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Kilómetros, turnos dobles y La Rosaleda: una historia de amor blanquiazul

Kilómetros, turnos dobles y La Rosaleda: una historia de amor blanquiazul
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Una pasión incondicional: así es la vida de Nagore y Luis, dos jóvenes que han convertido al Málaga en el auténtico motor de su relación
Kilómetros, turnos dobles y La Rosaleda: una historia de amor blanquiazul

Una pasión incondicional: así es la vida de Nagore y Luis, dos jóvenes que han convertido al Málaga en el auténtico motor de su relación

Regala esta noticia Añádenos en Google Nagore García, emocionada y Luis Guerra, en los prolegómenos del primer partido del Málaga en La Rosaleda esta campaña, en el regreso a Primera División. (ÑITO SALAS)

Cristina Jiménez

Málaga

03/10/2026 a las 23:51h.

Hay personas que organizan sus vidas en función de sus trabajos, vacaciones o eventos destacados. Otras miran el calendario y buscan saber: «¿Cuándo juega el ... Málaga?». Hay vidas que se rigen única y exclusivamente por el pitido inicial del árbitro y por los colores de una camiseta. Entre las gradas de La Rosaleda, las bufandas al viento y los cánticos, se encuentra la historia de una joven pareja que ha empujado al Málaga desde Primera RFEF hasta su regreso al fútbol profesional. Una tierna unión que explica por qué el fútbol, en ocasiones, es mucho más que once jugadores corriendo detrás de un balón.

Sus caminos se cruzaron gracias a las redes sociales, llevan cerca de tres años juntos y compartiendo una gran afición

Sus caminos se cruzaron gracias a las redes sociales, aunque confiesan que previamente habían coincidido y hablado sobre la Semana Santa. Sin embargo, la pasión blanquiazul ya venía de serie en el código genético de ambos. Nagore recuerda sus primeros pasos en Martiricos de la mano de su padre: «Cuando era pequeña, mi padre tenía el abono y yo siempre venía con él. Lo que pasa es que mi padre trabajaba en la hostelería, entonces tuvo que dejar de venir». A pesar de que ella no pudiera ver con sus propios ojos al equipo de su vida, confiesa: «Seguía al Málaga por la televisión».

Luis también comenzó a sentir los colores desde bien pequeño, lleva el abono cosido al corazón. Desde 2009 cuenta con un sitio en La Rosaleda, gracias a que su madre decidiera dar el paso en la primera temporada tras subir a Segunda. Desde entonces, no ha fallado a su equipo.

Nagore y Luis, con la madre de la primera. (CRISTINA JIMÉNEZ)

El esfuerzo no es solo económico, también conlleva un cansancio físico que asumen sin problema. «Para ir a Madrid, tuve que vender mi turno de la mañana del lunes. Si no, dormía muy pocas horas y tenía que trabajar catorce horas», confiesa ella. Luis asiente recordando otra de sus proezas para poder ir al partido contra el Atlético de Madrid, al que fue sin Nagore: «Llegamos a las seis de la mañana, dormí un par de horas y me fui a trabajar».

Aquel partido que vivieron con muchos kilómetros de por medio les dejó una anécdota muy pura, ella tuvo que quedarse trabajando. «Cuando empezó a sonar el himno y salieron los jugadores… fue muy emocionante», recuerda con nostalgia. Mientras, en Madrid, Luis se sentía vacío en la grada: «Me jodió ir sin ella. Estaba todo el viaje escribiéndole que me sentía mal porque no estuviera allí; sentía que la estaba engañando».

«Si pudiéramos elegir y fuera fácil, nos encantaría ir a ver al Málaga al campo de la Real Sociedad o a Bilbao, aunque estén en la otra punta», afirma Luis

Otra de las anécdotas que recuerdan con mucho cariño es el partido en Murcia. Cuando el Málaga sentenció el encuentro con el cuarto gol de Roberto, se desató una euforia que casi acaba en accidente. «Estábamos haciendo el 'shalalala', y justo marcó, saltamos todos, cogí a Nagore y con la locura casi la tiro por la escalera», bromea. Ella, lejos de asustarse, sentencia rotunda: «Confío en él». Al preguntarles si tanto esfuerzo y cansancio merecen la pena ante posibles derrotas, la respuesta define al malaguismo de cuna: «Si ganas te vuelves muy contento. Pero si pierdes, por lo menos vives la experiencia. Al final, si no lo vives, nunca vas a decir yo estuve allí».

A pesar de que comparten la misma pasión por el Málaga, tienen sus diferencias a la hora de escoger a su jugador favorito. Para él, Dani Lorenzo tiene algo diferente desde que debutó bajo las órdenes de José Alberto. Mientras que para ella, Puga significa mucho: «Es un jugador que está en la sombra, que parece que no está porque no tiene gol, pero a mí me encanta». Coinciden, eso sí, en defender a capa y espada a los jóvenes, pidiendo paciencia y confianza para figuras criticadas como Recio.

Nagore: «De cada temporada él siempre suele hacer un álbum físico con fotos de todos los desplazamientos a los que hemos ido y de los partidos en casa»

Han recorrido muchos kilómetros con el Málaga y ahora están viviendo en primera persona el regreso del equipo al fútbol profesional, por lo que ambos piden a la afición que «hay que tener los pies en el suelo». Luis firma la salvación sin sufrir demasiado y tiene muy presente un recuerdo: «La gente tiene que saber de dónde venimos y tener paciencia. Mi abuelo crio a mi madre con un Málaga que subía y bajaba. ¿De qué sirven 26.000 abonados si a la primera de cambio se van?».

Nagore también echa un vistazo al pasado y relata que «cuando iba al cole con mi camiseta del Málaga yo era la rara. La gente iba con la del Madrid o la del Barça. Ahora me alegro de no habérmela quitado nunca». Esta joven pareja malaguista tiene claro que los gigantes ganarán títulos, pero que los 'bichos' forman parte del «equipo de nuestra casa» y el Málaga es el único capaz de darle sentido verdadero a las locuras, al tiempo que le dedican y al sentimiento blanquiazul que los une.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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