En las obras de Jannis Kounellis (1936-2017), en muchas de ellas al menos, la catástrofe se disfruta. La disgregación de las partes, de la unidad, la rotura irreversible de los elementos. El alivio que trae consigo el fin; por fin se acabó, se ... cierra el telón, no hay marcha atrás, todo está perdido.
A ver quién se ha olvidado de aquella instalación con trozos enormes de carne de vacuno colgados de vigas y ventanas que dieron la vuelta al mundo a finales de los ochenta.
En 'Albatros' (obra de 2001), ahora en el CGAC tras su paso por Es Baluard, cada resto del naufragio deviene monumento. 'Albatros' consiste en una serie de fragmentos de un barco de madera apoyados sobre planchas metálicas formato cama de matrimonio.
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Las cuadernas o costillas del barco apuntan al centro de la sala, mientras que el forro se apoya y cuelga en el acero. El 'winches', donde se amarran los cabos, asoma en una de las piezas y todas ellas están atadas con cables de acero. Un barco desmembrado dibuja el centro de la sala como su centro. Al dejar vista la parte interior hacia nosotros, al apuntarnos, nos coloca dentro de él. La parte exterior del barco revienta contra las paredes del museo. A bordo del vacío, nosotros en el museo.
Y nace un lugar. Ese lugar entre la madera combada y la superficie plana de acero, ¿cómo le llamaríamos? Pues no lo sé, pero existe, si y sólo y sólo si, una mente artística lo diseña.
La dramática de Kounellis y de los artistas conocidos como 'povera', parece infinita. Ellos que amablemente introdujeron la vida erosionada (escombros, derivas, restos) de los materiales en los cubos blancos, colaron a la vez en el mundo del arte contemporáneo la vida que no envejece. 'Albatros' es de 2001, pero podría haberse creado en 1960 o el año pasado. Los desastres son fatídicamente imperecederos.
Kounellis se crió en el Pireo. «Procura que el camino sea largo» (dijo el otro). Y así está siendo. Ironías: precisamente las obras de arte diseñadas específicamente para señalarnos el paso del tiempo, aquí siguen. El artista griego primero reutiliza materiales despreciados o desperdiciados por la industria, fundamentalmente. Los rescata, por lo tanto, del ahogamiento natural. Luego los dota de fuerza, presencia y algún que otro giro semántico. Un boca a boca, por lo tanto. Un circuito metafórico constante.
En el doble espacio del CGAC se sitúa una obra 'Sin título' creada para la Bienal de Venecia en 2003. Veintitrés años de aquí para allá. Nueve velas venecianas, ancladas al suelo con piedras e izadas dibujando la forma de un abanico. Inertes e inmóviles. Colores anaranjados y tierra. Y esta sería la segunda obra principal de la muestra, que se acompaña de dibujos monocromos y un par de cuadros con velas blancas dobladas en su interior.
Dirección: C/ Ramón del Valle Inclán, s/n
Hay pinturas antiguas de barcos en la tempestad y hay esculturas contemporáneas de barcos, desfigurados y colgados como en una carnicería. Jannis Kounellis despieza el barco como si de un animal se tratara, por un lado la madera, por el otro, la tela. Las velas de algodón, mil veces trimadas, izadas y arriadas y cien mares navegados, ahí en el museo, descansan en paz.
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