- SYLVIA PFEIFER
Los sistemas complejos diseñados para contrarrestar aeronaves del enemigo y misiles de gran tamaño no son rentables para la guerra moderna.
Las empresas de defensa y los gobiernos occidentales están aumentando sus esfuerzos para incorporar al campo de batalla armas más económicas contra drones y misiles baratos tras los ataques de Irán en el Golfo.
La carrera por encontrar nuevas formas de interceptar drones de ataque comenzó en serio tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia hace cuatro años.
Los costosos sistemas diseñados para proporcionar defensa contra aeronaves del enemigo y misiles de gran tamaño parecían obsoletos para las nuevas armas de ataque, donde los drones han demostrado una eficacia devastadora en ambos bandos.
La guerra en Oriente Medio ha demostrado esta vulnerabilidad, ya que los países del Golfo tienen que depender en gran medida del lanzamiento de misiles desde sistemas de defensa aérea complejos y costosos, como el Patriot estadounidense, para neutralizar los drones Shahed de Irán, los mismos que utiliza Rusia en Ucrania.
"Depender excesivamente de los aviones de combate y usar misiles antiaéreos para interceptar [drones iraníes] no es una forma barata de lograrlo", afirmó Kelly Grieco, analista del Centro Stimson, un think-tank especializado en política internacional.
Siguiendo el ejemplo de Rusia tras la invasión de Ucrania, Irán inundó los cielos con sus económicos drones Shahed para obligar a Estados Unidos, Israel y otros países a agotar sus costosas defensas aéreas.
Grieco calcula que por cada dólar que Irán gastó en drones, Emiratos Árabes Unidos gastó al menos diez veces más en derribarlos utilizando una combinación de sistemas de mediano alcance, como el Sistema Nacional Avanzado de Misiles Tierra-Aire de Estados Unidos.
Aunque Ucrania ha abordado este asunto y desarrollado soluciones más económicas, lo más destacado ha sido que Estados Unidos no había "dedicado suficientes recursos para implementar esas soluciones a gran escala", afirmó Grieco.
Los expertos insisten en que, en la era de los drones, la ventaja estratégica no solo depende de la tecnología, sino también de la capacidad de innovar rápidamente y fabricar a gran escala. Ucrania ha sido pionera en el uso de drones interceptores de producción masiva para contrarrestar los ataques rusos, con la ayuda de varias startups tecnológicas nacionales. La guerra también ha impulsado la inversión en el sector de la tecnología de defensa en general.
Ejecutivos de la industria de cuatro startups occidentales afirmaron que los gobiernos de Oriente Medio se habían puesto en contacto para asegurar suministros urgentes. Las conversaciones se producen después de que el Pentágono solicitara ayuda a empresas ucranianas para sus drones interceptores.
En la carrera por opciones de defensa aérea más económicas, la mayoría de los contratistas consolidados están invirtiendo en diversos sectores para ofrecer a los gobiernos protección a diferentes distancias.
RTX, que desarrolla el sistema de defensa aérea Patriot, desplegado en Ucrania y Oriente Medio, presentó hace poco una nueva versión más económica de su sistema antidrones Coyote al Ejército estadounidense.
El kit APKWS de la británica BAE Systems, fabricado en EEUU, que transforma cohetes no guiados de 2,75 pulgadas en municiones guiadas de precisión, se considera igualmente una alternativa más económica a los misiles guiados de mayor tamaño. Se han realizado estudios de viabilidad para integrar los cohetes con el avión Eurofighter Typhoon, y la semana pasada se avistó un caza a reacción regresando de un vuelo de prueba.
La dificultad para las empresas radica en la necesidad de mirar más allá de Ucrania y las guerras con Irán al apostar por las tecnologías que resultarán ganadoras.
"Si se intenta abordar este mercado desde un punto de vista industrial, hay que tener en cuenta qué sucederá después de Ucrania", afirmó Douglas Barrie, especialista en aeroespacial militar del think-tank Instituto Internacional de Estudios Estratégicos.
No todos los conflictos futuros se centrarán en lidiar con drones de ataque unidireccionales a lo largo de una línea de frente larga y relativamente estática, añadió. La "dificultad radica en que las tecnologías que hoy parecen ser las mejores podrían no serlo en el futuro".
Detección
Durante décadas, el radar ha sido fundamental para la defensa aérea, ofreciendo diferentes alcances de detección. Radares de alto valor integrados en sistemas de defensa aérea como el Patriot se han utilizado en Oriente Medio.
El sistema de defensa aérea israelí Cúpula de Hierro, diseñado específicamente para hacer frente a los misiles de corto alcance disparados desde Gaza, cuenta con un radar multimisión con un alcance de detección de hasta 470 km para vigilancia.
La guerra con drones en Ucrania ha impulsado la innovación en alternativas de corto alcance.
Dado que los radares convencionales no pueden detectar los pequeños drones Shahed de vuelo bajo, las empresas tecnológicas del país desarrollaron un sistema nacional de sensores acústicos que podría identificarlos por su impronta sonora.
También ha surgido una nueva generación de empresas de radares de corto alcance. La startup holandesa Robin Radar Systems comenzó con la detección de aves, pero cambió de estrategia en 2014. La compañía ha suministrado sus avanzados radares antidrones IRIS 3D a Ucrania durante los últimos tres años.
Siete Hamminga, su CEO, afirmó que la compañía estaba recibiendo "muchas consultas actualmente de los países afectados en Oriente Medio".
Los drones de la compañía, que ofrecen "protección de última milla", cuestan menos de un millón de dólares en comparación con los "radares de defensa aérea tradicionales, cuyo precio puede oscilar entre 20 y 50 millones de dólares cada uno", según Hamminga, aunque para una defensa aérea integral se necesitaba una combinación de radares de largo y corto alcance.
Los radares de otra startup, Echodyne, con sede en EEUU, están siendo utilizados por varias empresas consolidadas en Europa, como Rheinmetall. La compañía, que cuenta con la financiación de Bill Gates de Microsoft y del gestor de fondos británico Baillie Gifford, afirma que el uso de "metamateriales" (materiales comunes diseñados de forma especial) le permite fabricar radares a un menor coste que otros productos comparables.
Tom Driscoll, cofundador y director de tecnología, afirmó que en la era de las plataformas autónomas, el coste es fundamental. El "punto de comparación entre los radares Echodyne y otro radar puelen presentar una diferencia de aproximadamente diez veces en su orden de magnitud
Drones y misiles interceptores
Como banco de pruebas para alternativas de menor coste dirigidas a drones de ataque, Ucrania ha creado startups de interceptores como Wild Hornets. En los últimos años han surgido otras empresas en este sector, como Tytan Technologies, con sede en Múnich, la británica Cambridge Aerospace y Origin Robotics, de Letonia.
Max Enders, director de desarrollo de negocio y asuntos gubernamentales de Tytan, cree que la defensa aérea en la era de la guerra masiva con drones favorece los ciclos de innovación más rápidos que ofrecen las startups.
La tecnología de láseres y microondas
Entre las armas más prometedoras, según los expertos, se encuentran las que utilizan tecnología láser y de microondas de alta energía, que durante mucho tiempo fueron más ciencia ficción que realidad.
Algunos de los contratistas más conocidos del mundo, como el estadounidense RTX y MBDA de Europa, así como la británica Qinetiq, están invirtiendo mucho en armas láser. La francesa Thales, por su parte, lidera un consorcio en Reino Unido que desarrolla "RapidDestroyer", que utiliza una radiofrecuencia de alta potencia para desactivar o inutilizar los componentes electrónicos de los drones a distancia.
La israelí Rafael Advanced Defense Systems anunció a finales del año pasado la entrega de su sistema láser Iron Beam al Ejército del Aire de Israel. La compañía describió el equipo como un "cambio fundamental en la ecuación de defensa: máxima precisión, eficiencia superior y un coste por interceptación insignificante".
Los expertos del sector afirmaron que estas armas prometen una defensa de bajo coste una vez en uso, pero que uno de los principales desafíos es la inversión inicial. Paul Gray, director de desarrollo comercial de armas avanzadas en Qinetiq, cree que la razón por la que tantos países estaban invirtiendo en esa capacidad era que se trataba de un sistema defensivo recurrente con capacidad de respuesta continua.
Paloma Echazarra San Martin
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