El Mallorca se tuvo que enterar de su marcha al Leipzig por Radio Marca Baleares, después de descender y ser renovado por el club
- DANI FRAU
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La afición mallorquinista incendió las redes en el día de ayer al enterarse de la marcha de Martín Demichelis. A falta de confirmación oficial, el argentino abandonará la isla para poner rumbo al Leipzig, tal y como avanzó el ‘Negro’ González en Radio Marca Baleares. La hinchada habla de “traición” y el club también se siente engañado.
La planta noble bermellona tuvo que enterarse de la escapada de su entrenador por la información contada en el programa Verano Marca, tal y como ha podido saber Radio Marca Baleares. Todo ello, después de renovarle hasta 2028 el pasado mes de mayo, a pesar de que no pudo evitar el descenso del Mallorca. La noticia ha dejado helados a un club y una afición que confiaban en las repetidas promesas del argentino, que tanto antes como después de firmar su nuevo contrato, reiteró su compromiso con el proyecto, la afición y su felicidad de quedarse en una isla que le acogió con los brazos abiertos desde el primer día.
Demichelis llegó al Mallorca un 26 de febrero de 2026, con el equipo a un punto de la permanencia. El club tomó una decisión arriesgada al apostar por él, ya que el argentino no solo no tenía experiencia en Europa, sino que venía de salir por la puerta de atrás en el Club de Fútbol Monterrey. Además, a pesar de que en River Plate empezó con buen pie y ganó tres títulos en 2023, la estancia en el club de su vida también acabó siendo decepcionante.
Un comienzo inmejorable
El argentino cayó de pie en la isla. Desde su debut en El Sadar contra Osasuna, se vio a un Mallorca revitalizado. El cambio de sistema favoreció a un equipo que estaba muerto con Arrasate. Demichelis no solo demostró tener buena mano en lo táctico –y en muy poco tiempo– sino que rápidamente recuperó el nivel de algunos de los jugadores más importantes de la plantilla como Sergi Darder, Pablo Maffeo, Omar Mascarell, Leo Román o Johan Mojica, por no hablar de la gran decisión de convertir a Pablo Torre en una pieza indiscutible. El cántabro apenas había contado con oportunidades hasta la llegada del nuevo entrenador.
Las cosas empezaban a funcionar. Aunque Demichelis seguía sin dar con la tecla fuera de casa, consiguió el mejor inició en cuanto a puntos desde el Mallorca de Héctor Cúper: victorias frente a Español, Real Madrid y Rayo, un empate frente a Osasuna y solo una derrota en Elche. 10 de 15 posibles. Sobre todo, el triunfo balsámico ante el Madrid elevó la confianza del grupo hasta niveles nunca vistos durante la temporada.
A la reacción en cuanto a lo deportivo, se sumaba la gran impresión que estaba causando Demichelis con su carácter, personalidad y valentía. La afición se enamoró casi a primera vista de su estilo tajante y sincero tanto en el verde como en las ruedas de prensa, gracias a frases como “quien no corra no va a jugar conmigo”.
También gustaron mucho algunas decisiones que el mallorquinismo venía pidiendo todo el año. Para empezar, puso a Sergi Darder en su posición, donde al fin rindió, y subió a Pablo Torre a la mediapunta. Con ello, Demichelis consiguió formar un rombo de cuatro centrocampistas que conseguía dominar los partidos e incluso jugar bonito durante varias fases, otra gran demanda de una afición harta de que el juego del Mallorca se basara en lanzar pelotazos a Virgili y Muriqi.
Descenso
La mala planificación de la plantilla por parte de Pablo Ortells empezó a pasar factura al equipo en los momentos clave de la temporada. Las lesiones de hombres importantes se fueron acumulando, momentos en los que se evidenció la falta de armario. Demichelis tuvo que tirar de canteranos en varios partidos, mientras el resto de futbolistas titulares se le iban cayendo físicamente jornada a jornada.
La victoria en Montilivi en la jornada 34 ahuyentó los fantasmas y permitió al Mallorca depender de sí mismo en los últimos cuatro partidos. Y ahí se vino la debacle. El empate ante el Villarreal en casa y la durísima derrota contra el Getafe en el Coliseum obligaban al Mallorca a puntuar o ganar en su visita a Levante, pero el equipo ya se había caído por completo en cuanto al plano físico.
Los errores individuales y la falta de recambios de garantías en casi todas las demarcaciones terminaron por condenar al Mallorca. El Ciutat de València dictó sentencia. Tras la derrota 2-0 en esa final, Demichelis empezó a lanzar sus ya famosas promesas: “Pase lo que pase me quiero quedar”. Sin haber perdido la categoría de forma matemática, aquel día ya habló de un nuevo proyecto de reconstrucción del que quería formar parte. Seguramente no era el mejor momento, pero transmitió cierta tranquilidad a una afición que ya sabía que su Mallorca podría contar con un entrenador comprometido con la causa para intentar conseguir el ascenso.
Después de que se consumara el descenso en la última jornada, el argentino se mostró orgulloso con su rendimiento: 18 puntos de 36 posibles y 42 puntos al final de campeonato. “Números que habitualmente no te hacen bajar”, destacó. No consiguió el objetivo por el que se le firmó en febrero, pero la gente no la tomó con él. Los culpables estaban en el palco. Martín se había ganado el derecho a seguir y era el hombre perfecto para liderar la reconstrucción de la plantilla y la vuelta a Primera.
Renovación y promesas incumplidas
El club anunció su renovación hasta 2028 a finales de mayo, y estas fueron sus palabras. “Lo dije desde el primer día que llegué y en varias ruedas de prensa. Me siento muy orgulloso de poder ser parte de lo que vamos a reconstruir. Estoy agradecido a la institución que me da la posibilidad de continuar y de intentar seguir dándole la identidad que en poco tiempo le dimos al equipo. Estoy muy ilusionado. A pesar de haber sacado el 50% de los puntos, no nos ha alcanzado, pero hemos logrado darle una identidad y eso es lo que pretendo en las próximas 42 jornadas, que el hincha se sienta identificado con el jugador y con su juego. Duele decirlo ahora porque es muy reciente, pero el Mallorca no es de Segunda División. Lucharemos como lo merece la institución para volver. No soy de borrarme en las malas. Este es un desafío enorme, verán un compromiso total del equipo técnico con la institución y el momento. El que se quede a formar parte del Mallorca debe tener el objetivo de crecer, ser responsable y también hay que asumir que seremos candidatos. No nos vamos a esconder. Hay que ser realistas y estamos preparados. Quiero que se sepa a lo que juega el Mallorca, que los rivales sepan que se encontrarán un equipo con posesión de balón y dominante en todos los campos, agresivo y sólido en defensa. Es una oportunidad para crecer, no es ninguna deshonra estar en Segunda División, pero sí es una honra muy grande hacerlo bien y devolver al Mallorca a Primera. El que no esté dispuesto a pelear por esto, va a tener que levantar la mano y nosotros dijimos que queríamos quedarnos. Me apasiona y me seduce el proyecto y ya estamos armando todo. Se me vienen a la cabeza tres palabras: reconstrucción, compromiso e ilusión. el hincha siempre va a estar ilusionado y nosotros seremos los primeros en devolverles esa ilusión a la gente. Quiero agradecerles el trato en lo personal, por eso también puse mis servicios a la disposición de la institución”.
El mallorquinista no puede entenderlo. Frases como “no soy de borrarme en las malas” o “no es una deshonra estar en Segunda” golpean su cabeza en estos momentos. Unos días después de que se anunciara la renovación, DAZN anunció que Demichelis iba a comentar los partidos de Argentina en el Mundial. Este hecho ya generó las primeras dudas sobre el nivel de compromiso del que tanto había hablado el técnico argentino, que renovó para asumir mucho peso en las decisiones relacionadas con la nueva plantilla de la 2026/2027.
Demichelis va a abandonar el barco y va a incumplir sus promesas. Es totalmente entendible que la noticia haya impactado tanto en la isla, pero cosas más raras se han visto en este deporte, porque más allá de los contratos y la palabra de cada uno, están los intereses personales que acaban dibujando un cambio radical de las situaciones. Es el pan de cada día en esto del fútbol.
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