Los servicios secretos habrían logrado desbaratar el atentado contra un subcomandante de una unidad de voluntarios rusos que lucha junto a Kiev
Regala esta noticia Añádenos en Google Un hombre se marcha de una casa reventada por los ataques rusos en Kiev. (EFE) 02/09/2026 a las 16:11h.Moscú es duro con los más críticos con su Gobierno. Incluso quienes residen fuera de sus fronteras sufren presiones, condenas en ausencia y amenazas. El ... Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) ha culpado ahora al Kremlin por un presunto intento de asesinato a un miembro relevante de la disidencia rusa, que viajó a Kiev el pasado 24 de agosto. Las fuerzas de seguridad nacionales habrían conseguido desbaratar la operación, que se iba a llevar a cabo durante la celebración del día de la Independencia ucraniana.
No hace tanto, en diciembre de 2025, quien fue blanco de ataques con drones por parte de las tropas invasoras fue el líder ultraderechista Denis Kapustin, enemigo de Putin. En un primer momento, el SBU informó que había muerto, aunque en enero de 2026 anunció que sigue vivo. El espionaje de Kiev había montado una operación secreta simulando que había sido asesinado para descubrir a varios agentes moscovitas infiltrados en Ucrania. Según estas fuentes, llegaron a utilizarse medio millón de dólares en la operación para eliminar a Kapustin.
Aunque el 'putinismo' defiende que la invasión busca eliminar la amenaza que representa su adversario y 'desnazificarlo', también cuenta con grupos militares extremistas de derechas en sus filas, como Task Force Rusich (fundada por Alexander Milchakov, neonazi confeso), Legión Imperial Rusa (brazo militar del Movimiento Imperial Ruso, un grupo supremacista blanco) y la Brigada Española (formada por ultras del fútbol). Moscú los tolera e instrumentaliza porque, a pesar de su ideología, luchan junto al ejército regular en el frente.
Persecución internacional
Para el Kremlin, el lugar que se ocupa en el espectro ideológico no es tan relevante. Lo que más son quienesse oponen a sus postulados principales. No lo perdona y suele perseguirlo. Una de las medidas comunes es ser juzgado 'in absentia'. Aunque el acusado esté ausente, el tribunal puede procesarlo y condenarlo, de tal modo que si regresa a Rusia puede ser detenido de inmediato. Algunas ONG denuncian que cientos de personas han sido juzgadas de esta manera.
Casos recientes han sido los del periodista Alexander Nevzorov, condenado por un tribunal de San Petersburgo por cargos de «financiación del extremismo», y Kase Kik, líder del movimiento Congreso Circasiano, que recibió siete años de cárcel por difusión de «noticias falsas» sobre las fuerzas armadas. Nevzorov además está en la lista de 'agentes extranjeros' del Gobierno de Putin.
El último ejemplo es el de Denis Kulanin, un ruso residente en Georgia, sentenciado por participar en unas protestas en Tiflis, durante las cuales se le acusó de dañar un coche patrulla. Aunque resultó indultado por las autoridades nacionales, el pasado 28 de agosto no obtuvo permiso para tomar un vuelo a Armenia desde Tbilisi (Georgia). Kulanin expresó en el pasado su rechazo contra el conflicto armado y su apoyo al opositor Aleksei Navalni. Ambas conductas están castigadas por la ley, la segunda porque se acusa al disidente fallecido de ser extremista.
Otros críticos con el poder temen que en el futuro Kulanin será deportado y juzgado en Rusia. No sería nada nuevo. Repúblicas exsoviéticas y otros Estados afines también han respondido favorablemente a las peticiones del Kremlin para repatriar a supuestos opositores tras ser acusados de delitos. Ha sucedido en Kazajistán, Kirguistán, Bielorrusia, Serbia y Turquía, destinos de miles de rusos que han buscado nuevas residencias durante la guerra.
En el pasado, la disidencia respecto al poder ruso ha sufrido atentados y envenenamientos. El de Boris Nemtsov ocurrió en el mismo corazón de Moscú, a escasos metros de la Plaza Roja. Son también conocidos los casos de Vladímir Kara-Murzá, quien sufre secuelas físicas después de haber denunciado dos envenenamientos, y, sobre todo, Alexei Navalni. Fue ek fue el opositor más importante de Vladímir Putin hasta su muerte en febrero de 2024 en una colonia penal en el Ártico. Las autoridades le habían etiquetado de 'agente extranjero' y 'extremista'.
Vivir fuera de Rusia no protege de estar en el punto de mira. El caso más notorio es el del exespía Aleksandr Litvinenko, envenenado con polonio-210 en Londres en 2006. Criticó al Kremlin desde la capital británica. Tuvo más suerte el banquero Guerman Gorbuntsov, que en la capital de Reino Unido fue tiroteado en 2012 aunque consiguió sobrevivir. El caso más reciente sucedió en España. Un piloto desertor del ejército ruso fue hallado muerto a tiros en febrero de 2024 en Villajoyosa (Alicante).
Todos los atentados han sido atribuidos por la Inteligencia occidental a los servicios secretos rusos o a asesinos contratados a tal efecto. El Kremlin siempre negó cualquier conexión e incluso en casos como los de Litvinenko afirmó que fue obra de servicios de inteligencia occidentales para avivar las campañas contra Rusia.
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