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Katy Perry ruge en Madrid con un espectáculo desbordante

Katy Perry ruge en Madrid con un espectáculo desbordante
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Dos décadas después de irrumpir en el pop mundial, la artista reivindica su condición de estrella en el escenario del Río Babel. Más información: Germán Quimasó, el creador del Río Babel que trae a Katy Perry: "Ahora hacer un festival en Madrid es supercomplejo".

Katy Perry actuando en el festival Río Babel. Ricardo Rubio Europa Press

Música Katy Perry ruge en Madrid con un espectáculo desbordante

Dos décadas después de irrumpir en el pop mundial, la artista reivindica su condición de estrella en el escenario del Río Babel.

Más información:Germán Quimasó, el creador del Río Babel que trae a Katy Perry: "Ahora hacer un festival en Madrid es supercomplejo".

Publicada 6 julio 2026 08:32h

Con un cierre tan improbable como ecléctico, el Festival Río Babelreunió este domingo a Bomba Estéreo, La Casa Azul o, de cabeza de cartel, Katy Perry. Si en otras ediciones la apuesta heterogénea encontraba un equilibrio de estilos o público a lo largo de sus tres escenarios, esta vez lanzaba dos órdagos a lo internacional de masas. Después de una noche con The Offspring satisfaciendo a fans de largo aliento (y a algún incipiente seguidor infantil), la despedida se convirtió en una oda al pop joven, masivo, fresco.

Katy Perry venía de actuar en Santiago como previa y única parada en España. Y se encontró en Madrid con un público entregado. En pleno fin de semana del Orgullo, la estadounidense congregó a familias, pandillas adolescentes y mucho devoto de esta estrella que ha vuelto al ruedo en 2026 con su Lifetimes Tour tras unos años con más foco mediático por su vida sentimental que musical. Y podría parecer que su cetro del pop estaba en entredicho, con el empuje de dos posibles sucesoras como Olivia Rodrigo o Sabrina Carpenter.

Pero no: sigue brillando. Y lo hace sin sorpresas ni imposturas. Le basta un par de decenas de éxitos sin paliativos. En el auditorio Miguel Ríos de Rivas demostró que su propuesta está a la altura de los grandes nombres del mainstream. Durante algo más de la hora y media estipulada no dejó espacio al remanso. El arranque fue un súbito golpe de efecto: California Gurls y Teenage Dream a un ritmo acelerado, una corte de bailarines, unas imágenes con estética playera y mucha electrónica transformaron el espacio en un chiringuito VIP.

Germán Quimasó, el creador del Río Babel que trae a Katy Perry: "Ahora hacer un festival en Madrid es supercomplejo"

Mientras pedía a la gente que les mostrara las manos, un fondo luminoso y equipo perfectamente sincronizado marcaban el tono de una noche que nunca bajó el ritmo. Last Friday Night exaltó la celebración colectiva. Móviles en alto, atrezzo gigante y una artista consciente de que no había dudas. “¿Cómo fue la noche? ¿De fiesta? Estáis ya en vuestro pico y sólo llevo 10 minutos. Hay que divertirse. Ya no estáis en la oficina. Gracias por dejarme ser parte de vuestro verano”, bromeó.

Ese humor espontáneo fue uno de los hilos conductores de la velada. “Hola, ¿cómo estáis? Me llamo Katy Perry”, se presentó irónicamente antes de enlazar Chained to the Rhythm y Never Really Over. Soltó unas frases rapeadas y se alzó como astronauta (con bastante sentido: en abril realizó un histórico vuelo espacial junto a otras cinco mujeres). La idea se concretó con una recreación de la pisada en la Luna, la música de 2001: Una odisea del espacio y la bandera española clavada en un paisaje galáctico.

Katy Perry actuando en el festival Río Babel. Ricardo Rubio Europa Press

Fue el bloque más futurista del concierto. Lo mantuvo durante Dark Horse y E.T., mientras Part of Me se convertía casi en una sesión de aeróbic gracias a la inserción de I've Got the Power. Tras una breve parada, regresó haciendo gala de una cercanía muy calculada, pero efectiva. “Me ha pasado algo raro. Me he constipado. No lloréis, sé que es ridículo con este calor”, dijo entre risas, agradeciendo el apoyo de su pareja, Justin Trudeau, y uniendo I'm His, He's Mine con una explosiva Bon Appétit.

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No faltó tampoco la mirada hacia su propia trayectoria. Preguntó quién había estado en alguna de sus anteriores visitas a Madrid y confesó que el vestido que llevaba era el mismo de entonces. “Va a ser la última vez que me lo ponga”, alegó, e ironizó sobre la inteligencia artificial. “No me gusta la IA... pero la voy a usar”. Las pantallas respondieron enfocando a los asistentes con peticiones de pose.

La intensidad descendió momentáneamente con BandAids, recuperando músculo con Legendary Lovers y una The One That Got Away. “Esta seguro que la conocéis”, anunció. No mentía. Cuando los asistentes comenzaron a gritarle halagos, Perry respondió con sorna. “¿Qué significa eso?”, preguntaba en un intercambio aparentemente improvisado y reforzando la sensación de cercanía. Llegó la emoción con Thinking of You, la balada de la noche y preludio de una recta final llena éxitos indiscutibles.

Hot n Cold devolvió el desenfreno. I Kissed a Girl, interpretada mientras ondeaba una bandera LGTBIQ+, recordó el carácter provocador con el que irrumpió en la escena pop: dentro de una enorme botella hinchable, Katy Perry sobrevoló las primeras filas hasta que retomó el firme. Uno de los momentos más personales llegó con All the Love. La cantante habló de la maternidad con una naturalidad poco habitual en espectáculos de semejante escala.

Adelantó que su vida cambió con el nacimiento de su hija, que su momento favorito del día es cocinar para ella cuando vuelve del colegio y animó a los asistentes: “Si hoy no has llamado a tu madre, hazlo”. Entonces sonó una grabación de Daisy confesando que no le gustaba el verano. Un instante doméstico incluido, por unos minutos, en parte del gigantesco mecanismo del show.

Y ya en el último tramo, Perry dejó de lado la performance para hablar casi a corazón abierto: “Hace 18 años no había escrito Roar ni Firework. He vivido mucho como mujer de 41 años. Y el camino siempre tiene altibajos”, se sinceró, preguntando si acaso era la única que había roto con su pareja o que había pasado por malas rachas.

La frase, pronunciada antes de uno de los himnos que la convirtieron en una de las mayores reinas del pop del siglo XXI, resumía también el sentido de la noche: la de una artista que conoce perfectamente los vaivenes de la industria, pero que sigue sabiendo cómo levantar un espectáculo de dimensiones colosales. Y vaya si lo hizo: justo a punto de interpretar Roar, Perry recordó que el éxito, el dinero, las rupturas o las dificultades acaban siendo secundarios frente al vínculo con quienes siguen acompañándola.

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“No importa lo que digan de ti ni adónde vayas. Esto es lo real”, alentó. La canción terminó convertida en un clamor multitudinario. "Os oigo, os siento, os quiero", respondió. Sólo quedaba la despedida. Un falso correo electrónico proyectado en directo dio paso a Firework, con Katy Perry untándose crema mientras la noche explotaba en luces, confeti y un cañón de espuma.

Generosa con el tiempo y con los efectos, la impresión era difícil de discutir: quizá el pop haya cambiado mucho desde que Katy Perry dominaba las listas de éxitos, pero pocas artistas siguen entendiéndolo tan bien como ella. Un gran concierto no consiste únicamente en encadenar canciones. Consiste en construir una fiesta. Una de esas de las que, al salir, incluso ignorando el orden exacto de lo sucedido, se sale convencido de haber asistido a un espectáculo de estrella mundial.

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