Aquí o allí, el jugador llevará ya siempre consigo el desprecio de la gente que hasta hace nada le idolatró
Regala esta noticia Añádenos en Google Julián Álvarez, durante el partido ante Austria. (Reuters) 23/06/2026 a las 15:21h.Pudo hacerlo Julián Álvarez en otro momento, no escondido en un cuarto trasero después de un partido del Mundial que miraba a Messi y no ... a él, para recitar balbuceando el comunicado que el Barcelona le había cuidadosamente dictado.
Pero no, Julián eligió hacer daño al Atlético, que sigue siendo su afición y no el dueño de sus acciones.
Porque esa forma nada original de airear las ganas de fuga como efectivo mecanismo de extorsión, ese uso de «cumplir mi sueño» o coletillas así, todos saben que, especialmente en esa casa, lastiman al hincha, van dirigidas de forma malintencionada en su contra. Para que no haya vuelta atrás, para que la ruptura sea irreparable. Ya lo hicieron otros antes tirándose estiércol en su placa, desde el Kun Agüero a Joao Félix, pasando por Griezmann (que sí entendió luego la gravedad y maldad de su maniobra y acabó pidiendo convincentemente perdón hasta lograr revertir esfuerzo a esfuerzo el desprecio por cariño).
Agredido con precisa puntería el seguidor colchonero y conquistado su abucheo, el asunto Julián deriva ahora en seguro culebrón. Un juego de ofertas y contraofertas cruzadas, de pretendientes impostados o verdaderos, de amenazas, trampas y faroles, que medirá de forma especial a un actor recién llegado, el fondo americano Apollo, y las verdaderas intenciones de su negocio.
Un nuevo accionista mayoritario al que el socio rojiblanco ya empezaba a mirar con recelo, escamado por su posición de inesperada pasividad y fragilidad en un mercado que por ahora va contando que cualquiera le puede quitar jugadores al Atlético, ya sean propios o pretendidos.