Toda propuesta artística pasa por la creación de una contingencia espacial, que no sólo es necesaria para hacerla efectiva sino también para estructurarla dialécticamente.
Se trata de un orden paralelo al que nos ofrece la realidad, alternativo y simbólico, que cuenta con sus propias reglas. ... Algo a lo que se refirió Nelson Goodman en su célebre 'Maneras de hacer mundos' (1978). Esta virtualidad es un buen elemento en torno al cual abordar las tres exposiciones que nos ocupan.
No es la primera vez que Julia Llerena (1985) adopta la disposición de un libro en sus obras, aunque en esta ocasión lo haga de un modo más abierto, estructural y materialmente hablando.
De Guillermo de Osma y Cayón, en el centro de la Modernidad
Su exposición es fruto de un proyecto realizado en el Centro de Residencias de Matadero, donde parte de un libro manuscrito de su madre, que quedó interrumpido en la página 180 (de ahí su título). Más allá de la vinculación emocional con este volumen, la artista ha encontrado aspectos de su contenido y circunstancias que le han llevado a un desarrollo plástico sugerente, planteándose la dicotomía posibilidad/imposibilidad del hecho de crear como eje conceptual de su trabajo.
Elena Blasco (1950) reúne en Espacio Mínimo piezas de diferentes etapas de su trayectoria, de 1986 hasta hoy. Un conjunto en el que, si bien podemos advertir particularidades de la evolución de su poética, se ha mantenido, con excelente criterio, una cierta unidad discursiva en perfecta sintonía con el carácter de su trabajo.
La muestra funciona casi como una instalación que ocupase el espacio de la galería, algo que resulta muy oportuno debido a la articulación expansiva y combinatoria de la mayoría de sus piezas. Pintura, dibujo, escultura, objetos y materiales de lo más diverso, pero invariablemente pertinentes y expresivos en su arbitraria convivencia; tan expresivos como lo son la naturaleza de sus figuraciones o la morfología de sus elementos tridimensionales, la impetuosidad de sus grafismos o la vehemencia de sus pinceladas.
La obra de Elvira Amor (1982) se centra en las posibilidades de la pintura, buscando que sean sus condiciones y propiedades específicas, su materialidad versátil y la eventual definición de sus aplicaciones, las que determinen el resultado estético.
A diferencia de ocasiones anteriores, en las piezas de esta exposición la artista se mantiene dentro del soporte cuadrangular, estableciendo un diálogo marcadamente formalista, entre la mancha y los límites del cuadro, del que emana buena parte del atractivo y expresividad de su trabajo, junto a la interacción cromática que fundamenta su propuesta. Límites que en algún momento transgrede, planteando una espacialidad compuesta, alterada, que articula en dos superficies y nada tiene que ver con el tradicional concepto de díptico.
Clausura: Hasta el 14 de noviembre de 2026
Tres proyectos donde la pintura se haya muy presente pero convive –eceptuando a Amor– con otros medios. Esto bien podría ser entendido como síntoma de ese agotamiento de lo pictórico tantas veces proclamado: basta con visitar estas citas para convencerse de todo lo contrario.
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Julia Llerena, Elena Blasco y Elvira Amor: tres visiones en torno a la espacialidad
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