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La Armada de EEUU ya sabe lo que le va a ocurrir al planeta. La misión para abrir Ormuz es lo más parecido a una operación suicida

La Armada de EEUU ya sabe lo que le va a ocurrir al planeta. La misión para abrir Ormuz es lo más parecido a una operación suicida
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En el mundo existen apenas una docena de pasos marítimos capaces de alterar la economía global si se bloquean. Algunos son tan estrechos que, en ciertos puntos, apenas superan los 30 kilómetros de ancho. Sin embargo, por ellos circulan cada día millones de barriles de petróleo, enormes buques de gas natural licuado y buena parte del comercio energético del planeta. Cuando uno de esos lugares entra en crisis, el impacto no tarda en sentirse en mercados, gobiernos y hogares de medio mundo.  Y el Estrecho de Ormuz apunta a un escenario sin precedentes. La misión imposible. Sí, el estrecho de Ormuz se ha convertido en el punto más peligroso del planeta para el comercio mundial de energía. Por ese paso marítimo circulan unos 20 millones de barriles de petróleo diarios (alrededor del 20% del consumo global) además de una quinta parte del gas natural licuado que abastece a numerosos países. El conflicto con Irán ha transformado ese corredor en una zona de guerra donde ataques a petroleros, drones, misiles y sabotajes han paralizado gran parte del tráfico.  Pero lo más revelador no es solo la violencia de los incidentes, sino la reacción de Washington: incluso la mayor potencia naval del mundo acaba de reconocer que no está preparada para escoltar petroleros por la zona. Ese retraso es una señal clara de la magnitud del problema, porque si la Marina estadounidense necesita semanas para organizar convoyes, y esas son exactamente las palabras que han empleado, el mensaje implícito para los mercados es que el bloqueo energético del golfo puede prolongarse mucho más tiempo de lo que muchos imaginaban. En Xataka EEUU ha activado el plan B antes de que Irán tumbe su último radar: desarmar a Corea del Sur frente al nuevo “juguete” nuclear del Norte Convoyes bajo fuego. Para entenderlo debemos imaginar el escenario. La idea de acompañar petroleros con buques de guerra parece, sobre el papel, una solución directa. En la práctica, es una de las misiones más arriesgadas que puede afrontar una armada moderna. Los convoyes necesitarían fragatas y destructores protegiendo a los cargueros mientras unidades especializadas buscan minas y drones en un entorno saturado de amenazas.  Los buques quedarían expuestos a misiles antibuque lanzados desde camiones móviles en la costa iraní, a enjambres de lanchas rápidas explosivas, a drones kamikaze y a posibles minas ocultas en el estrecho. Para eliminar completamente esas amenazas algunos analistas incluso plantean algo que Washington preferiría evitar: una operación terrestre para controlar la costa iraní que domina el paso marítimo. Ese escenario explica por qué los planificadores militares hablan de una situación “muy complicada”: reabrir el estrecho no depende solo de la superioridad naval, sino de neutralizar un ecosistema entero de guerra asimétrica. Barco misilero iraní momentos antes de ser atacado El arma más barata para paralizar el comercio. Y entre todas las amenazas, una destaca por su eficacia: las minas navales. Hablamos de armas simples, baratas y extremadamente disruptivas que pueden convertir un corredor marítimo en una trampa mortal. Incluso unas pocas minas en un punto estrecho bastan para paralizar el tráfico, porque las navieras y sus aseguradoras simplemente se niegan a asumir el riesgo.  Irán posee varios tipos de estos dispositivos, desde minas flotantes hasta modelos anclados al fondo marino capaces de detonar cargas de más de cien kilos de explosivos al contacto. No solo eso. También puede desplegarlas de formas difíciles de detectar: desde pequeñas embarcaciones camufladas como barcos pesqueros o mediante buzos que las adhieren al casco de los buques. La historia, de hecho, ya ha demostrado su poder, porque las minas han dañado más barcos estadounidenses que cualquier otra arma naval desde la Segunda Guerra Mundial. De ahí que su verdadero efecto no sea hundir barcos, sino sembrar el miedo suficiente para bloquear el tráfico.  Mapa con la ubicación estratégica del estrecho de Ormuz El bloqueo invisible. La paradoja de este tipo de guerra es que no hace falta minar todo el estrecho para cerrarlo. En realidad, basta con la simple sospecha. La razón es sencilla: en un canal tan estrecho, la presencia de unas pocas minas obliga a inspeccionar cada metro de agua con sonar, drones submarinos y barcos especializados. Un proceso lento y peligroso, especialmente si el enemigo sigue colocando nuevas minas o atacando a las unidades de desminado.  Plus: la experiencia reciente en el mar Negro ha demostrado que incluso la incertidumbre sobre su presencia puede mantener alejados a los buques comerciales durante meses. Y en el golfo Pérsico ocurre lo mismo: miles de barcos esperan instrucciones mientras el riesgo de minas, misiles o drones convierte cada travesía en una apuesta. El petróleo como rehén geopolítico. Qué duda cabe, todo esto otorga a Irán un poder estratégico de grandes dimensiones. Antes del conflicto, aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial pasaba diariamente por Ormuz. Con ese flujo alterado, los precios energéticos reaccionan de inmediato y los gobiernos liberan reservas estratégicas para contener el impacto.  El estrecho se convierte así en una palanca geopolítica colosal: incluso si la guerra terminara pronto, algo que ahora mismo es una utopía, un régimen iraní aún capaz de lanzar drones, misiles o minas podría seguir amenazando el tráfico marítimo cuando le convenga. Eso significa que el petróleo y el gas pueden quedar rehenes de la estabilidad del golfo durante mucho tiempo, algo que inquieta tanto a los mercados como a los aliados regionales de Washington. En Xataka Creíamos haber visto todo en Ucrania, pero no: las tijeras de los soldados han mutado a algo parecido a un láser No hay salida sencilla. Bajo este escenario, el dilema para Estados Unidos es evidente. Detener la guerra demasiado pronto podría dejar intacta la capacidad iraní de bloquear el estrecho y presionar a los mercados energéticos globales. Continuarla podría exigir una escalada mayor, incluso operaciones terrestres o campañas navales prolongadas para garantizar la seguridad del paso marítimo.  Mientras tanto, el conflicto ya ha demostrado algo realmente inquietante: incluso frente a una potencia militar como la estadounidense, Irán conserva suficientes herramientas para perturbar el sistema energético mundial. Por eso la verdadera señal de alarma no es solo el cierre de Ormuz, sino la constatación de que abrirlo puede ser mucho más difícil (y costoso) de lo que muchos pensaban al inicio de la guerra. Imagen | U.S. NAVY, Oils & Fats international En Xataka | China acaba de encontrar un agujero en el arma más silenciosa de EEUU: un algoritmo ha hackeado sus B-2 en Irán En Xataka | La gran paradoja de la guerra: EEUU ignoró las súplicas de Ucrania frente a Rusia y ahora le necesita en Irán - La noticia La Armada de EEUU ya sabe lo que le va a ocurrir al planeta. La misión para abrir Ormuz es lo más parecido a una operación suicida fue publicada originalmente en Xataka por Miguel Jorge .
La Armada de EEUU ya sabe lo que le va a ocurrir al planeta. La misión para abrir Ormuz es lo más parecido a una operación suicida

La verdadera señal de alarma no es solo el cierre de Ormuz, sino la constatación de que abrirlo puede ser mucho más difícil de lo que muchos pensaban

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Miguel Jorge

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En el mundo existen apenas una docena de pasos marítimos capaces de alterar la economía global si se bloquean. Algunos son tan estrechos que, en ciertos puntos, apenas superan los 30 kilómetros de ancho. Sin embargo, por ellos circulan cada día millones de barriles de petróleo, enormes buques de gas natural licuado y buena parte del comercio energético del planeta. Cuando uno de esos lugares entra en crisis, el impacto no tarda en sentirse en mercados, gobiernos y hogares de medio mundo. 

Y el Estrecho de Ormuz apunta a un escenario sin precedentes.

La misión imposible. Sí, el estrecho de Ormuz se ha convertido en el punto más peligroso del planeta para el comercio mundial de energía. Por ese paso marítimo circulan unos 20 millones de barriles de petróleo diarios (alrededor del 20% del consumo global) además de una quinta parte del gas natural licuado que abastece a numerosos países. El conflicto con Irán ha transformado ese corredor en una zona de guerra donde ataques a petroleros, drones, misiles y sabotajes han paralizado gran parte del tráfico. 

Pero lo más revelador no es solo la violencia de los incidentes, sino la reacción de Washington: incluso la mayor potencia naval del mundo acaba de reconocer que no está preparada para escoltar petroleros por la zona. Ese retraso es una señal clara de la magnitud del problema, porque si la Marina estadounidense necesita semanas para organizar convoyes, y esas son exactamente las palabras que han empleado, el mensaje implícito para los mercados es que el bloqueo energético del golfo puede prolongarse mucho más tiempo de lo que muchos imaginaban.

En XatakaEEUU ha activado el plan B antes de que Irán tumbe su último radar: desarmar a Corea del Sur frente al nuevo “juguete” nuclear del Norte

Convoyes bajo fuego. Para entenderlo debemos imaginar el escenario. La idea de acompañar petroleros con buques de guerra parece, sobre el papel, una solución directa. En la práctica, es una de las misiones más arriesgadas que puede afrontar una armada moderna. Los convoyes necesitarían fragatas y destructores protegiendo a los cargueros mientras unidades especializadas buscan minas y drones en un entorno saturado de amenazas. 

Los buques quedarían expuestos a misiles antibuque lanzados desde camiones móviles en la costa iraní, a enjambres de lanchas rápidas explosivas, a drones kamikaze y a posibles minas ocultas en el estrecho. Para eliminar completamente esas amenazas algunos analistas incluso plantean algo que Washington preferiría evitar: una operación terrestre para controlar la costa iraní que domina el paso marítimo. Ese escenario explica por qué los planificadores militares hablan de una situación “muy complicada”: reabrir el estrecho no depende solo de la superioridad naval, sino de neutralizar un ecosistema entero de guerra asimétrica.

Barco misilero iraní momentos antes de ser atacado

El arma más barata para paralizar el comercio. Y entre todas las amenazas, una destaca por su eficacia: las minas navales. Hablamos de armas simples, baratas y extremadamente disruptivas que pueden convertir un corredor marítimo en una trampa mortal. Incluso unas pocas minas en un punto estrecho bastan para paralizar el tráfico, porque las navieras y sus aseguradoras simplemente se niegan a asumir el riesgo. 

Irán posee varios tipos de estos dispositivos, desde minas flotantes hasta modelos anclados al fondo marino capaces de detonar cargas de más de cien kilos de explosivos al contacto. No solo eso. También puede desplegarlas de formas difíciles de detectar: desde pequeñas embarcaciones camufladas como barcos pesqueros o mediante buzos que las adhieren al casco de los buques. La historia, de hecho, ya ha demostrado su poder, porque las minas han dañado más barcos estadounidenses que cualquier otra arma naval desde la Segunda Guerra Mundial. De ahí que su verdadero efecto no sea hundir barcos, sino sembrar el miedo suficiente para bloquear el tráfico. 

Mapa con la ubicación estratégica del estrecho de Ormuz

El bloqueo invisible. La paradoja de este tipo de guerra es que no hace falta minar todo el estrecho para cerrarlo. En realidad, basta con la simple sospecha. La razón es sencilla: en un canal tan estrecho, la presencia de unas pocas minas obliga a inspeccionar cada metro de agua con sonar, drones submarinos y barcos especializados. Un proceso lento y peligroso, especialmente si el enemigo sigue colocando nuevas minas o atacando a las unidades de desminado. 

Plus: la experiencia reciente en el mar Negro ha demostrado que incluso la incertidumbre sobre su presencia puede mantener alejados a los buques comerciales durante meses. Y en el golfo Pérsico ocurre lo mismo: miles de barcos esperan instrucciones mientras el riesgo de minas, misiles o drones convierte cada travesía en una apuesta.

El petróleo como rehén geopolítico. Qué duda cabe, todo esto otorga a Irán un poder estratégico de grandes dimensiones. Antes del conflicto, aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial pasaba diariamente por Ormuz. Con ese flujo alterado, los precios energéticos reaccionan de inmediato y los gobiernos liberan reservas estratégicas para contener el impacto. 

El estrecho se convierte así en una palanca geopolítica colosal: incluso si la guerra terminara pronto, algo que ahora mismo es una utopía, un régimen iraní aún capaz de lanzar drones, misiles o minas podría seguir amenazando el tráfico marítimo cuando le convenga. Eso significa que el petróleo y el gas pueden quedar rehenes de la estabilidad del golfo durante mucho tiempo, algo que inquieta tanto a los mercados como a los aliados regionales de Washington.

En XatakaCreíamos haber visto todo en Ucrania, pero no: las tijeras de los soldados han mutado a algo parecido a un láser

No hay salida sencilla. Bajo este escenario, el dilema para Estados Unidos es evidente. Detener la guerra demasiado pronto podría dejar intacta la capacidad iraní de bloquear el estrecho y presionar a los mercados energéticos globales. Continuarla podría exigir una escalada mayor, incluso operaciones terrestres o campañas navales prolongadas para garantizar la seguridad del paso marítimo. 

Mientras tanto, el conflicto ya ha demostrado algo realmente inquietante: incluso frente a una potencia militar como la estadounidense, Irán conserva suficientes herramientas para perturbar el sistema energético mundial. Por eso la verdadera señal de alarma no es solo el cierre de Ormuz, sino la constatación de que abrirlo puede ser mucho más difícil (y costoso) de lo que muchos pensaban al inicio de la guerra.

Imagen | U.S. NAVY, Oils & Fats international

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En Xataka | La gran paradoja de la guerra: EEUU ignoró las súplicas de Ucrania frente a Rusia y ahora le necesita en Irán

Fuente original: Leer en Xataka
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