- GALO MARTÍN
La astrofísica Julia de León, Premio Mujeres a Seguir 2025 y responsable de defensa planetaria en la Agencia Espacial Europea, vigila los cielos desde el Observatorio de la isla de La Palma. Experta en desviar asteroides que amenazan la Tierra, uno de ellos lleva su nombre.
En 2011 la Unión Astronómica Internacional bautizó a un asteroide con el nombre (8324) Juliadeleon, en reconocimiento a la trayectoria y contribución a la astrofísica de la doctora Julia de León (1977, Tenerife). Merecido honor, del que pocos pueden presumir, porque es una de las mayores expertas europeas en el estudio de las propiedades de asteroides y cometas. Además, desempeña una importante función como responsable de defensa planetaria de la Agencia Espacial Europea y ha participado en misiones que demostraron que es posible desviar asteroides que amenacen con impactar en la Tierra.
Trabaja como investigadora para el Instituto de Astrofísica de Canarias y utiliza habitualmente el Gran Telescopio de El Roque de Los Muchachos, en la isla de La Palma. La entrevista tiene lugar en una sala de estar anexa a la cocina que hay allí, a casi 2.500 metros de altitud sobre el nivel del mar. Llegar hasta este lugar implica un viaje en coche por una carretera estrecha, repleta de curvas y empinada que atraviesa un mar de nubes. Sobre ellas se suceden telescopios de diferentes corporaciones internacionales. La estampa parece la de una estación espacial en la Tierra.
Antes de responder a nuestras preguntas enseña a un par de investigadores de Japón y de República Checa las instalaciones y cómo funciona el telescopio. Semejante lente sólo la hay en el desierto chileno de Atacama, en la cima del hawaiano volcán de Mauna Kea y en este Observatorio de El Roque de Los Muchachos. La Santísima Trinidad de las geografías desde las que contemplar los astros que pueblan la bóveda celeste y lo que hay más allá. "Una vez pones el ojo en el ocular del telescopio y ves los anillos de Saturno, ya estás perdido. Te enganchas a la Astrofísica", dice la científica. Desde luego, si el universo siempre sorprende, después de escuchar a De León entran ganas de emprender un viaje interestelar para ver qué pasa en otros sistemas planetarios.
¿Somos conscientes de que uno de los mejores cielos para la observación astronómica está en la isla de La Palma?En los últimos años los palmeros han empezado a ser un poco más conscientes de este privilegio. La sociedad está tomando conciencia por la divulgación que se hace desde el Instituto de Astrofísica de Canarias y la Fundación Starlight, entre otros. También hay muchas empresas relacionadas con el astroturismo que están colaborando. Por otro lado, esos centros y empresas protegen el cielo que tenemos.¿Qué siente cuando observa el cielo desde un observatorio canario?Pocos astrofísicos pueden trabajar en el lugar donde han nacido. Soy una privilegiada. No abundan los lugares en el mundo con la calidad del cielo de La Palma, una isla muy protegida de la contaminación lumínica. Una de las cosas que más me sorprendieron cuando empecé a trabajar en el observatorio fue que de noche se puede caminar sólo con la luz de la Luna llena. Es una pasada, como tener una linterna. También me llamó la atención la cantidad de estrellas que se ven cuando no hay luz artificial alrededor.¿Hasta qué punto le influyó el haber nacido en Canarias para dedicarse a lo que se dedica?De niña el cielo no me interesaba. Cuando empecé a estudiar Física en la Universidad de La Laguna, en Tenerife, me decanté por Astrofísica porque no había otro lugar en el mundo mejor donde estudiar esa especialidad. Aquí está el Instituto de Astrofísica de Canarias, tenemos los observatorios, los telescopios, y la calidad de la enseñanza es bestial. Todo eso hizo que me decantara por estudiar Astrofísica.De no haberse dedicado a ello, ¿a qué lo hubiera hecho?rEra buena estudiante y quería saber sobre todo. Me atraía el diseño, el dibujo técnico y estuve a punto de estudiar Arquitectura. Me fui decantando por la ciencia porque me gustaban las Matemáticas. Me parecía como magia lo que se podía hacer con ellas, cómo podías afrontar un problema y estudiarlo, plantearlo con incógnitas. Siempre me gustó buscar soluciones a los problemas.¿También quiso siempre divulgar?Sí, tiene que ver con mi carácter. Me gusta el artisteo; vestirme, disfrazarme, bailar. Si a eso le sumas que disfruto hablando y que soy extrovertida... Empecé a dar conferencias en congresos y vi que hablar en público no se me daba mal. Poco a poco me fui metiendo en más cositas de divulgación y descubrí que me gustaba mucho. Hoy es la parte que más me gusta de mi profesión.¿La divulgación es el antídoto contra la desinformación?Creo que es muy necesaria, sobre todo con los niños. El foco hay que ponerlo en las etapas de infantil y primaria. Hay que preparar esas cabecitas y estructurarlas bien. Es muy gratificante dar charlas en colegios e institutos porque ves que el mensaje les llega. Se interesan por lo que cuento, sin dejar de ser críticos. Es increíble que, en la época en la que hay más acceso a la información, estemos en el peor momento de desinformación, con gente creyendo cosas que ya estaban superadas: que la Tierra no es redonda, que no hemos estado en la Luna, que los pájaros son drones...¿Cómo se combaten los bulos?Yo creo que hay parte de elección personal. Tú decides qué quieres escuchar y qué te quieres creer. A mí me supone un gran desgaste explicar a esas personas que han decidido creer que la Tierra es plana que no lo es. Les da igual lo que yo sea y lo que les diga. Hay personas que les gusta decir: "Yo sé la verdad y todos vosotros estáis equivocados".¿Qué le preocupa más: la desinformación, los bulos o la falta de interés aparente de la gente por la ciencia?La falta de interés y ahí tenemos que incidir. Al final, cada uno lee y se informa dónde y cómo quiere. Tenemos poder de elección y hay una gran variedad de medios. Lo preocupante es que, con todo, se opte por creer todas esas porquerías y no informarse bien. Al final se trata de desarrollar el espíritu crítico.¿Dónde hay más basura, en el espacio o en la Tierra?En la Tierra, aunque tenemos muy sucio el entorno espacial cercano. Durante décadas nos hemos dedicado a lanzar cohetes, a poner satélites en órbita y todo lo relacionado con la exploración de la Luna ha dejado restos orbitando alrededor del planeta. Muchos de ellos se han quedado a una altura determinada, en una órbita muy estable que se llama geoestacionaria a 36.000 kilómetros de altura. A esa distancia se dan las condiciones para que los objetos ni puedan caer ni escapar al espacio exterior. Por eso se ponen en ella la mayoría de satélites, pero la basura también se queda.¿Por qué no se vuelve a traer a la Tierra esa basura?Ahora existe una especie de regulación, de manera que si tú eres una compañía y quieres poner un satélite en esas órbitas, tienes que destinar parte de su combustible útil para que al final de su vida operativa lo hagas reentrar o lo lances al espacio exterior. El problema es que en órbitas más bajas, entre 400 y 800 kilómetros de altura, la propia atmósfera va como frenando estos objetos y a lo largo de los años eso hace que se vayan acercando y la propia atmósfera los hace caer a tierra o los destruye. Se queman.¿Los satélites que están más cerca de la Tierra pueden ser peligrosos?En general, los tamaños de los satélites no son muy grandes, uno o dos metros, y tienden a fragmentarse. Se desgastan, se erosionan porque en el espacio están muy expuestos y se terminan por romper. Esos fragmentos la atmósfera los suele limpiar, pero ya ha habido casos de objetos más grandes que han caído a la Tierra, al agua en concreto.¿La caída de un asteroide a la superficie es un problema real?Es algo que va a ocurrir, el problema es que no sabemos cuándo va a suceder. Estamos rodeados de pequeñas piedras que se acercan y muchas atraviesan la atmósfera. Cada día hay toneladas de partículas del tamaño de granitos de arena que están entrando en la atmósfera y no nos enteramos, pero las probabilidades de que caiga una roca muy grande son muy bajas.¿De qué tamaño estamos hablando?Por encima de los 50 metros la cosa se pone delicada, ya que su impacto puede causar daños a nivel de una ciudad. En la época de los dinosaurios, hace 65 millones de años, el asteroide que impactó en la Tierra era de unos 10 kilómetros y generó el cráter que hay en México, además de crear una extinción masiva. Ahora no hay asteroides así de grandes y los que hay no tienen visos de que caigan en la Tierra. Están identificados y localizados. El problema lo tenemos con los asteroides de entre 100 metros y un kilómetro porque no están todos identificados. Por una cuestión de límites tecnológicos no podemos detectar los asteroides más pequeños. Si están lejos no los vemos y si están cerca los vemos, pero no tenemos margen de maniobra.¿Qué van a hacer al respecto?Primero, terminar de detectarlos. Cuántos hay y dónde están esos asteroides. Vamos por la mitad, aproximadamente, y después hay que pensar qué hacer en caso de que uno caiga a la Tierra. El impacto de un asteroide, a día de hoy, puede ser la mayor amenaza procedente del espacio. Por eso hemos empezado a desarrollar técnicas para intentar evitarlo en caso de que caiga en dirección a la Tierra. Se ha planteado desde lanzar una bomba para destruirlo, aunque lo fragmentaríamos y no sería muy óptimo a nivel de mitigar el impacto porque puede que se repartan los daños en más sitios. Lo más factible que hemos testado es el desvío. Es decir, cuando está suficientemente lejos le aplicas un pequeño input de movimiento que se traduce en un desvío que hace que no colisione con la Tierra. Aunque es más peligroso lo que estamos haciendo nosotros con el planeta que la probabilidad de que un asteroide nos impacte.¿La estrategia de desvío es suficiente?Hay que tener presente que la Tierra también se mueve en el espacio. Entonces, lo que sucede con el desvío es que nuestra órbita y la del asteroide no se van a cruzar y, por tanto, evitaríamos el impacto.¿Y esto quién lo ha hecho posible?La NASA con el experimento DART (Double Asteroid Redirection Test) y, como la NASA no da puntada sin hilo, dart significa dardo en inglés. Se probó sobre un sistema binario, formado por uno bastante grande y una especie de luna que gira a su alrededor, porque está cerca de nuestro planeta y resulta más fácil y rápido enviar una nave. Lo que hizo DART fue impactar contra ese asteroide pequeño, que además tiene el tamaño en la frontera de lo que empieza a considerarse peligroso: unos 160 metros. A partir de los datos que tenemos podemos deducir muchas cosas, como la estructura interna del asteroide. DART llevaba a bordo una pequeña cámara que tomó imágenes durante la aproximación, pero una vez producido el impacto, dejó de existir y ya no pudo observar sus consecuencias.Entonces...Desde la Agencia Espacial Europea lanzamos Hera con el objetivo de estudiar qué ha quedado después del impacto: si hemos generado un cráter o no, si hemos roto el asteroide y luego se ha vuelto a agrupar por efecto de la gravedad, si quedan fragmentos grandes orbitando a su alrededor o si parte del material expulsado, porque eso sí lo vimos desde Tierra, se ha vuelto a depositar sobre la superficie o ha terminado en el otro asteroide. El objeto brilló muchísimo porque el impacto generó una enorme nube de polvo. Todo eso lo vamos a estudiar ahora.¿Qué nos pueden enseñar esos cuerpos que usted estudia sobre el origen de la vida en la Tierra?Los asteroides son como los restos de la obra, como ladrillos que han sobrado, antes de que se formaran los planetas, que serían las casas. En los planetas todo ese material que había inicialmente se ha modificado, alterado, por la propia formación del planeta. Conservan la información de lo que había cuando se estaba formando el sistema solar. Los asteroides atesoran los ingredientes para que, con las condiciones adecuadas, cuajaran y se formara la vida en la Tierra.¿Se imagina que en el futuro Canarias dependa más de la ciencia que del turismo masivo?Sería maravilloso. Hay potencial; astrofísica, vulcanología, biología... pero es complicado. Lo que sí podemos hacer es cambiar el tipo de turismo que tenemos: masivo, de sol, playa y alcohol.¿Qué es un fuera de serie?Alguien que no se desanima en la sequía del desaliento. Alguien que, si quiere llegar allí, va a buscar la manera de hacerlo y lo va a conseguir poniendo todo su esfuerzo en ello. Alguien persistente, constante y muy trabajador.¿Quién es un fuera de serie para usted?Rafa Nadal. Lo admiro hasta el tuétano. Una persona increíble y un deportista de otro planeta. 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