Lleva un par de días frenéticos. Intercala llamadas con el equipo de su asociación, Esperanza de Libertad, que ayuda a las mujeres afganas, con entrevistas en los medios con motivo del lanzamiento de su libro testimonial, Sin velo (Editorial Debate). Entretanto, Khadija Amin (Kabul, 1993) tiene tiempo para mostrar su apoyo a la manifestación del 8-M en Madrid, donde vive refugiada, y conversar sobre el feminismo en el que cree.
¿Que significa hoy ser una mujer en Aganistán?Es como un delito, un crimen. Nacer mujer en un país que no te permite hacer nada es como ser una esclava.¿Cree que existe conciencia entre las mujeres afganas de esa condición? Hay muchas mujeres a las que les parece bien todo. Mi hermana, por ejemplo, me cuestionó por divorciarme, me decía que las mujeres estamos para aguantar y que no podemos decir nada. Hay muchas mujeres que piensan que esto es normal, que tienes que obedecer a tu marido, que aguantar si te pega. Pero Afganistán no era así hace 50 años. Tengo fotos de mi madre en minifalda y no lleva ni velo. Hay mucho analfabetismo en Afganistán y muchas mujeres que no tienen educación. Por eso les parece bien, porque no saben.¿Es posible hablar de feminismo dentro del islam?¿Son compatibles esas creencias con la lucha por la igualdad?Quise escribir sobre esto en mi libro, Sin velo, y preferí no hacerlo porque hay cosas del feminismo que no hay en el islam; hay igualdad, pero no de la manera que las feministas queremos. Entonces hablar de feministas musulmanas es complicado, a veces casi contradictorio porque, por ejemplo, en el islam te obligan a taparte, algo que el feminismo no quiere. En mi opinión, salir sin velo es algo normal, pero lo que dice [su religión] es que tienes que estar tapada para no provocar a los hombres. Es muy complicado hablar de esto siendo una mujer musulmana y feminista porque si haces ciertas cosas, ya no estás cumpliendo las normas del islam.¿Y eso le genera un conflicto consigo misma?A veces sí. Por ejemplo, no llevar el velo: normalmente no lo hago, pero ahora, durante el ramadán, me hace sentir mal. Pero si lo llevo... No lo sé. Es un conflicto: ¿lo llevo o no?¿Llevar el velo es una decisión libre y personal?Para mi, ahora sí. Antes no, me daba miedo salir en las fotos sin él, que me rechazaran o insultaran. Pero dejé de tenerlo y dentro de Afganistán no lo llevaba. Siempre tenía problemas con mis compañeros o mi familia. Allí luchaba, pero ahora que estoy aquí, donde nadie me obliga, sí es mi decisión.¿Y el burka?Es una imposición de los hombres. Debería estar prohibido porque no es decisión de las mujeres, no es libertad de expresión religiosa. Todo el mundo sabe que su familia le está obligando. Ninguna mujer quiere llevar burka o niqab. En los países musulmanes tendrían que prohibrlo también, pero ¿cómo es posible que no lo esté en Europa?¿Qué siente cuando los políticos españoles hablan o mencionan a las mujeres afganas en sus debates?Hablan de nosotras sólo cuando quieren, pero no les preocupa nuestra situación ni nuestros derechos. ¿Dónde está ese apoyo cuando les deniegan las solicitudes de asilo en las embajadas españolas en Pakistán e Iraq?Khadija estaba haciendo un reportaje sobre los bancos cuando la llamó su jefe para decirle que no regresase a la redacción. Nunca más. "Pero yo insistía y llegué a la redacción y no había nadie. El día el tercer día, cuando fui, me amenazaron", recuerda. Pero lejos de callar, acudió a los medios internacionales, donde denunciaba la opresión talibán a las mujeres. "Me llamaron varias veces diciéndome que tenía que callar. Hasta que me llamó un periodista de El País diciéndome que quería trasladarme a España. No me despedí de mis hijos. Sólo cogí la bandera de mi país", afirma, señalando hacia el mueble que hay junto a la ventana.
Múltiples banderas afganas decoran su salón, colocadas con mimo sobre la puerta o junto a los retratos de sus tres niños. Hace dos años que no los ve. Planifica con precisión de relojero suizo la ruta legal para reunirse con ellos. "En Afganistán tú eres la madre, pero no tienes derechos sobre tus hijos", lamenta.
A usted le concedieron la condición de refugiada en España. ¿Cómo ha moldeado esa situación su forma de ser?La situación cambió cuando llegué. Ahora estoy esperando a que me concedan la nacionalidad, pero entonces hice un curso de cocina pensando que no iba a conseguir ejercer el periodismo en España. Pero me ofreció escribir el 20 minutos y ahora estoy en la productora audiovisual de Telefónica. He tenido suerte, no sé, pero veo a otras mujeres que tienen una situación totalmente diferente.En estas circunstancias, ¿las mujeres inmigrantes sufren más que los hombres? ¿Por qué?Sí, y las mujeres sufren mucho porque no salen, no aprenden el idioma como los hombres. La adaptación para las mujeres es muy difícil porque no salimos, no nos relacionamos con gente no conocemos, nos da miedo porque vinimos de un país así. Y las mujeres, como no aprenden el idioma, no encuentran trabajo, sufren porque se sienten así, ¿no? Y las que llevan el velo es algo más. Una amiga me decía que sufría porque le decían que no llevara el velo en el trabajo, y ella sufre por no llevarlo. Este tipo de cosas hacen que las mujeres sufran más.Para ayudar a mujeres afganas montó un proyecto, Esperanza de Libertad. ¿En que consiste?A finales de 2024 montamos una asociación con la que ayudamos a mujeres y niñas: trabajamos el tema de empoderamiento, les mandamos dinero y, si alguna no tiene suficiente, les compramos billetes para que puedan venir a España. Hemos podido trasladar a 34 mujeres desde Afganistán. Ahora estamos trabajando en un proyecto de escuela online, ojalá que podamos tener financiación para ponerla en marcha, porque esto es lo importante: que las mujeres afganas tengan acceso a la educación, aunque sea online.Han convocado una concentración en Bruselas, frente al Parlamento Europeo, el 26 de marzo. ¿Ha hecho lo suficiente la comunidad internacional con las mujeres afganas?No, nos abandonó. Por eso vamos a denunciar la situación frente al Parlamento Europeo. Porque no se puede permitir que en un país como Afganistán millones de mujeres estén enterradas. Están vivas, pero no pueden hacer nada.Europa está restringiendo su política migratoria y algunos europeos ven amenazados su cultura y sus valores frente a la inmigración. ¿Qué diría usted al respecto?Estos países europeos funcionan gracias a los inmigrantes. Trabajamos, no venimos aquí a robar nada a nadie. Estuve en una mesa de debate en la Universidad de Córdoba o Granada, con una persona de Vox. Todo el rato diciendo que los inmigrantes musulmanes somos terroristas. No somos terroristas, no somos criminales; vinimos aquí para sobrevivir. Porque nadie quiere abandonar su país, nunca. Y yo nunca quise marcharme de Afganistán.