El neerlandés se impuso en el primer gran sprint del Tour tras una jornada marcada por la fuga solitaria de Veistroffer, el cambio de bici de Vingegaard y una caída a cinco kilómetros de meta
Kooij pone orden en Pau en una etapa nerviosa que acabó con sustoDescripción de la imagen- NACHO LABARGA Pau
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No hay día menor en el Tour de Francia. Ni siquiera cuando el perfil invita al bostezo, cuando los favoritos miran de reojo al día siguiente y cuando el pelotón parece haber firmado una tregua antes de salir. La quinta etapa, entre Lannemezan y Pau, nació con pinta de transición, pero acabó recordando una de las leyes más antiguas de la Grande Boucle: aquí nadie gana sin sufrir y nadie llega tranquilo hasta que cruza la línea.
Olav Kooij fue quien mejor entendió el final. En una jornada pensada para los hombres rápidos, el neerlandés apareció donde había que aparecer, en el momento exacto y con la sangre fría que exige Pau, una de esas ciudades que el Tour visita casi como si volviera a casa. La victoria llegó al sprint, después de una etapa controlada durante muchos kilómetros por los equipos interesados en una llegada masiva, pero que dejó más nervios de los esperados en su tramo final.
La aventura del día la protagonizó Veistroffer. El francés se marchó en solitario prácticamente desde el arranque, consciente de que su misión tenía más de resistencia que de esperanza. Nadie parecía demasiado interesado en seguirle. Los equipos de los velocistas sabían que el día estaba marcado en rojo para ellos y dejaron hacer. Primero la diferencia superó los dos minutos, luego se estabilizó alrededor de los 2’30” y más tarde llegó incluso a los 3’30”. Suficiente para tener foco, insuficiente para soñar de verdad.
Aun así, Veistroffer dio sentido a la etapa. Sin él, la jornada habría sido una larga espera hasta Pau. Con él, el Tour tuvo relato, una referencia en cabeza y una persecución silenciosa detrás. El pelotón no se puso nervioso. Alpecin y Soudal asumieron buena parte del mando, midiendo cada pedalada, dejando que la fuga respirara lo justo antes de empezar a cerrarle la puerta.
El día también dejó un episodio de tensión para Jonas Vingegaard. El danés tuvo que cambiar de bicicleta y regresó al grupo sin grandes problemas, aunque no escondió su enfado con una moto en plena maniobra. Visma, fiel a una estrategia ya vista en el Giro, optó por moverse en la parte trasera del pelotón en la aproximación a Pau, buscando esquivar la tensión de los trenes y reducir el riesgo de caída. En el Tour, a veces sobrevivir es también una forma de correr.
La carrera empezó a entrar en ebullición a falta de unos 45 kilómetros, cuando Veistroffer se llevó el sprint intermedio y Kanter fue el más rápido entre los velocistas del pelotón. Todavía quedaba una última dificultad, una subida de tercera categoría corta pero exigente, con un kilómetro al 8,8%, suficiente para estirar piernas, incomodar colocaciones y recordar que este Tour no regala ni los días supuestamente fáciles.
Baudin se llevó el último punto de la montaña y, a menos de 25 kilómetros, la ventaja del hombre de cabeza ya era mínima. En paralelo, Asgreen, Wright y Paret-Peintre intentaron un movimiento de esos que nacen casi condenados, pero que forman parte del instinto de los valientes. El pelotón no concedió nada. A 14 kilómetros de meta terminó la aventura de Veistroffer. Su fuga quedó absorbida y empezó otra carrera.
La de los trenes. La del vértigo. La de los codazos invisibles. La de los equipos tratando de colocar a sus velocistas mientras los favoritos buscaban refugio, lejos del fuego. El ritmo se disparó y Pau se convirtió en una emboscada. A cinco kilómetros de meta llegó el susto: una montonera con varios corredores de Soudal, Caja Rural y Visma implicados. Molenaar sufrió una caída dura, en uno de esos momentos que congelan cualquier sprint antes de volver a encenderlo.
De ahí a meta ya no hubo pausa. El pelotón volvió a lanzarse, los trenes recompusieron lo que pudieron y Kooij encontró el hueco definitivo. En una etapa que parecía escrita para terminar sin sobresaltos, el neerlandés puso la firma con autoridad. Pau volvió a coronar a un velocista, pero el Tour volvió a dejar claro que no distingue entre jornadas grandes y jornadas pequeñas.
Clasificación general tras la quinta etapa.Un final con picante
Pogacar y Vingegaard salvaron el día. Los favoritos tacharon una etapa más. Los sprinters ya tienen su primer gran veredicto. Y el Tour, que había amanecido con cara de tregua, se marchó a dormir con otra advertencia: este jueves llega el Tourmalet.
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