La reserva natural de Kikepera. Egon Ligi Estonia
Historias La batalla judicial de unos campesinos estonios que pone en jaque los programas de restauración natural en EuropaEn Kikepera, turberas sobreexplotadas se convirtieron en bosque; ahora quieren inundar la zona para recuperar un ecosistema que tardará cientos de años en revivir.
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Raquel Nogueira Estonia Publicada 27 febrero 2026 07:30hLlegar a la reserva natural de Kikepera, en el condado de Pärnu, al suroeste de Estonia, es como adentrarse en un cuento de hadas. Carreteras infinitas, cubiertas de nieve, una ventisca helada que congela la respiración, árboles que llegan más allá de lo que la mirada abarca.
Sin embargo, cuando uno se pierde en las profundidades de este bosque, no encuentra seres mágicos, sino un largo litigio que ha puesto a los campesinos de la zona en pie de guerra.
Y es que un tribunal ha paralizado las obras de restauración de humedales en esta reserva natural que ahora es bosque, pero ocho décadas atrás estaba cubierta por turberas que se sobreexplotaron y degradaron.
Equilibrar la restauración de la naturaleza o el uso del suelo: claves para el crecimiento sostenible de la Unión EuropeaEste caso, que ENCLAVE ODS ha podido conocer de primera mano, expone las tensiones entre los objetivos europeos de restauración de la naturaleza y los derechos de las comunidades locales. O, al menos, en cómo estos primeros se ejecutan, sin tener en ocasiones en cuenta las realidades y casuísticas de cada lugar.
Esta disputa judicial, que arrancó a finales de 2025, podría sentar un precedente para la aplicación del Reglamento de Restauración de la Naturaleza de la UE en todo el continente.
El consenso perdido
A finales de noviembre de 2025, la Agencia de Medio Ambiente de Estonia inició trabajos de rehumidificación en unas 3.100 hectáreas de la reserva de Kikepera, en el municipio de Saarde.
El objetivo era restaurar el régimen hídrico natural de una zona drenada hace unos 80 años y que, tras la plantación de bosque, fue declarada área protegida estatal en 2017.
Los trabajos, que implicaban el cierre de 146 kilómetros de zanjas de drenaje y la construcción de presas, estarían financiados con 600.000 euros del proyecto europeo WaterLANDS, un programa Horizon 2020 dotado con 23 millones de euros.
Uno de los demandantes en el caso de Kikepera. Egon Ligi Estonia
Un propietario forestal local presentó una demanda con el apoyo del abogado Allar Jõks, con quien ha hablado este vertical. Su mayor miedo es que este proyecto inunde sus zonas de cultivoe, incluso, su propia granja.
El tribunal concedió protección cautelar y las obras fueron suspendidas. El demandante alegó que no se le había consultado, que no existía una evaluación de impacto sobre especies protegidas, como el pico negro o el mochuelo boreal, y que la alteración del nivel freático depreciaría su propiedad.
El municipio de Saarde acudió al Defensor del Pueblo de Estonia, cuyo veredicto fue contundente: no existía un documento que evaluara de forma integral los efectos de esta rehumidificación ni un responsable designado en caso de daños.
En las zonas del bosque de Kikepera que se han empezado a inundar ya se observan árboles muertos. Egon Ligi Estonia
"Nos sorprendió descubrir que no existe un acto administrativo completo que regule el proceso", declara Evelin Lopman, Defensora del Pueblo, a la cadena pública ERR.
La ministra de Justicia, Liisa-Ly Pakosta, señala por su parte que no existe un marco legal adecuado para este tipo de proyectos en el país. Algo que dificulta sobremanera su desarrollo.
La ciencia duda
Annela Anger-Kraavi, investigadora de la Universidad de Cambridge especializada en economía del cambio climático y profesora visitante en la Universidad de Tartu, es una de las voces más críticas con este proyecto.
En un artículo publicado en ERR y en conversaciones con ENCLAVE ODS, plantea objeciones científicas y de procedimiento. Desde el punto de vista climático, advierte de que la rehumidificación de turberas forestales puede aumentar las emisiones de gases de efecto invernadero.
Annela Anger-Kraavi, investigadora de la Universidad de Cambridge, en Kikepera, explicando la situación. Egon Ligi Estonia
La lógica es simple: los árboles mueren, cesa la captura de CO₂ y comienza la descomposición de materia orgánica con liberación de metano. "La literatura científica muestra que alcanzar un nuevo equilibrio puede llevar de décadas a siglos", señala.
Anger-Kraavi también cuestiona el uso de fondos de investigación para ejecutar obras a gran escala. "WaterLANDS es un proyecto científico, no un fondo para implementar medidas de protección a gran escala", escribe.
La lógica científica, dice, exigiría ensayos a pequeña escala antes de intervenir en 35 kilómetros cuadrados —una superficie comparable a la de la ciudad estonia de Tartu—.
Tal y como asegura la científica, la directora del centro BC3 en el País Vasco, María José Sanz, le confirmó que el cambio climático hace inviable una reversión completa al estado original de estos ecosistemas.
El caso estonio, sin duda, plantea una pregunta incómoda para Bruselas: cómo ejecutar programas de restauración a gran escala cuando no existen marcos legales nacionales claros, las comunidades locales se sienten excluidas y la propia ciencia aconseja cautela.