«De regreso de Irán pararemos en la isla», advierte Trump, pero lo más probable es que se encuentre una crisis sanitaria sin precedentes, según alerta la ONU
Regala esta noticia Añádenos en Google La basura inunda las calles de Cuba. (Luis Ángel Gómez) 06/06/2026 a las 22:30h.Cuando azota el calor, las calles hieden. Cuando llueve, la basura flota y se extiende sin control. A veces se arremolina junto a un portal ... y luego los inquilinos la tienen que apartar a escobazos. Los cartones, plásticos y alimentos podridos atraen a molestos enjambres de moscas y mosquitos. Son como bolas negras y zumbonas susceptibles de propagar enfermedades. Pero si los restos se queman, esas montañas desprenden gases tóxicos y malolientes y las llamas quemas vallas, fachadas, postes y árboles. La basura en Cuba no se destruye, solo se transforma una y otra vez en una gigantesca catástrofe.
Naciones Unidas afirma que el país está al borde de una declaración oficial de «catástrofe humanitaria» y «sanitaria» y no podrá responder desde un sistema médico colapsado. Gracias a los apagones hay 100.000 enfermos en lista de espera para una operación y en las farmacias faltan siete de cada diez medicamentos. El primer ministro, Manuel Marrero, ha urgido a los ciudadanos a recoger la basura, pero el llamamiento tiene escaso efecto. «Bastante tenemos con movernos en la oscuridad y buscar carbón y comida. Además, ¿para qué? No hay lugares donde llevar la basura, como no sea a la calle de al lado. Así que la gente prefiere quemarla cuando molesta», explica Paulino junto al distrito comercial de El Vedado.
Temor a enfermedades
Al humor lo reemplaza la fatiga y el temor al dengue, el chinkunguña y otras enfermedades transmitidas por mosquitos. Son cada vez más comunes, igual que la hepatitis; un fenómeno «inusual» según las autoridades, que se extiende por San Luis, Pinar de Río, Matanzas y La Habana. Esta ciudad alberga dos de los nueve millones de habitantes de la isla y generan 30.000 metros cúbicos de desechos diarios. Se recogen solo la mitad: 17.000. La falta de camiones por averías o el embargo estadounidense del combustible han creado un inmenso vertedero callejero. Algunas aerolíneas se van no por las sanciones, sino por la ausencia de turistas.
La fuga de empresas alimenta un paisaje desolado. Los operarios desmontan las letras de la fachada del hotel Grand Aston. Además de cadenas españolas como Iberostar y Meliá, la canadiense Blue Diamond y la indonesia Archipelago han cerrado sus negocios. Navieras de Francia y Alemania ya no aceptan pedidos y ayer dejaron de funcionar determinadas operaciones con tarjetas Visa y Mastercard. La canadiense Sherritt es otra de las que ha hecho las maletas dejando solo activo un tercio de la producción de níquel cubano.
Economistas e historiadores como Juan Antonio Blanco, de Cuba Siglo 21, sostienen que las condiciones de vida son ahora «incluso peores» que en la gran crisis de 2021. Las caceroladas han aumentado, empujadas por la necesidad y un sentimiento inédito de que, esta vez sí, la atención internacional se centra en la población.
Trump quiere hacer negocios en el «bonito territorio» caribeño. Este fin de semana ha certificado sus intenciones de tomar las riendas de su estrategia en cuanto «nos ocupemos de Irán. De regreso, haremos una pequeña parada en Cuba».
Raúl Castro con Miguel Díaz-Canel. (Efe)«Raúl Castro es este país y a este país no se le toca», dice Díaz-Canel
Raúl Castro reapareció el viernes en La Habana por primera vez desde que la Justicia estadounidense lo encausara penalmente de cuatro homicidios el pasado mes de mayo. El expresidente ha sido acusado en relación al derribo de dos avionetas humanitarias de Hermanos al Rescate en 1996, que causó la muerte de sus cuatro tripulantes.
El hermano de Fidel Castro estuvo en primera línea de un acto gubernamental que festejaba su 95 cumpleaños y el 65 aniversario de la creación del Ministerio de Interior. Acudió vestido con el uniforme militar, rodeado de la cúpula del ejército, el Ejecutivo y destacados líderes del Partido Comunista. No habló, pero en su lugar el ministro responsable de las fuerzas armadas leyó un mensaje suyo, en el que llamó a trabajar con «orden, control y responsabilidad» en este «momento histórico actual». El expresidente exhortó además a «continuar defendiendo con honor y compromiso la obra de la Revolución».
Por su parte, el actual mandatario, Miguel Díaz-Canel, afirmó que la recepción tenía un «alto valor simbólico». De hecho, medios críticos con el régimen sostienen que su tono y los discursos parecían dirigidos plenamente a consolidar la cohesión interna, garantizar la lealtad de las fuerzas de seguridad y proteger a Castro de las acciones estadounidenses. Díaz-Canel enfatizó que «Raúl es Cuba y a Cuba no se la toca».
El presidente, que esta semana ha sido objeto de sanciones por parte de Washington, al igual que su círculo cercano y algunos familiares de su predecesor, subrayó que su Ejecutivo sigue «apostando por un clima de entendimiento con EE UU». Sin embargo, añadió que responderá en «legítima defensa» en caso de ataque: «Habrá combate decidido y firme».
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