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- Unicaja promete otro año récord pese a las incertidumbres del mercado
- Santander y BBVA logran beneficios récord en su banca de inversión
Los responsables de las entidades en sus comparecencias públicas indican que los beneficios que obtendrán seguirán la senda, algo más matizada, de crecimiento de los últimos ejercicios.
La máxima responsable del FMI ha puesto sobre la mesa un hecho indiscutible: nada será como era antes de que Estados Unidos e Israel decidieran atacar Irán una vez que termine, sea como sea, la guerra desatada. Al menos, desde la óptica económica, será peor, dados los daños causados a las instalaciones de explotación de los pozos de petróleo y gas y de las instalaciones para su transformación.
Sin embargo, los resultados de los bancos españoles, que empezarán a dar a conocer en las próximas semanas cómo les ha ido en el primer trimestre del año, no van a verse afectados sino que, por el contrario, anunciarán crecimientos razonables de sus beneficios.
Es cierto que el estallido de la guerra tuvo lugar a finales de febrero y que, por lo tanto, sus consecuencias no pueden dejarse notar en las cuentas de este trimestre sino que, de tener lugar, lo harán a partir de ahora y, puede que con mayor intensidad a lo largo del segundo semestre del año. Pero el temor a que ello ocurra debería incitar a la prudencia a los responsables de las entidades y, consecuentemente, a adoptar medidas preventivas por si tuviera lugar.
Impulso de la economía
El año se prometía bastante bueno para los bancos y de hecho las entidades, cuyo negocio principal se centra en España (CaixaBank, Unicaja o Bankinter, por ejemplo), no habían dudado en anunciar mejoras en los objetivos definidos en sus planes estratégicos plurianuales a la luz de lo que había pasado en 2025 y lo que se preveía entonces para 2026.
También Santander y BBVA, cuyo negocio en terceros países pesa más que el generado en España, señalaban que no había nubes en el horizonte que perturbaran la marcha de la actividad.
El crecimiento diferencial de la economía española, el aumento del empleo (cuyas últimas cifras muestran una estabilidad respecto a un año antes), el bajo endeudamiento comparativo de empresas y familias, la contención de los costes y lo que se presumía estabilidad de los tipos de interés, permitían afirmar que el ejercicio no iba a presentar problemas para los bancos, empeñados todos ellos en aumentar el negocio, mejorar la eficiencia y seguir aumentando la cantidad destinada a retribuir a los accionistas.
La guerra en Oriente Próximo ha provocado distorsiones macroeconómicas relevantes. La inflación ha girado al alza de forma rápida por el encarecimiento del petróleo y de algunas otras materias esenciales y las dificultades para el comercio internacional.
Los responsables de los organismos internacionales (OCDE, UE, BCE, FMI...) han señalado que en la actualidad no se puede hablar de previsiones sino que solo cabe dibujar distintos escenarios que llevan a conclusiones diferentes según la gravedad que se les atribuya.
En todo caso, lo que está claro es que la economía mundial puede crecer menos de lo esperado y que ello repercutirá en todos los países de una manera u otra. En España afectará en menor medida por varias razones: la importante, por la menor dependencia energética de esa zona, tanto por los contratos existentes, como por el mayor peso de las renovables en el mix eléctrico. Además, el sector turístico sigue teniendo un peso relevante en el conjunto de la economía y la construcción parece que va ganando tracción, al tiempo que el consumo sigue siendo potente.
Parece seguro que el PIB crecerá menos de lo esperado, pero las últimas cifras manejadas por el Banco de España, BBVA o CaixaBank lo mantienen por encima del 2% para este ejercicio.
Cifra destacable entre sus comparables que permite a los responsables de los bancos afirmar que sus nuevos objetivos no corren peligro, salvo que se desencadene una crisis mucho más fuerte que la actual.
Posibles subidas de tipos
Una variable que ha venido a favorecer a la banca en estas circunstancias es, sin duda, el cambio de tendencia de los tipos de interés. Ya no se habla de más bajadas sino, por el contrario, de posibles subidas en la medida en que la inflación se muestre más resistente de lo esperado. Ello, como reconocen en las entidades que presentarán sus resultados la semana próxima, "nos viene bien", porque representa mayores ingresos financieros y adelantar la mejora de los márgenes de intereses que se preveía para la segunda mitad del ejercicio.
Como quiera que el empleo sigue muy fuerte, la previsión es que se creen en torno al medio millón de puestos de trabajo en el año, la necesidad de provisiones por deterioros reales del crédito es reducida, no parece haber necesidad de incrementar las provisiones por impagos más allá de lo que la prudencia, y los modelos macroeconómicos, dictaminen acerca de la situación económica global.
Todo ello indica, y así lo manifiestan los responsables de las entidades en sus comparecencias públicas, que los beneficios que obtendrán seguirán la senda, algo más matizada, de crecimiento de los últimos ejercicios.
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