En 22 días, los que median entre el 7 y el 28 de noviembre, Juanma Moreno culminará (salvo sorpresas que nadie espera) el proceso que comenzó hace aproximadamente cuatro años con un objetivo: garantizarse el control absoluto del PP andaluz en las ocho provincias con direcciones territoriales plenamente identificadas con su proyecto y con sus ideas y con una lealtad más que probada. Y todo ello puesto al servicio de Alberto Núñez Feijóo, en perfecto alineamiento con Génova y con la vista puestas en las elecciones generales.
El día 7 de noviembre arrancará en Granada el proceso de congresos provinciales en los que se elegirá a los presidentes provinciales y a los equipos directivos, que terminará en Huelva y en Sevilla el 28 de ese mismo mes. Pero más que por la renovación, lo que marcará los congresos del PP en las ocho provincias será la continuidad, hasta el punto de que en siete de ellas seguirán las mismas direcciones, los mismos presidentes que fueron elegidos hace ahora cinco años, en 2021.
Será el caso de Granada, donde tendrá lugar el primero de los cónclaves provinciales y donde Francis Rodríguez optará a la reelección y lo mismo sucederá en Málaga, con Patricia Navarro; en Jaén, con Erik Domínguez; en Córdoba, con Adolfo Molina; en Cádiz, con Bruno García; y en Huelva, con Manuel Andrés González. En Almería, el candidato será el consejero de Agricultura, Ramón Fernández Pacheco, que ya asumió las riendas del partido tras estallar un caso de corrupción en la Diputación por el que fue imputado el anterior presidente, que lo era también de la Diputación, Juan Aureliano García.
La gran excepción será el PP de Sevilla, la única organización provincial popular en la que habrá un nuevo presidente después de congreso del 28 de noviembre. Se trata del parlamentario Agustín Aguilera, hasta ahora secretario general del PP sevillano y que sustituirá a Ricardo Sánchez.
Precisamente, el nombramiento de Aguilera en Sevilla simboliza la toma de control al completo de los partidos provinciales por parte del presidente del PP andaluz. Fue Sevilla hace cinco años el mayor quebradero de cabeza para Moreno, la fuente de sus mayores disgustos y el principal foco de resistencia interna.
Con el apoyo del entonces presidente nacional, Pablo Casado, y con la intervención decisiva de su secretario general, Teodoro García Egea, Sevilla se rebeló a Moreno de la mano de Virginia Pérez, frente a los deseos del líder regional, que llegó a ausentarse del congreso provincial. Con el tiempo, y la salida de Casado y García Egea, la dirección regional recondujo aquella situación, forzando la dimisión de Pérez y poniendo al frente del PP de Sevilla a Ricardo Sánchez con la tarea de pacificar el partido.
En el PP-A, señalan fuentes cercanas a la dirección de Moreno, se considera que esa labor se ha completado ya y la designación de Aguilera, apadrinado políticamente por el presidente de la Junta, es la culminación.
Juanma Moreno saluda a Agustín Aguilera, próximo presidente del PP de Sevilla.Moreno ha promovido la continuidad de los presidentes provinciales que repiten y, en el caso de Sevilla, el sustituto de Ricardo Sánchez es una apuesta personalísima, de tal forma que en el PP-A no son pocos los que coinciden en que "nunca antes el partido estuvo tan controlado" por la dirección regional, con un proyecto "plenamente consolidado", el que encarna el presidente regional.
Nadie en público y pocos en privado discuten la paz interna que ha logrado Juanma Moreno y tampoco que se haya apostado por la continuidad de las direcciones provinciales -como se hizo, por cierto, con la dirección regional en el congreso de hace un año- ya que "cuando las cosas van bien no tiene sentido cambiarlas", dicen las fuentes consultadas.
Tanto es así que los congresos se consideran poco más que "un trámite" en el que, más que renovar las direcciones, la idea es "dar un impulso político" al partido de cara a las elecciones municipales que se celebrarán en el mes de mayo de 2027 pero, sobre todo, activar la maquinaria con la vista puesta en las generales, que en el PP consideran que podrían convocarse antes de lo previsto.
El PP andaluz quiere ponerse en modo electoral a partir de noviembre y ya no rebajar la tensión porque la estrategia de Moreno pasa por poner la organización regional al servicio de Feijóo y persigue mejorar los resultados de los últimos comicios nacionales para asegurar no solo la vistoria del líder nacional, sino que podrá gobernar, aunque sea con el apoyo de Vox.
En este sentido, las estrategias de la dirección regional y la de la calle Génova están perfectamente alineadas y hasta la campaña de las municipales va a tener un componente elevado de política nacional. Es algo que, confirmaron las fuentes del partido consultadas, ya se está haciendo con la crisis de Ceuta como máxima expresión, llevando el asalto a la frontera ceutí y los problemas de gestión del Gobierno central a todos los escenarios posibles, incluidos los ayuntamiento o el Parlamento autonómico.
Poner el foco en el debate nacional y atacar al PSOE de Pedro Sánchez con toda la artillería es una consigna nada disimulada y la intención, confirman desde el partido, es seguir haciéndolo incluso en los actos de campaña de las municipales.
El PP tratará de combinar en estas elecciones la política nacional con los intereses locales de sus candidatos y la sensación dentro de la formación que lidera Moreno es que el viento sopla a su favor. A nivel andaluz, el PSOE que dirige María Jesús Montero no parece que haya logrado encontrar el camino de su recuperación y en el PP-A creen que hay bastantes posibilidades de mejorar los resultados de 2023, que ya fueron excelentes, conservando las capitales (incluyendo Jaén, que perdieron por una moción de censura) y las seis diputaciones que controlan (Huelva, Cádiz, Córdoba, Málaga, Granada y Almería). Incluso ven al alcance cerrar el círculo con las dos que les faltan por conseguir, las de Sevilla y Jaén, que siempre han estado en manos socialistas.
En este sentido no preocupa un eventual desgaste por el pacto de gobierno suscrito con Vox, a pesar de que los de Santiago Abascal forzaron la entrada en el ejecutivo de Manuel Gavira como vicepresidente de la Junta. Pese a ello, no se aprecia coste electoral y se destaca cómo Vox se ha mimetizado con el ejecutivo de Moreno sin grandes estridencias ni polémicas.