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Juanma Moreno barrerá en las urnas y ayer quedó claro por qué

Juanma Moreno barrerá en las urnas y ayer quedó claro por qué
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Sin emoción por el resultado de las elecciones, lo único que interesaba ayer del debate era ver cómo gestionaba el ego de María Jesús Montero su papel de elemento de atrezo en unos comicios en los que Juan Manuel Moreno barrerá de nuevo.

Los cinco candidatos, antes del debate. EFE

Columnas EL PANDEMONIUM Juanma Moreno barrerá en las urnas y ayer quedó claro por qué

Sin emoción por el resultado de las elecciones, lo único que interesaba ayer del debate era ver cómo gestionaba el ego de María Jesús Montero su papel de elemento de atrezo en unos comicios en los que Juan Manuel Moreno barrerá de nuevo.

Publicada 5 mayo 2026 02:48h

La mujer más importante de la historia de España afrontó el debate de este lunes en La 1 en la incómoda posición de aspirante al título regional frente a alguien que nunca ha ejercido papel alguno en la política nacional.

Y su orgullo lo gestionó regular.

Porque la realidad es que, como ese Pablo Iglesias que abandonó la vicepresidencia del Gobierno para ser triturado por Isabel Díaz Ayuso en las urnas de la Comunidad de Madrid, María Jesús Montero aspira ya sólo a que su debacle en las elecciones del domingo 17 de mayo sea lo menos humillante posible para poder decir, al menos, que ha mejorado en equis puntos las peores expectativas que le daba el peor de los sondeos.

Sin emoción por el resultado de las elecciones, en fin, lo único que interesaba ayer del debate era ver cómo gestionaba el ego de María Jesús Montero su papel de elemento de atrezo de lengua desatada (metafórica y literalmente) en unos comicios en los que Juan Manuel Moreno barrerá de nuevo y donde la única duda es si obtendrá mayoría absoluta o se quedará a solo uno o dos escaños de ella.

Así que más que las propuestas de los candidatos, irrelevantes y por otro lado totalmente indistinguibles (un marciano se sorprendería viendo cómo cinco seres humanos fingen pelearse cuando todos parecen adorar al mismo Dios de los Servicios Públicos y el Estado del Bienestar), lo interesante del debate era, a priori, el juego psicológico entre los candidatos y el rol que cada uno iba a interpretar frente a los espectadores.

Porque muchas veces ese rol dice más del candidato y de sus planes que su propio programa electoral.

Los candidatos durante el debate. EFE

A bocajarro: a Juan Manuel Moreno le bastó con poner el cerebro en modo automático para superar la noche sin rasguños ni resacas; Antonio Maíllo transmite la autenticidad de quien se cree las barbaridades que dice; el lugar de José Ignacio García de Adelante Andalucía es una asamblea universitaria y no la política regional; María Jesús Montero sólo pudo recurrir al truco cínico de fingir que la España de hoy no lleva siendo gobernada ocho años por su partido y por ella misma; y Manuel Gavira, de Vox, jugó con la ventaja de quien puede permitirse decir alguna que otra verdad que los otros candidatos no reconocerían en público ni aunque amenazaran con degollarlos con el cuchillo de la mantequilla.

¿Hubo prioridad nacional?

Sí, pero las respuestas fueron tan blandas y desangeladas ("usted es una mala persona", "Andalucía es tierra de acogida", "¿ahora el problema de la vivienda es culpa de su vecino senegalés?") que sospecho que a todos los partidos han llegado ya esos sondeos internos que dicen que la prioridad nacional ha calado, y muy hondo, en un espectro asombrosamente transversal de los ciudadanos.

Lo cual, por otro lado, no tiene nada de sorprendente si uno ha salido a la calle de cualquier ciudad española durante los últimos dos años.

Más allá de eso, debo reconocer que, si yo fuera de izquierdas, entre la visión purista de la izquierda de Maíllo, el cinismo de María Jesús Montero y la irrelevancia cuqui-caffelatte-multiculti-tote-bag-bicicleta-ecoguacamole de José Ignacio García, me sentiría tentado de optar por el candidato que parece un adulto. O sea, Maíllo.

Entiéndaseme bien. Yo creo que el socialismo es una estafa financiera, intelectual y moral, y el principal factor desencadenante de la decadencia de Occidente y las democracias liberales. Pero todavía distingo entre aquellos que parecen creérselo de buena fe y quienes lo utilizan como trampolín para zambullirse de cabeza en la piscina del poder y trincar a dos carrillos.

Hubo un momento interesante en el debate.

Sucedió cuando Maíllo y Juan Manuel Moreno se enzarzaron, muy educadamente porque ambos son andaluces y la gente del sur es generalmente suavona, sobre no sé qué tema irrelevante que soy incapaz de recordar.

Entonces, Maíllo lanzó un ataque de una crueldad inesperada: el comunista le recordó al liberal que lleva viviendo toda su vida de la política sin haber cotizado un solo día fuera de ella, mientras él, el rojo comecuras, lleva treinta años siendo profesor (de la pública, eso sí).

En realidad, un libertario como yo diría que los dos están viviendo de mí, así que la diferencia entre ambas opciones vitales es irrelevante: me molesta tanto el uno como el otro.

Pero dado que Juan Manuel Moreno es un socialdemócrata de la rama centroderechista, el ataque le sentó a cuerno quemado.

Y por ello respondió con otra bomba atómica destinada a triturar a su rival: Anguita sí era un político de verdad.

Lo cual, por otro lado, es esencialmente cierto. En España no hay nada como morirse para que le veamos incluso a los comunistas más carpetovetónicos un sentido de Estado imposible de encontrar en la España de 2026.

Hubo otro detalle significativo durante el debate. María Jesús Montero, poseída por el espíritu de Pedro Sánchez, se arrancó a prometer cosas que no tiene pensado cumplir jamás y que nadie le exigirá nunca y le garantizó a los jóvenes andaluces el 20% del precio de la vivienda que quieran comprarse. Es decir, la entrada para el banco.

O sea, paguita en forma de ayudita.

Y Juanma Moreno le respondió algo así como "actualízate, vieja, eso lo llevamos haciendo nosotros hace años".

O sea, que frente a un problema de oferta, el político español, tanto de derechas como de izquierdas, responde incentivando la demanda, que es el camino más seguro hacia el desastre. Pero también, eso sí, el que da más votos: porque los tontos son más, y votan, así que prometerle a alguien que le vas a dar 20 cuando le estás robando 30 sigue siendo una estafa sorprendentemente eficaz y para la que nunca faltan incautos.

Más allá de eso, hay que reconocerle a Juan Manuel Moreno el aplomo de quien camina sobrado hacia las urnas sabiendo que María Jesús Montero es una de las peores candidatas posibles del sanchismo, y mira que la cosa está dura.

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    Fuente original: Leer en El Español
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