada curiosa y poliédrica lo ha llevado a preguntarse por el origen de la vida y, sobre todo, por las muchas formas en que la vida podría llegar a existir más allá de nuestro planeta. En su laboratorio de la Universidad de Harvard ha logrado algo que raya la ciencia ficción: crear sistemas que se comportan como seres vivos sin utilizar ninguno de los componentes con los que funcionamos los seres vivos. Lo ha conseguido, y el objetivo ahora es perfeccionar el hallazgo y convertirlo en tecnología. Entre ecuaciones laberínticas, galaxias y preguntas sobre el principio de todo, Mercader —que a pesar de una agenda repleta se muestra cercano, distendido y sin una sola mirada al reloj tras más de dos horas de charla— encuentra su refugio en la contemplación de la naturaleza —se conmueve hasta el tuétano al observar un colibrí volando de flor en flor— y en los versos de Walt Whitman («¡Oh, capitán, mi capitán!») y de su admirado Borges.

XL. La experiencia que abrió su camino hacia la astrobiología ocurrió una noche en la playa de Mazagón… ¿Qué pasó?

J.P.M. Sería a finales de los años ochenta, estaba en el parador de Mazagón, en Huelva, y bajé a la playa a dar un paseo nocturno. Había plancton que, al moverse con el agua o al chocar contra algo, emitía luz. Yo sabía qué era la bioluminiscencia, pero una cosa es conocer el fenómeno y otra verlo allí, delante de ti en una noche oscurísima, mientras sobre el Atlántico tienes la Vía Láctea. En aquella época estaba interesado en la termodinámica fuera del equilibrio, una rama de la física. Aquello era un sistema que recibía una perturbación y respondía produciendo luz. Y entonces pensé: «Esto ocurre aquí, pero ¿por qué no puede ocurrir algo parecido en otros lugares de la galaxia?». Al fin y al cabo son fenómenos físicos que no tienen nada que ver con que estemos o no en la Tierra. Esto es la energía haciendo sus cosas. Darme cuenta de que fenómenos así podían producirse en otros lugares del universo fue una especie de epifanía. Ahí empecé a pensar en astrobiología.

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XL. ¿Estamos hoy más cerca de resolver el origen de la vida?

J.P.M. No necesariamente. Sabemos muchísimo más que hace veinte o treinta años, pero seguimos teniendo un problema fundamental: en la Tierra tenemos muy pocos datos sobre cómo apareció la vida. No tenemos un registro fósil o molecular completo de aquel periodo. Han pasado unos cuatro mil millones de años, y gran parte de la información se ha perdido o se ha degradado. Por eso intento estudiar en el laboratorio cómo se puede pasar de sistemas químicos sin vida a sistemas químicos que presentan propiedades de la vida.

XL. Cuente, cuente… ¿Qué han conseguido exactamente?

J.P.M. Todos los sistemas vivos que conocemos en la Tierra cumplen cuatro propiedades: interactúan con el entorno, se alimentan y crecen y, antes de degradarse y morir, se reproducen. Y todos hacen eso con bioquímica. Imagínate que te vas al laboratorio y eres capaz de hacer estas cuatro cosas simultáneamente, tal y como las hace la vida, pero sin biología. Dices: «¡Ah, pues he encontrado vida que no es como la vida terrestre!». Eso es lo que nosotros hacemos en el laboratorio, sistemas químicos simples que se comportan como organismos vivos sencillos, como las bacterias. Ya lo hemos hecho y estamos perfeccionándolo.

XL. ¿Y qué aplicaciones prácticas tiene esa vida artificial que han creado?

J.P.M. La primera es 'descatetizarnos' y cambiar nuestra manera de pensar. Darnos cuenta de que no somos únicos, de que la vida puede tener muchas formas, y no necesariamente la nuestra o las que conocemos. Y eso ya es muy importante porque trasciende lo puramente material. Después, pueden aparecer aplicaciones tecnológicas. Podríamos diseñar sistemas de vida artificial capaces de realizar tareas concretas, como actuar como 'mineros' microscópicos capaces de extraer o concentrar tierras raras, tan esenciales hoy en día para la tecnología moderna, o materiales capaces de aprovechar la energía solar para producir combustibles. Las posibilidades son enormes porque, en cierto modo, estamos intentando convertir algunas propiedades de la vida en tecnología.

XL. ¿Por qué es tan difícil encontrar vida fuera de la Tierra si el universo es tan enorme?

J.P.M. Una cosa es que no la hayamos encontrado y otra que sea rara. Mi hipótesis es que probablemente no lo sea tanto. Lo que puede ser extraordinariamente raro es una vida tan compleja como la que conocemos en la Tierra. Pero si tú descubres que la vida es algo basado en la física y en la química, que es lo mismo aquí que en otros planetas, pues entonces es muy posible que puedan existir vidas que hayan evolucionado en diferentes direcciones.

Mercader nació en Alcalá de Guadaíra (1947), es licenciado en Ciencias Físicas por la Universidad de Sevilla, máster en Matemáticas y Física Teórica por el Trinity College de Dublín, y doctor en Física Teórica por el City College de Nueva York.

XL. Entonces, ¿podría existir vida ahí fuera que no se pareciera en absoluto a la terrestre?

J.P.M. Por supuesto. Pensemos en el vuelo. Los pájaros vuelan con alas y plumas. Los insectos tienen otra estructura; los murciélagos, otra. Y nosotros construimos aviones que vuelan sin utilizar ninguna de esas cosas. La función es la misma, pero los mecanismos son diferentes. Con la vida ocurre algo parecido. Puedes construir muchos tipos de vida dependiendo de qué química utilices y de cómo la mezcles. De la misma manera que para volar no necesitas utilizar plumas, pues a lo mejor para construir vida no necesitas azúcares, proteínas o ácidos nucleicos como el ADN, y lo puedes hacer con otros componentes químicos capaces de realizar funciones equivalentes.

XL. Usted habla de un cambio de paradigma, ¿qué quiere decir?

J.P.M. Estamos cambiando nuestra manera de entender qué puede ser la vida. Hasta ahora tenemos un único ejemplo: la vida terrestre. Y hemos tendido a confundir ese ejemplo con la definición universal de vida. Pero también está cambiando nuestra visión del universo. Hasta finales de los años ochenta ni siquiera habíamos observado otros sistemas planetarios. Hoy conocemos miles de exoplanetas (planetas fuera del Sistema Solar). Y, aunque no sean como la Tierra, sí se dan condiciones en que la química podría estar haciendo cosas que en esos sitios sean como vida. Estamos hablando de vida microscópica, no de vida inteligente, que es muy difícil de encontrar, incluso en la Tierra, je, je, je.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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