Una mujer con burka pasea con su hijo por los alrededores de la estación de trenes de Lérida. A. Blanco
Reportajes Lérida, la ciudad socialista y la pionera en prohibir el burka: sancionará su uso con 750 €, igual que orinar en la calleLos vecinos consideran que la normativa es "ideal": "Me parece perfecto. Eso atenta contra los derechos de las mujeres. Al igual que nosotros vamos a sus países y seguimos sus normas, pues ellos aquí también".
"Es más por seguridad. Tú no sabes si quién está debajo del burka es una mujer, un hombre, un niño maltratado o una cría violada", subrayan los vecinos.
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Antonio Blanco Lérida Publicada 23 abril 2026 02:45hPaqui y Benita pasean cada día por las calles de Lérida. "¡Oh! Es una aberración cuando lo vemos por ahí", exclaman.
A lo que estas dos octogenarias se refieren poniendo el grito en el cielo es a las mujeres con burka que suelen ver por la calle: "Denigra a la mujer".
Sin embargo, esta prenda se dejará de ver en los próximos meses por las calles leridanas si finalmente se aprueba.
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"Es que ni siquiera se les ven las manos. Y no es racismo eh, que conste, que nosotras dos, hijo, ya somos muy mayores, pero que no tiene nada que ver con racismo", continúan. "Es cuestión de saber quién es esa persona", agregan.
El Ayuntamiento de Lérida, gobernado por el PSC, prevé, en su propuesta de ordenanza de civismo y convivencia, prohibir llevar el rostro totalmente tapado en la vía pública y en las dependencias municipales.
Esto conlleva cualquier tipo de prenda con la que no se permita identificar a la persona. Y el burka es una de las señaladas.
Se considerará una infracción leve el llevar esta prenda y se castigará con una sanción administrativa que oscilará entre los 400 y los 750 euros, la misma cuantía que miccionar en la vía pública.
Bajada hacia la calle Mayor, la más concurrida de Lérida. A. Blanco
EL ESPAÑOL se ha desplazado hasta la provincia catalana para conocer la opinión de sus vecinos frente a la normativa.
Hay una macedonia de puntos de vista. Algunos la esperan como agua de mayo. Otros son indiferentes a ella. Y también hay quienes están en contra.
Jesús apura las últimas caladas de su cigarrillo mientras charla con EL ESPAÑOL y expresa su opinión sobre la medida a los pies de un edificio perteneciente al Consistorio.
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"Creo que cada persona es libre de llevar lo que quiera, lo que pasa es que muchas no tienen la posibilidad de elegirlo", sostiene.
"Depende mucho también de la educación recibida y de la cultura de donde te hayas criado. Creo que muchas de ellas no consideran que esto es una imposición, sino algo corriente, que han visto desde pequeñas en su entorno y ya está", agrega.
Entrada al castillo, uno de los emblemas de la ciudad catalana, situado en la calle Mayor. A. Blanco
Este hombre tiene dos hijas, y asegura que jamás permitiría que llevasen el burka. A su juicio, "han recibido una buena educación".
"Quiero que ellas tengan los mismos derechos que he tenido yo o que puede tener su hermano y que no las discriminen por ser mujer. Los hombres no llevan. ¿Por qué ellas sí?", se pregunta indignado.
Este leridano piensa que "prohibiendo la norma la haces más atractiva". "Se tapa el problema, pero no desaparece", zanja.
Por su parte, Laura tiene un discurso y postura firme frente a la ordenanza municipal. Pasea al perro por los alrededores del barrio del norte. "Creo que llevar el burka atenta contra los derechos fundamentales de las mujeres", dice a EL ESPAÑOL..
Entrada a la calle del Norte. A. Blanco
"Es totalmente represiva"
"Prohibir creo que es una palabra muy fuerte. Habría que preguntarles a ellas si quieren llevar la prenda o no, que imagino que muchas de ellas están deseando quitárselo y más ahora", apostilla.
Esta chica hace hincapié en el incremento de las temperaturas, dado que este miércoles en la provincia catalana superaron los 30 grados y piensa en cómo se sentirán las mujeres bajo la prenda, a su juicio, "totalmente represiva".
Esta zona está atestada de carnicerías halal, peluquerías regentadas por magrebíes, librerías, perfumerías y bazares donde se venden burkas y prendas similares.
Se encuentra a pocos metros de la estación de trenes y autobuses. Los taxistas, preguntados por este diario al pie de la estación, sostienen que "alguna vez se te sube una mujer con burka".
La ciudad, que ellos se conocen como la palma de la mano, "es muy diversa": "Hay todo tipo de personas". El municipio, a pie, se recorre en poco más de 30 minutos.
Una mujer estira frente al río. Hace ejercicio "todas las tardes". No ha querido decir su nombre, pero sí ha dejado claro, a preguntas de EL ESPAÑOL, lo que opina al respecto sobre la próxima prohibición del burka en la ciudad.
"Cada una es libre de llevarlo en espacios públicos", dice. Esta señora, de mediana edad y equipada con ropa de running, asegura que "cuando más burkas se ven es por la noche".
"Cuando les deja el marido"
Declara que por las mañanas es una estampa más difícil de captar: "Igual alguna yendo al colegio a buscar a los críos, pero pocas". Pero todo cambia cuando cae la noche: "Ahí es cuando más salen, cuando ya las deja el marido y claro, no las verás pasear sin él".
Pedro, un trabajador municipal cerca de la zona de la estación de trenes de Lérida, subraya a este periódico que "el burka es lo más radical de la religión".
El celador de Olot, asesino de 11 ancianos en una residencia, se cambia de sexo e ingresa en el módulo de mujeres: "Soy Aída""Fíjate, que yo me paso el día dando vueltas por este barrio y sí que de vez en cuando veo a mujeres así. Te impacta. No deja de llamarte la atención", comenta.
Pone el ejemplo de cuando "nosotros vamos a un país de los suyos": "¿Qué pasa cuando tú vas a sus ciudades? Tienes que acatar las normas, ¿verdad? Como es normal, porque para eso están las normas, para cumplirlas. Pues aquí si vienen ellos tiene que ser igual".
Y pone otro en referencia a otros objetos: "Al igual que tu no puedes entrar en Hacienda o la Seguridad Social con un casco de moto o a un banco con un pasamontañas, pues tampoco con un burka a un hospital".
Sede de la Seguridad Social. A. Blanco
Este hombre considera que, mayormente, la aplicación de la medida es "ideal por un tema de seguridad": "Tú no sabes realmente quien hay ahí debajo. Puede haber una mujer, un hombre, un niño maltratado o una cría violada".
"El burka humilla"
El Consistorio leridano, bajo el mandato del alcalde socialista Félix Larrosa, ha afirmado que "era necesario" modificar la normativa vigente "para adecuarla a las nuevas realidades ciudadanas".
El regidor ha destacado que la ordenanza "es un paso más para seguir avanzando en una Lleida amable, abierta, cohesionada y respetuosa" y recalcado que "convivir significa tener derechos, pero también cumplir deberes".
"El Ayuntamiento y la Guardia Urbana deben actuar cuando hay personas que incumplen las normas de manera reiterada, cuando hay actitudes que estropean el espacio público, que alteran la convivencia o que atentan contra la dignidad de otras personas", se aprecia en un comunicado de la Casa Consistorial.
El equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Lérida debatiendo la medida. A. Blanco
El año pasado se impusieron 813 sanciones por incumplir las ordenanzas, cuando en 2024 fueron 448. La normativa que prohíbe el uso del burka se recoge en el punto 12.
Las multas oscilan entre los 400 a los 3.000 euros, en función de si corresponden a infracciones leves, graves o muy graves, pero que también impulsa la solución alternativa de conflictos a través de la mediación y el diálogo.
Por su parte, la teniente de alcalde y responsable de Políticas Feministas, Carme Valls, ha destacado que "no se trata de una cuestión de seguridad ni de convivencia, sino de defender los derechos de todas las mujeres": "El burka y el niqab humilla a las mujeres".
Propuesta fallida
Lo cierto es que esta medida de prohibir el burka ya se conoce en las calles de Lérida.
El exregidor Ángel Ros (PSC) aprobó la normativa en 2010, bajo su mandato.
El que fuera alcalde hace más de una década dijo que "prevalecía la dignidad de las mujeres por encima de la libertad religiosa".
La norma entró en vigor el 9 de diciembre de 2010.
Dos meses después, la asociación Watani para la Libertad y la Justicia presentó un recurso contra la normativa.
El Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC) acordó su suspensión cautelar.
En junio de ese año, el TSJC avaló la prohibición del uso de velos integrales en espacios públicos porque consideraba que el Ayuntamiento "es competente" para regular esta cuestión
La mencionada asociación presentó otro recurso contra el Tribunal Supremo (TS). El Alto Tribunal, por su parte, zanjó el asunto y anuló dicha prohibición.
"Los ayuntamientos carecen de competencias para limitar un derecho fundamental", recoge el TS , en un comunicado publicado en 2013.
"No es racista"
Los políticos a nivel autonómico y nacional también se han pronunciado al respecto de este asunto leridano.
El primero de ellos ha sido el presidente de la Generalidad de Cataluña y exministro de Sanidad, Salvador Illa.
El presidente de la Generalidad, Salvador Illa. A. Blanco
El que fuera el titular de la cartera sanitaria evita tildar de "racista" la medida y evita condenar la propuesta.
Por su parte, el ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, Pablo Bustinduy, considera que los progresistas no pueden ceder “ni un milímetro” en las posiciones “racistas” de los reaccionarios.
Y la ministra de Sanidad, Mónica García, insta a centrar el debate político en "aquello que sí que importa a la gente", en alusión, entre otros asuntos, a la vivienda.